Esto no es una afirmación reduccionista, es simplemente lo que hay, aunque asuste por el nivel de simpleza: escribir letras de rap puede condenarte a la muerte si eres negro. Es lo que le ha pasado a James Broadnax, un ciudadano negro estadounidense que fue ejecutado por pena de muerte el pasado 30 de abril al robar y asesinar, junto a su primo Demarius Cummings, a dos personas en Dallas en 2008, Stephen Swan y Matthew Butler.
Este horrible y repulsivo asesinato no debe ser óbice para esconder las irregularidades raciales, procesales y legales del juicio y todo el subtexto: en primer lugar el fiscal excluyó a personas negras del juicio, tanto fue así, que el mismo jurado tuvo que retractarse e incluir representación de jurado negro para que no fuese inconstitucional; en segundo lugar, el primo de Broadnax reconoció que había sido él el autor material del asesinato, y que había delegado la responsabilidad en su primo porque tenía menos antecedentes penales. Broadnax solo tenía un cargo menor por posesión de marihuana y además su ADN no se encontraba en la empuñadura del arma, sí el de Cummings, pero el jurado declinó esta confesión; en tercer lugar, y aquí viene lo importante, en Texas, para imponer a alguien la pena de muerte tiene que argumentarse su “peligrosidad futura”. ¿Qué hicieron los fiscales para demostrar ante el juez que Broadnax lo merecía? Dinamitaron por los aires la libre expresión al presentar como pruebas de “peligrosidad” más de 40 páginas de letras de rap escritas por él donde hablaba sobre violencia y otros comportamientos. Adivinen qué pasó con aquellas letras donde hablaba de amor o perdón: no se tuvieron en cuenta.
Así, el jurado determinó y midió que una persona es peligrosa y merece ser ejecutada en base a lo que escribe. Escribir sobre rap, una vez más, es presentado y, más grave aún, admitido como prueba delictiva. Una locura por la que planea el prejuicio creativo de que el rap es un arte menor, que no puede contener ficción y que debe ser tomado netamente autobiográfico, al pie de la letra, mientras otras disciplinas como el cine (mayoritariamente blanca) puede contener escenas explícitas de sangre, bombardeos, descuartizamientos, y a nadie se le ocurre que haya que juzgar a los cineastas. ¿Por qué en el cine puede haber ficción y en el rap no? ¿Por qué en el pop puede haber ficción y en rap no? ¿Consideran que los raperos tienen menos hondura para crear ficción? ¿Hay un componente racista y/o de revanchismo porque ha sido un género tradicionalmente crítico con la brutalidad policial, la ley y el sistema?
Raperos de pedigrí como Travis Scott, Fat Joe o Killer Mike presentaron alegaciones a la Corte Suprema para parar la ejecución de Broadnax, sin éxito, y alarmaron de la creciente subida de casos de esta índole. En el mediático juicio a Young Thug y Gunna entre 2022 y 2024, los fiscales también presentaron sus letras como pruebas delictivas con la intención de agravar sus penas. En el año 2019 se publicó el libro Rap On Trial: Race, Lyrics, and Guilt in America, de Erik Nielson y Andrea L. Dennis, (El rap a juicio: raza, letras y culpabilidad en América) y las conclusiones fueron escalofriantes: desde 1980 hasta ahora ha habido más de 800 casos donde se han usado las letras de rap como supuestas pruebas delictivas que ha afectado en su mayoría a personas negras y latinas, incluyendo más de 30 casos de condena a muerte.
Y, atención a esto: la periodista del New York Times Jaeah Lee buscó y analizó ejemplos del uso de letras no relacionadas con el rap en juicios desde el 1950 en adelante y encontró tan solo cuatro casos que, sorpresa, fueron finalmente anulados. Ninguna otra forma de ficción, musical o de otro tipo, es objeto de este tipo de ataques en el sistema de justicia penal. En las últimas tres décadas, a medida que el rap ganaba popularidad, los fiscales vieron una oportunidad: podían presentar las letras, a veces violentas y cargadas de connotaciones delictivas, de raperos aficionados como confesiones de crímenes, amenazas de violencia, pruebas de pertenencia a pandillas o revelaciones de motivos criminales; y los jueces y jurados lo aceptaban. Los detectives han reabierto casos sin resolver basándose únicamente en letras y vídeos de rap, y los fiscales han conseguido condenas presentando dichas letras y vídeos de raperos como autobiografía”, explica la sinopsis de Rap On Trial.
Más de veinte proyectos de ley han florecido en los últimos años en Estados Unidos para limitar algo de cajón: el uso de letras como pruebas delictivas. En Maryland se aprobó hace unas semanas la PACE (Ley de Protección de la Expresión Creativa de los Artistas), y en julio de 2025 se reintrodujo en el Congreso para su debate la RAP Act (Ley de Restauración de la Protección Artística). El arte, en cualquier forma, es una canalización íntima de la belleza, pero también de lo horrendo; de lo pomposo, y de la miseria humana; de lo legal, y de lo incómodo; pero siempre tiene que juzgarse en ese terreno de juego, en el arte por el arte. A un pez no se le juzga por su capacidad de respirar fuera del agua, es antinatural. A una persona no se le juzga por lo escribe y expresa en las aguas íntimas e infinitas de expresión artística, es ilógico y, más importante, peligroso e injusto.