Hay países donde una libreta puede ser una prueba de vida. Y hay otros donde una libreta puede convertirse en una prueba de muerte. En Texas, James Garfield Broadnax está a dos días de comprobar hasta qué punto una canción escrita en los márgenes de la desesperación puede pesar tanto como una bala. El Estado tiene fijada su ejecución por inyección letal para el 30 de abril de 2026 en Huntsville, según el calendario oficial del Departamento de Justicia Penal de Texas. Broadnax tiene 37 años, es negro, fue condenado en Dallas por los asesinatos de Stephen Swan, de 26 años, y Matthew Butler, de 28, y lleva más de media vida esperando en el corredor de la muerte.

El caso vuelve ahora a la primera línea no porque haya desaparecido el horror del crimen, sino porque el relato judicial que llevó a Broadnax a la pena capital se agrieta por sus costuras más incómodas. Raza, clase, arte, prejuicio y pena de muerte. La Corte Suprema de Estados Unidos ha rechazado dos recursos de su defensa. Uno cuestionaba el uso de sus letras de rap en la fase de sentencia. El otro denunciaba que la Fiscalía excluyó a candidatos negros del jurado hasta dejar un panel casi completamente blanco.

La noche del crimen, Broadnax y su primo Demarius Cummings tenían 19 años. Según los registros del caso, ambos salieron a robar y terminaron llevándose dos dólares y un Ford Crown Victoria. Swan, de 26 años, y Butler, de 28, fueron asesinados fuera de un estudio de música en Garland, al norte de Texas. Broadnax fue juzgado como autor material de los disparos y recibió la pena de muerte. Cummings fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.

La historia oficial pareció cerrada durante años. Hasta que Cummings habló. En una declaración reciente, asumió la responsabilidad de los disparos y sostuvo que convenció a Broadnax para que cargara con la culpa porque su primo tenía menos antecedentes penales. También afirmó que ambos habían consumido PCP y marihuana. La Corte de Apelaciones Criminales de Texas rechazó reabrir el caso por esa confesión, al considerar que no cumplía los filtros procesales exigidos para revisar causas ya examinadas.

Ese es uno de los grandes escándalos morales del caso. La Justicia puede admitir que hay una confesión nueva y, al mismo tiempo, no detenerse a escucharla de fondo. En el lenguaje frío de los tribunales, los plazos son muros. En el lenguaje de la vida, pueden ser la diferencia entre revisar una sentencia y ejecutar a un hombre.

La otra gran grieta está en las letras. Durante la fase de sentencia, la Fiscalía introdujo más de 40 páginas de versos manuscritos por Broadnax para presentarlo como alguien inherentemente peligroso. El Estado usó esas letras como prueba de “peligrosidad futura”, un requisito clave en Texas para imponer la pena capital. El jurado pidió verlas durante sus deliberaciones en dos ocasiones.

La pregunta no es si aquellas letras eran duras, violentas o incómodas. Muchas lo eran. La pregunta es por qué el rap se lee en los juzgados estadounidenses con una literalidad que rara vez se aplica a otros géneros. Nadie sienta a juicio a un novelista por imaginar un crimen, pero a un joven negro que escribe rap se le puede convertir la metáfora en confesión, el personaje en diagnóstico y el cuaderno en arma.

 Travis Scott, Killer Mike, T.I., Young Thug y Fat Joe figuran entre los artistas que han apoyado escritos en defensa de Broadnax. No piden que las canciones sean un salvoconducto para cometer delitos. Piden que la ficción no se convierta automáticamente en prueba cuando quien la escribe es negro, pobre y rapea.

Las familias de Swan y Butler, por su parte, han pedido que la ejecución siga adelante. Ese dolor no puede ser tratado como un pie de página. Dos hombres fueron asesinados. Dos familias llevan 18 años viviendo con una ausencia imposible de reparar. Precisamente por eso, el Estado debería estar obligado a algo más que a cerrar el expediente. Debería estar obligado a no convertir el castigo en una representación de prejuicios.

Broadnax no fue condenado a muerte solo por escribir rap. Fue condenado por un doble asesinato. Pero sus abogados sostienen que esas letras ayudaron a inclinar la balanza entre la cadena perpetua y la ejecución. James Broadnax puede morir esta semana. Si ocurre, Texas no solo habrá ejecutado a un condenado por asesinato. También habrá dejado una advertencia escrita en tinta judicial. Cuidado con lo que escribes si tu arte no tiene el color, el acento o la clase social que los tribunales reconocen como literatura.

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