Coctelera

Cristina Sánchez López entra en la RAE, donde solo 12 de sus 42 sillones son ocupados por mujeres

La filóloga reivindica el valor de la gramática y su enseñanza en una institución que, más de tres siglos después de su fundación, todavía arrastra una histórica desigualdad de género

Cristina Sánchez López ingresa en la Real Academia Española. EP.
Cristina Sánchez López ingresa en la Real Academia Española. EP.

La Real Academia Española lleva más de tres siglos estudiando las palabras, pero hay una que todavía parece costarle poner en práctica. Igualdad. La institución que vela por el buen uso de nuestra lengua acaba de incorporar a una nueva mujer a sus filas, Cristina Sánchez López, y su llegada deja una fotografía difícil de ignorar. De los 42 sillones académicos, solo 12 están ocupados por mujeres. El resto, 30, pertenece a hombres.

La filóloga madrileña ingresó este domingo 18 de octubre en la RAE para ocupar la silla "P", vacante desde la muerte del especialista en literatura Francisco Rico en abril de 2024. Lo hizo con un discurso que convirtió la gramática, una disciplina que muchos recuerdan como una pesadilla escolar, en una aventura de exploración.

Su incorporación no es únicamente un nuevo nombramiento. También invita a mirar hacia atrás y preguntarse por qué una institución fundada en 1713 necesitó esperar hasta 1979 para recibir a su primera académica de número.

Una nueva académica que reivindica la gramática como una aventura

Cristina Sánchez López, nacida en Madrid en 1966, es catedrática de Lengua Española en la Universidad Complutense y especialista en sintaxis y variación gramatical. Su trayectoria incluye estancias de investigación en universidades internacionales como Harvard y Ca’ Foscari, en Venecia.

Fue elegida por el pleno de la RAE el 27 de marzo de 2025, a propuesta de Ignacio Bosque, Miguel Sáenz y Paloma Díaz-Mas. Este domingo tomó posesión oficialmente en un acto presidido por el director de la institución, Santiago Muñoz Machado.

Su discurso, titulado Las cartografías del idioma. Viaje a ventura por la gramática del español, defendió que estudiar la lengua es también una forma de comprender cómo pensamos.

Para explicarlo, recurrió a una imagen poco habitual en una disciplina que suele asociarse con normas y excepciones. Comparó a los lingüistas con exploradores que dibujan mapas de territorios desconocidos. Solo que, en este caso, el territorio está dentro de nosotros.

Las gramáticas son mapas que dibujan el mundo interior que nos habita.

También defendió la importancia de enseñar gramática a los jóvenes, convencida de que conocer el funcionamiento del idioma permite desarrollar herramientas para comprenderlo mejor.

Doce mujeres frente a treinta hombres

Más allá del contenido académico, el ingreso de Sánchez López vuelve a colocar sobre la mesa una cuestión que acompaña desde hace décadas a la RAE. La presencia femenina sigue siendo claramente minoritaria.

Con su incorporación, las mujeres representan aproximadamente el 28,6 % de los 42 académicos de número actuales. Es decir, ni siquiera llegan a tres de cada diez integrantes.

Y es que el problema no ha sido precisamente la falta de mujeres capaces de aportar conocimiento a la lengua y la literatura españolas. Durante buena parte de su historia, la Academia dejó fuera a escritoras e intelectuales que hoy forman parte indiscutible de nuestro patrimonio cultural.

En 1979, Carmen Conde se convirtió en la primera mujer que tomó posesión como académica de número de la RAE. Habían transcurrido 266 años desde la fundación de la institución.

Antes de ella, otras escritoras habían visto frustradas sus aspiraciones. Emilia Pardo Bazán, una de las grandes figuras de la literatura española, nunca consiguió ingresar en la Academia, pese a su extraordinaria producción intelectual y a su defensa de los derechos de las mujeres.

También Gertrudis Gómez de Avellaneda encontró cerradas las puertas de una institución que durante generaciones trató el saber académico como un territorio fundamentalmente masculino.

No significa que ninguna mujer hubiera tenido relación con la RAE antes de Carmen Conde. María Isidra de Guzmán fue admitida como académica honoraria en 1784, pero aquel reconocimiento no equivalía a ocupar una plaza de número.

Sánchez López llega para estudiar las estructuras que sostienen nuestra lengua, no para resolver por sí sola las desigualdades de una institución tricentenaria.

Pero la Academia que estudia un idioma hablado por millones de mujeres todavía tiene menos de un tercio de sus sillones ocupados por ellas.

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