Estos últimos días una de cada dos publicaciones en redes que he visto habla de “la caída de los influencers”. A mí me suena épico, a título de peli de ficción o de bestseller. Lo más curioso es que son influencers los que hablan del tema dando la razón a la gente que dice estar harta de algunos perfiles, y haciéndolo intentan dejar claro que ellos no son como los que sí merecen los unfollows.
Los influencers no van a caer, pero creo que es una buena noticia que se hable sobre esto. La actualidad de los acontecimientos mayúsculos como la situación en Ceuta, los incendios o el ático de Ayuso no nos deja tiempo para poner la lupa en algo en apariencia mucho más pequeño pero que está cambiándolo todo: lo que vemos en nuestros teléfonos móviles. No soy sociólogo y seguro que hay reflexiones mucho más interesantes y documentadas que la mía sobre la materia, pero como usuario me preocupa mucho ver lo poco preocupados que parecemos estar con lo que consumimos en las redes sociales.
Millones de personas de todas las edades -estaría bien que dejáramos ya de ver esto como algo de jóvenes porque no lo es- intentan encontrar la fórmula que les haga virales para poder vivir del contenido que generan ¿Problema? El fin último en la mayoría de los casos no es aportar algo con lo que cuentan sino conseguir seguidores e interacciones. El contenido es solo el cebo que esconde el anzuelo y el resto de usuarios somos los peces que nadamos despreocupados viendo cuál es más brillante y llamativo para abrir la boca y tragárnoslo.
Cuando era joven uno de mis ídolos era el rapero estadounidense KRS ONE, él dijo en uno de sus temas que si amas al hip hop debías procurar no vivir exclusivamente de él, porque siendo así existe la posibilidad de que acabes faltándole al respeto cuando veas que la comida escasea porque lo primero es llenar el estómago. Algo parecido intuyo que le ocurre a este privilegiado grupo de personas que se paga sus facturas con las visitas a sus perfiles. Muchos de ellos están dispuestos a lo que sea para poder mantener su ritmo de publicaciones y con él el de vida. Se está hablando de que han perdido el contacto con la realidad que viven sus seguidores, que han dejado de parecer personas próximas para mostrarse como inalcanzables, que están endiosados, que se han hecho ricos sin aportar ningún valor a la sociedad, que no muestran preocupación por los problemas que nos afectan a todos y un montón de cosas más. Quizá la cosa vaya por ahí también.
Según yo lo veo el tema es bastante más profundo que el enfado puntual que algunos usuarios de redes puedan tener con los personajes a los que han seguido y apoyado durante años. Según yo lo veo el tema realmente preocupante es que toda esa gente se siente decepcionada porque en algún momento pensó que sus influencers de cabecera eran personas con algo que les hacía especiales y dignos de ser encumbrados porque jugaban bien al fortnite o porque te explicaban cuál era el mejor truco para saber si tu pareja te miente… Seguir a alguien ahora parece algo banal que a penas cuesta un leve toquecito en la pantalla, pero lo mismo deberíamos ser un poco más selectivos y no permitir que nos influya alguien que no se lo haya ganado.
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