Antonio de la Torre no es un actor común. Su formación periodística y su profunda conciencia social lo convierten en una de las voces más lúcidas de la cultura española. En esta entrevista, dejamos a un lado los focos del cine para adentrarnos en la realidad política. Con la contundencia de quien se sabe contradictorio pero honesto, de la Torre disecciona el deterioro de los servicios públicos, la desunión de la izquierda y el peligroso auge de la extrema derecha.

 

Pregunta: Llegas de una consulta médica. ¿Cómo vives la crisis de la sanidad pública en Andalucía?

Respuesta: Todos los que defiendan la sanidad pública van a encontrar mi apoyo, pero admito una contradicción. Tengo seguro privado desde hace cuatro años. Durante mucho tiempo me negué y me pagaba las operaciones de mi bolsillo para ser coherente. Pero mi trabajo como actor es peculiar, no puedo darme de baja en mitad de un rodaje sin paralizar un proyecto entero. Siento cierta vergüenza, pero es la realidad. Ser adulto significa aceptar las contradicciones propias. Soy consciente de que alimento un sector que está fagocitando la sanidad pública. Una gestión bien fiscalizada permitiría convivir a ambos sistemas, pero la pública debe garantizar unos estándares mínimos. No es decente que alguien se muera por ser pobre.

P: ¿Qué responsabilidad real tiene el PSOE en la devaluación de la sanidad andaluza?

R: El PSOE es de izquierdas cuando le conviene o cuando le obligan. Toca hacer autocrítica para evitar el planteamiento facilón de la lucha de bandos. En 2004 voté al PSOE por la guerra de Irak, cuando la ciudadanía se echó a la calle porque no toleró que le mintieran. Ese fue un momento hermoso. Pero la gestión sanitaria posterior ha dejado mucho que desear y la autocrítica es indispensable. No podemos justificar los errores propios solo por mirar al rival político.

P: Cerraste la lista de Sumar por Málaga. ¿Por qué es tan difícil ver una izquierda unida?

R: Por los egos de los dirigentes. Tengo un grupo de WhatsApp con Alberto San Juan y otros compañeros de facultad donde debatimos, y a veces parecemos tertulianos que compiten por ver quién tiene la idea más brillante. En ese proceso se pierde la utilidad real. Es una pena porque esas disputas internas solo generan abono para la desesperanza de la gente. El equilibrio entre lo posible y lo utópico es delicado, pero la división actual es un suicidio. Nos moriremos sin ver a la izquierda unida de forma estable.

P: ¿No se debería priorizar el programa social concreto para combatir la abstención?

R: Por supuesto. La desesperanza siempre es caldo de cultivo para los fascismos. Es más fácil lanzar un bulo que buscar la verdad. El marketing electoral me importa poco, yo pienso en medidas concretas para hacer un mundo mejor. Necesitamos reducir la jornada laboral, aumentar el salario mínimo, aplicar mayores impuestos a la riqueza, construir vivienda social y limitar los precios del alquiler para frenar la especulación de los fondos buitres. Yo expropiaría viviendas de bancos y fondos buitres sin dudarlo.

P: ¿Cómo se frena la maquinaria de desinformación de la extrema derecha?

R: No creo que tengamos que aleccionar a nadie. El acto de estar vivo ya es político. Quien dice que no se mete en política toma una decisión pasiva, pero sigue dentro del sistema. La obligación del adulto es informarse y formarse éticamente. Para combatir el odio hay que usar la firmeza en las ideas, pero jamás la violencia. Debemos buscar las razones profundas de ese odio con empatía. Yo me sentaría a hablar con cualquiera, ya sea Alvise, Abascal o Daniel Esteve, para preguntarles el porqué de sus posturas. Si les respondes con calma y respeto, la gente te escuchará. Hay que tender puentes y no trincheras.

P: Interpretaste a Pepe Mujica en el cine. ¿Qué aprendiste de su filosofía sobre la violencia?

R: Mujica sufrió torturas brutales durante doce años y tenía razones para odiar, pero renunció a ello. Él entendía que la violencia es un estado primitivo del ser humano. El verdadero desarrollo humano implica necesariamente la renuncia absoluta a la violencia. Una sociedad violenta no puede considerarse avanzada. Esa es la gran trampa de modelos como el de Estados Unidos, una sociedad que admiramos pero que está profundamente enferma debido a sus lagunas y desigualdades.

P: Protagonizaste El reino, un retrato sobre la corrupción. ¿Falta más cine político valiente?

R: El cine político es necesario, pero hay que tener cuidado con no hacer películas panfletarias. Si haces un panfleto, la película se convierte en una mierda. En El reino quisimos que no fuera ningún partido en concreto, sino un retrato estructural. Si la corrupción es posible es porque la sociedad es permeable a ella. El problema de fondo es la avaricia, cuando unos pocos acumulan tanto dinero que dejan a la mayoría en la miseria.

P: ¿Te han ofrecido alguna vez dar el salto definitivo a la política activa?

R: Sí, me tantearon hace años para encabezar la lista a la alcaldía de Málaga desde la izquierda. Fue un contacto inicial para ver cómo lo veía. Dije que no de inmediato porque conllevaba un cambio de vida que no quería asumir. No sé si en el futuro cambiaré de opinión, pero en aquel momento me dio pudor. Todos tenemos un Toni Cantó dentro de alguna manera, pero yo prefiero seguir siendo útil desde mi profesión. Mi lápida ideal ya está escrita: "Aquí yace el de Canal Sur que hacía películas". Con eso me basta.

Síguenos en Google Discover y no te pierdas las noticias, vídeos y artículos más interesantes

Síguenos en Google Discover

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora