La música me lo ha dado prácticamente todo: me ha dado amigos, novias, dinero, momentos que ya están tatuados en el córtex cerebral, motivación, esperanza, deseo, cobijo… Y el rap es el género que me hace sentir un superhéroe. Siempre he sido un chaval esbelto, sin apenas músculo, donde una corriente de viento más fuerte de lo normal podía elevarme hasta las estrellas, pero cuando escucho rap una coraza de hierro va emergiendo desde los pies hasta mi cabeza haciendo que me sienta blindado. Es un género que te coge del brazo y te inyecta algo que te dopa a nivel perceptivo.
Amo la música y especialmente el rap, mientras escribo esto miro alrededor de mi habitación y veo una montaña diogénica de libros sobre el género, periódicos antiguos, revistas, papeles, cuadernos, vinilos apilados, CD’s o películas, no quiero ni pensar el dinero que me habré gastado pero gustosamente no me importa. Siempre he pensado que la mejor manera de amar la cultura es cuestionándola, como a un buen amigo, exponiendo con respeto tanto lo que nos fascina como lo que creemos que hay que señalar, sin más pretensión que crear un ecosistema mediático sano, crítico, pasional -también, claro- profesional, riguroso y sobre todo PLURAL, donde no se tenga miedo a criticar algo porque el artista de turno no te vaya a conceder una entrevista o su oficina de representación te cierre el grifo del contenido. Dice más eso del artista y su manager que del periodista, recuérdenlo. Algunos tragan, pero, ¿de verdad nos parece normal estar cohibidos? Parece algo sencillo de entender, básico, pero hace tiempo que aprendí que lo que para mí es evidente para otras personas no lo es necesariamente, porque lo que no se nombra no existe.
Vamos a ser serios: no es creíble que cada álbum que sale sea el mejor del año, ni que tenga que ser considerado como la panacea musical de ese momento, ni a que a ciertos opinadores -que casualmente viven de eso- les guste todo lo que sale. La crítica cultural es necesaria, y no hablo solo de discos. Hay gente como Frankie Pizá que lleva dando la buena matraca con esto, convertido ya en un analista cultural de referencia. Convencer a los artistas de que esto a largo plazo es positivo para todos porque la escena se empuja a través del choque -recordarán la discusión a tres bandas entre Yung Beef, Bad Gyal y C Tangana- es misión imposible, pero lo que sí es seguro es que no somos sus enemigos, aunque algunos vean oponentes hasta en el gotelé de las paredes.
Los tiempos donde el crítico podía influir en las ventas de los discos ya terminaron, no perjudicamos en absolutamente nada, así que si un artista se siente atacado por la opinión de un periodista creo que, en el fondo, muy seguro de su trabajo no estará. A los artistas, hoy en día, lo que les interesa es controlar la narrativa en torno a su obra, si todos la alaban y llega uno que, argumentadamente, dice que a lo mejor no es para tanto, se les cae el chiringuito validacional y normalmente le escuece. Es normal. Le han quitado el biberón de la boca. Pero solo practicamos la crítica como un acto de dignidad, como alternativa seria, reposada y argumentada a la dictadura cheerlader, a los creadores-embajadores de los artistas y al cachondeo imperante del contenido vertical e instantáneo donde todos hablan pero nadie dice nada.
Es un acto, en el fondo, de resistencia y amor, porque díganme ustedes si no es amor y respeto hacia al artista pegarse horas delante del ordenador escribiendo una opinión argumentada que, con suerte, la leerán entera cuatro gatos, pudiendo ser mucho más sencillo abrir el Twitter, soltar cualquier parida para llamar la atención y ya está. Cada vez hay más voces con personalidad que no se dejan manipular por la invitación a una listening party, el repost de su artista favorito o un follow en instagram, algo estaremos haciendo bien. Pero sigue habiendo artistas tomando el biberón de la adulación permanente, y cuando se lo quitan lloran, patalean y arman un berrinche descomunal, no saben canalizar su frustración y se ponen a señalar a periodistas, divulgadores y todo lo que les pille. Únicamente les falta llamar a su madre.
