El nombre parece salido de un cuento para asustar a los niños, pero detrás hubo un hombre y unas víctimas reales. Juan Díaz de Garayo, conocido como el Sacamantecas, sembró el miedo en los alrededores de Vitoria durante el siglo XIX. Su historia llega ahora al cine de la mano de David Pérez Sañudo, con Antonio de la Torre en el papel del criminal y Patricia López Arnaiz como una mujer decidida a esclarecer los asesinatos.
Sacamantecas, que se estrena este viernes 6 de noviembre, sitúa su acción en una Álava atravesada por la Tercera Guerra Carlista. La película parte de unos crímenes documentados y construye a su alrededor una investigación marcada por la violencia, la escasez de medios y las presiones de las autoridades. El título recupera un apodo que terminó instalado en el imaginario popular, aunque su repetición haya dejado en segundo plano la identidad de las mujeres atacadas.
Un trabajador del campo detrás del miedo
Nacido en Egilaz, Álava, en 1821, Díaz de Garayo trabajó como jornalero y criado agrícola. Conocía los campos y los caminos de una comarca que se convirtió en escenario de sus ataques. Se le atribuyen seis asesinatos de mujeres entre 1870 y 1879, además de agresiones a otras que consiguieron sobrevivir.
La localización de aquellos crímenes resulta importante para comprender el caso. Los desplazamientos por caminos próximos a Vitoria exponían a las mujeres a encontrarse a solas con su agresor. Garayo se movía por un territorio familiar, vinculado a los trabajos que había desempeñado.
Aunque durante años se ha descrito a sus víctimas principalmente como prostitutas, esa identificación simplifica sus circunstancias. El antropólogo e historiador de la medicina Juan Gondra ha explicado en la Cadena SER que había mujeres de diferentes edades y que algunas podían encontrarse en situaciones de necesidad. También hubo supervivientes que consiguieron reconocerlo.
La historia del Sacamantecas incluye a esas mujeres que lograron escapar, defenderse y, en algunos casos, identificar a su atacante. Sus experiencias forman parte de un relato que con frecuencia ha concentrado toda la atención en la personalidad del asesino y en la brutalidad de sus actos.
Conviene distinguir, además, entre los crímenes que se le atribuyeron y los que pudieron acreditarse judicialmente. Según Gondra, la causa que condujo a su condena recogía los dos últimos asesinatos. La reconstrucción del caso conserva discrepancias sobre algunos episodios, por lo que no todos los detalles transmitidos durante décadas tienen el mismo respaldo documental.
Díaz de Garayo fue ejecutado a garrote vil en 1881. Su cuerpo fue sometido después a una autopsia, mientras médicos y especialistas debatían sobre su estado mental y buscaban una explicación a sus actos. El interés por estudiar al criminal prolongó la atención sobre un caso que ya había causado un profundo impacto.
El sobrenombre añadió otra capa a la historia. Circuló el rumor de que extraía la grasa de sus víctimas, una creencia que no debe confundirse con un hecho probado. Con el paso del tiempo, el apodo facilitó que el recuerdo de los asesinatos se mezclara con las historias utilizadas para infundir miedo.
La película sigue a una mujer que busca justicia
Pérez Sañudo aborda esa historia a través de Ángela Berrosteguieta, interpretada por Patricia López Arnaiz. En la trama, regresa a Vitoria para enterrar a su hermana y se implica en una investigación que la conduce hasta Garayo. Su búsqueda articula el thriller y acerca al espectador a las consecuencias de los asesinatos sobre las familias.
Frente a ella aparece Pío Pinedo, jefe de los alguaciles, que afronta la falta de recursos y las presiones de unas autoridades interesadas en ocultar los crímenes. Ese recorrido pertenece a la construcción dramática de la película y debe distinguirse del expediente histórico del criminal.
Tras Ane y Los últimos románticos, el director vuelve a trabajar con López Arnaiz en una producción rodada en escenarios de Álava y Vitoria-Gasteiz. La Catedral Vieja, el Palacio de la Provincia y la plaza del Machete forman parte de esa reconstrucción. Después de presentarse en una proyección especial del Festival de San Sebastián, Sacamantecas llega a las salas con una investigación que avanza entre los caminos del campo alavés y una ciudad condicionada por la guerra.
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