Veo a Ana Belén cantándole a Maricarmen La puerta de Alcalá y citándole a Alberti y no puedo sentir otra cosa más que pereza. Veo a Carlos Bardem subido a un coche, abrazado a Juan Diego Botto y declamando a Lorca y no puedo pensar 'qué pinta este aquí'. Solo me falta Víctor Manuel con una guitarra y Sabina, mano en la ceja, diciendo 'No a la Guerra'.
Los mismos putos pesados de siempre, sí, pero empiezo a sospechar que vamos a echar muchísimo de menos a esos putos pesados cuando no estén. Porque detrás de una estética que puede parecernos antigua y una absolutamente desconexión con la juventud actual, esta gente elige siempre el lado correcto en los conflictos sociales. Han dado la turra con Palestina, los desahucios, las guerras, los derechos laborales o los refugiados, pero han estado ahí durante décadas. Siempre bien posicionados. Y precisamente por eso me preocupa no encontrar un relevo generacional evidente.
Sería absurdo afirmar que los artistas jóvenes no tienen inquietudes políticas, porque basta acercarse a movimientos sociales, sindicatos de vivienda u organizaciones feministas para comprobar lo contrario. Lo que me cuesta encontrar es el equivalente de ese artista pesado que lleva veinte años apareciendo en manifestaciones, firmando manifiestos y aceptando que una parte del público le mande a “dedicarse a cantar”.
Quizás una parte de esa ausencia tenga que ver, paradójicamente, con que las generaciones más jóvenes han recibido demasiada turra. Han crecido sometidas a una exposición política permanente por parte de los adultos. En cada guerra, cada injusticia, cada declaración y cada acontecimiento internacional, había inmediatamente una exigencia de posicionamiento. De hecho, resulta comprensible que quien lleva desde adolescente escuchando a desconocidos decirle qué debe pensar termine opinando lo contrario. Qué coñazo le habrán dado Luis García Montero y Almudena Grandes a su hija para que ésta acabara siendo joseantoniana.
Sin embargo, no sé. Al final siento admiración por ellos y sé perfectamente que les voy a echar de menos. Qué sigan dando la turra porque quién coño la va a dar cuando ya no estén.
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