Hay artistas de más de 30 años que siguen con el chupete y aún maman de la leche materna. Pero ese, amigos, no es problema nuestro. Por suerte hay artistas nobles, o tampoco nobles, sino “normales” que saben cómo va esto, como Duki, que en un extracto de un stream hizo moderador a un chaval porque le dijo que no le gustaba su canción. “Diste tu opinión con respeto y me parece súper piola”, le respondió. En otra ocasión también expresó lo siguiente: “Te levantas un día y tienes a 500 personas que te dicen a todo que sí y de repente tu mamá te dice que “no” y crees que tu mamá no te quiere, porque todo el mundo dice que la estoy rompiendo y ella no. Entonces crees que, como tienes a 500 personas que te alaban y una que no, tu madre, ya piensas que está equivocada, luego te das cuenta que no es así”.
Tampoco hay que cruzar el charco, yo mismo he hablado con decenas de artistas españoles experimentados y maduros, entre ellos Erik Urano y recientemente con Elio Toffana, que entienden perfectamente la función didáctica y cultural de la crítica para la evolución de la escena. Elio Toffana, sin ir más lejos, en una canción de su álbum Aliens rapeaba que “estáis más muertos que la revista Mondo Sonoro” (medio en el que colaboro) tras recibir una mala crítica con su anterior álbum. Lo entrevisté hace poco para Mondo, echamos un rato muy agradable, le pregunté por ello y su altura de miras fue la que tenía que ser: es el rap game, yo puedo decir algo “malo” en un texto y el artista puede responderme en una canción, no es personal ni tiene más historia. De hecho puede ser hasta divertido. Cada uno desde su flanco. El problema viene cuando el artista se indigna tanto que quiere extrapolar la “batalla” a terrenos personales, señalando por redes al periodista para echarlo a los leones con sus hordas de fans, o contactando muy enfadado con él o el medio donde trabaja, como si fuera a cambiar algo, al revés, lo que se consigue es generar rechazo, pero parecen no darse cuenta. No queremos ni que el artista nos alabe cuando publicamos un texto positivo, ni que nos señalen cuando hacemos lo mismo con un texto más negativo. Nos gustaría, simplemente, que nos dejaran en paz.
Sucede también una paradoja curiosa y es que, esos mismos artistas que se enfadan luego son los primeros en poner a parir a escondidas a discos de otros, pero los suyos eh, ni tocarlos. En un mismo bar o fumándote dos porros con tus colegas en el parque hablas de álbumes que te han gustado y de álbumes que te parecen una basura, ahí sin ser consciente están siendo críticos, es lo más normal del mundo y quien diga que no, que revise su nariz, que le está creciendo. Ha habido críticas muy feroces a lo largo de la historia a artistas gigantes, a auténticos mitos, como cuando a Céline Dion le dijeron que su canción de la banda sonora de Titanic, My Heart Will Go On, era “la segunda peor tragedia provocada por el legendario transatlántico sigue atormentando a la humanidad años más tarde”. La escritora Cintra Wilson en su libro A Massive Swelling la describió como “la mujer más repelente que jamás haya hecho canciones de amor” para luego decir que “mucha gente preferiría que la procesara el aparato digestivo de una anaconda a tener que ser Céline Dion por un día”. Ah, la BBC incluyó la canción en el puesto número 1 de “las más detestables de la historia”. Seguimos, a Lana del Rey, la figura por excelencia que pivotó el pop contemporáneo, le cayeron muchísimos palos, entre los más sonados la reseña de su álbum Born To Die por la crítica neoyorquina Lindsay Zoladz del New York Times, diciendo que el álbum es el equivalente a “un orgasmo fingido”. Hasta a Nas, con su undécimo álbum NASIR, Pitchfork le dijo que “al no poder ya recurrir a su mítico talento narrativo, Nas parece perdido y la producción de Kanye tampoco ayuda”.
Señores, si hasta a Lana del Rey, Céline Dion, Rihanna, Nas, Michael Jackson, The Beatles, Rolling Stone o Madonna le han caído críticas y las han asumido o ignorado…¿qué hace pensar al resto de artistas que ellos no las van a recibir? Eso se llama narcisismo posmoderno. El mismo Yung Beef, que también apoya la crítica y la usa a su favor, ya dijo en 2018 para la edición impresa de Rockdelux que “el problema de España es que todo se hace por colegueo, por enchufe y por amistad. Deberíamos ser más fríos, yo incluido, para que esta escena sea más profesional”. Esclarecedor. El mismo Recycled J, al que critiqué duramente con San Jorge e Hijos de la Ruina Vol. 4, no tuvo rencores, me siguió y cuando el pasado fin de año estaba en estado semicomatoso en la cama por un virus de tres pares de cojones me deseó pronta recuperación. Detalles que normalizan la relación entre artista-periodista. Repito, no somos enemigos. Si alguien me quiere ver como enemigo, adelante, pero que equivoca el tiro.
Fijaros también el delirio colectivo ante el cheerleaderismo musical que ¡¡¡¡hasta los propios artistas se quejan de que no haya reseñas negativas!!!! Lo dijo Teo Lucadamo hace unos meses, a través de varias historias en instagram. Es para que nos muramos de vergüenza…afortunadamente entidades como la Asociación de Periodistas Asociados a la música (PAM), ya incluyó una charla sobre la importancia de las críticas negativas en su II Congreso celebrado el mes de marzo en Madrid, que luego también insertó formalmente en el decálogo de la prensa musical: “Reivindicar la crítica como género argumentativo, no promocional e independencia editorial frente a la industria, no a las reseñas positivas pagadas, no somos influencers”. La reputada web musical estadounidense No bells inauguró hace unos años la sección Constantly Hating, donde seleccionan y desgranan algunos de los peores trabajos de cada temporada, en un texto introductorio se lee: “Vivimos en una era de relaciones públicas constantes, marketing incansable y publicidad exhaustiva, que se nos impone por mucho que intentemos desconectarnos. Ser un detractor es, por tanto, una reacción a todo esto, una rebelión contra el conformismo a las estrechas normas culturales que nos van inculcando poco a poco a través de los algoritmo”, acompaña al texto un tuit de @ unclehaver muy lúcido que dice: “Los verdaderos detractores cumplen una función importante en la cultura: ponen a prueba tu amor por el artista o la obra que odian. Creo firmemente que si no soportas ver a alguien odiar algo que amas, significa que dudas de tu propio amor”. Después de leer esta frase asesina me cuesta seguir escribiendo. Ya vamos acabando. Otro asunto es que parece que está muy bien ser una figura pública para pasearse por programas de TV y darse un baño de masas, pero eso trae aparejado que te juzguen. Es parte del trato mediático. ¿O solo quieren lo bueno del trato?
Para finalizar, miren, he criticado duramente a Delaossa con La Madrugá y con actuar en el Grimey x Palestina y a la vez un festival con un fondo de inversión proísraelí, el Madrid Salvaje, tienen un texto sobre eso en esta misma casa, y sigue siendo uno de mis artistas favoritos, compro sus vinilos, revistas y periódicos donde aparece, al igual que con muchos artistas. Con Lorna, igual, y luego la alabé por el gran tema que es Quien se lo queda pierde junto a Daniela Garsal; he criticado a Metrika por venderse por dinero y actuar en los premios de la fachosfera de Ceci Army, y sin embargo la semana pasada publiqué aquí una defensa a Metrika por su actuación en TVE; A Recycled J, igual, como dije líneas más arriba señalé que su disco era la “épica de la nada” y sin embargo no hay día que no escuche canciones suyas como Triste Balada o el magnífico disco de Oro Rosa o City Pop.
Podría seguir con mil ejemplos más, pero digo esto sobre todo para que vean que la vida no es blanco o negro, todo se entremezcla, y no se nos puede reducir a compartimentos estancos, tipo “no, si criticas a este es porque lo odias”, pues vaya manera de odiar tengo gastándome dinero en esos artistas y escuchando canciones suyas que disfruto. Cuando toque criticar o alabar se hará y cuando no, pues no, a ver si mucha gente se va a creer que estamos sentados en una silla, acariciando a un gato negro, queriendo aprovechar la mínima ocasión para ver el mundo arder. Creo en la Cultura como fuerza transformadora de la sociedad, creo que podemos dignificar y elevar mucho más las escenas desde la prensa valiente y honesta, confío en que así sea.
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