Cuando un antiguo alumno de la CEV busque hoy la dirección de su vieja escuela en Madrid, va a encontrarse con una puerta cerrada y 48 despidos detrás. La Escuela Superior de Formación Audiovisual, Animación 3D y Nuevas Tecnologías, fundada en 1975 y una de las más veteranas de España en su sector, ha cerrado definitivamente su sede madrileña tras aplicar un ERE a todo su personal, docente y no docente. Es el tercer expediente de este tipo en solo cuatro años. La sede de Barcelona, por ahora, sigue en pie.
Los propios trabajadores, según han contado a elDiario.es, se declaran "satisfechos" con el acuerdo económico alcanzado, pero "muy tristes" por la clausura del centro. Es una frase que resume bien lo que significa este cierre para quienes lo han vivido desde dentro, la sensación de que algo se ha resuelto correctamente en lo laboral y, al mismo tiempo, de que algo mucho más grande se ha perdido para siempre.
La CEV no era una escuela cualquiera. Durante décadas formó a técnicos, montadores, animadores y profesionales del sonido que hoy trabajan repartidos por buena parte de la industria audiovisual española. Ese tipo de centros, alejados de los grandes focos mediáticos, son los que sostienen el andamiaje invisible de cualquier rodaje, serie o videojuego, y su desaparición rara vez ocupa portadas, aunque su impacto en el sector sea muy real.
El giro llegó en 2019, cuando la escuela fue adquirida por el grupo francés AD Education, una red de más de 37 centros repartidos por diez países europeos y especializada en diseño, videojuegos, comunicación y sonido. Ese grupo está controlado, a su vez, por el fondo de inversión chino Cathay Capital. Los propios empleados coinciden en un diagnóstico compartido, y es que desde esa compra el centro "sufrió un gran cambio, a peor". No hablan de una crisis repentina, sino de un desgaste progresivo que se prolongó durante seis años hasta desembocar en el cierre de esta semana.
Conviene pararse a pensar en algo que suele pasar desapercibido cuando hablamos de educación privada, y es que no todos los propietarios entienden un centro formativo de la misma manera. Cuando una escuela pertenece a quien la fundó, o a un grupo educativo con arraigo local, el proyecto pedagógico suele funcionar como un fin en sí mismo. Cuando pasa a manos de un fondo de inversión internacional, ese mismo centro empieza a leerse de otra forma, como un activo dentro de una cartera mucho más amplia, sujeto a las mismas lógicas de rentabilidad que cualquier otro negocio.
No hace falta imaginar mala fe para entender el problema. Basta con asumir que las decisiones sobre un centro educativo que se toman a miles de kilómetros, con criterios puramente financieros, rara vez coinciden con las que tomaría un equipo directivo implicado día a día en la vida de sus aulas. La CEV llevaba años acumulando síntomas de ese desajuste, y el tercer ERE en cuatro años no ha sido un accidente aislado, sino la culminación previsible de un proceso que sus propios trabajadores llevaban tiempo anticipando.
El alumnado que se queda a medias
Detrás de los 48 despidos hay otra historia que suele quedar en un segundo plano, y es la del alumnado que se ha quedado con la formación a medio terminar. Cuando un centro privado cierra de esta manera, quienes más sufren las consecuencias prácticas no siempre son quienes pierden el empleo, sino quienes pierden el curso, el título o la continuidad de un proyecto formativo en el que habían invertido tiempo y dinero.
La competidora histórica de la CEV en Madrid, la Escuela Superior de Imagen, Sonido y Tecnología CES, ha confirmado que existe la posibilidad de acoger a parte de ese alumnado, aunque todavía no está claro en qué condiciones ni con qué reconocimiento de los créditos ya cursados.
Mientras tanto, una escuela que llevaba cincuenta años formando a los técnicos que después nadie ve en pantalla, pero sin los que ninguna producción funciona, ha cerrado sus puertas de la única manera en que suelen cerrarse este tipo de proyectos, en silencio, y con la última generación de alumnos preguntándose adónde ir ahora.
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