El próximo 12 de agosto de 2026, España será uno de los lugares privilegiados para contemplar un eclipse total de Sol, un fenómeno astronómico que atravesará también Groenlandia e Islandia antes de alcanzar la península. El acontecimiento promete convertir durante unos minutos el cielo en una de esas imágenes que parecen diseñadas por un director de fotografía con demasiado presupuesto. Pero el cine llegó antes. Durante décadas, los eclipses han servido para liberar monstruos, ocultar crímenes, detener sacrificios y recordarnos que basta con apagar el Sol unos minutos para que el ser humano empiece inmediatamente a comportarse de forma extraña.

Hay acontecimientos naturales que no necesitan departamento de marketing. Un volcán entra en erupción, un meteorito cruza el cielo o la Luna se coloca exactamente delante del Sol y ahí está el espectáculo. Hollywood, que tiene una especial habilidad para detectar cualquier cosa susceptible de terminar en un tercer acto, lo entendió hace mucho tiempo.

El eclipse solar del 12 de agosto de 2026 nos ofrece, por tanto, una excusa estupenda para revisar algunas de las mejores películas en las que un eclipse no es simplemente una bonita postal astronómica, sino una pieza fundamental de la narración. Y una advertencia antes de empezar: en el cine, cuando se hace de noche a plena tarde, conviene no separarse del grupo.

‘Pitch Black’ (2000)

Antes de que Vin Diesel convirtiera la familia, los coches y las leyes flexibles de la física en una franquicia multimillonaria, ya sabía que quedarse a oscuras podía ser un problema.

Pitch Black, dirigida por David Twohy, comienza con el accidente de una nave espacial en un planeta aparentemente desértico. El lugar parece soportable hasta que los supervivientes descubren un pequeño inconveniente inmobiliario. Se aproxima un eclipse y, cuando desaparezca la luz, saldrán de sus escondites unas criaturas nocturnas bastante poco interesadas en establecer relaciones diplomáticas.

‘Apocalypto’ (2006)

Pocas películas han utilizado un eclipse con tanta eficacia dramática como Apocalypto. En la cinta dirigida por Mel Gibson, Jaguar Paw está a punto de ser sacrificado cuando el Sol comienza a desaparecer. Los sacerdotes interpretan el fenómeno como una señal de que los dioses ya están satisfechos y los sacrificios se detienen.

Y ahí reside buena parte de la potencia cinematográfica de un eclipse, nosotros sabemos qué está ocurriendo, pero eso no impide que la imagen siga pareciendo sobrenatural.

‘Eclipse total’ (‘Dolores Claiborne’, 1995)

Hay escritores que ven un eclipse y piensan en la belleza del universo. Stephen King vio uno y, naturalmente, pensó en trauma, violencia y secretos familiares.

Dolores Claiborne, estrenada en España con el apropiadísimo título Eclipse total, utiliza el eclipse solar como escenario de uno de los momentos decisivos de la vida de su protagonista, interpretada por una extraordinaria Kathy Bates.

La historia está relacionada además con otra novela de King, Gerald’s Game. Ambas incorporan el eclipse real del 20 de julio de 1963 y nacieron de un proyecto narrativo que el escritor terminó separando en dos obras. Sus posteriores adaptaciones cinematográficas conservaron esa conexión astronómica.

‘El juego de Gerald’ (2017)

Netflix llevó Gerald’s Game al cine-o, más exactamente, a nuestras pantallas domésticas- en 2017 bajo la dirección de Mike Flanagan.

Otra vez aparece aquel eclipse de 1963. Otra vez funciona como una cicatriz en la memoria. Y otra vez Stephen King utiliza un acontecimiento cósmico gigantesco para hablar de algo íntimo y terrible. Vista junto a Eclipse total, forma una especie de díptico accidental perfecto para estos días, dos historias independientes unidas por una misma sombra.

‘La pequeña tienda de los horrores’ (1986)

Norma básica para el próximo 12 de agosto, observar el eclipse con protección adecuada. Norma número dos, si inmediatamente después aparece una planta desconocida, no se la lleve a casa.

En Little Shop of Horrors, el delicioso musical de Frank Oz, Seymour descubre una extraña planta coincidiendo con un misterioso eclipse solar. El vegetal, bautizado Audrey II, resulta tener unas necesidades alimenticias algo más exigentes que agua, fertilizante y conversación cariñosa.

‘Barrabás’ (1961)

Barabbas, la superproducción protagonizada por Anthony Quinn, ocupa un lugar muy especial en la historia de los eclipses cinematográficos porque parte de su secuencia de la crucifixión fue rodada aprovechando un eclipse solar real ocurrido el 15 de febrero de 1961. Nada de CGI. Nada de bajar la exposición en posproducción. El cielo haciendo de jefe de iluminación.

El resultado posee precisamente esa textura imposible de fabricar completamente en un estudio, la inquietante sensación de estar observando cómo la luz natural del mundo desaparece.

‘Un yanqui en la corte del rey Arturo’ (1949)

En la adaptación de 1949 de A Connecticut Yankee in King Arthur’s Court, protagonizada por Bing Crosby, un hombre moderno desplazado hasta la época artúrica puede sacar partido de su conocimiento sobre un eclipse próximo para convencer a quienes lo rodean de que posee poderes extraordinarios.

Es probablemente la versión cinematográfica más elegante de algo que todos hemos pensado alguna vez viendo una película de viajes en el tiempo.

‘2001: Una odisea del espacio’ (1968)

Stanley Kubrick no necesitó convertir un eclipse en un giro argumental. Le bastó con utilizar su geometría.

La apertura de 2001: Una odisea del espacio juega con alineaciones de cuerpos celestes, oscuridad y luz para establecer desde los primeros minutos la escala casi religiosa con la que la película contempla el universo. El eclipse aparece aquí como imagen, símbolo y declaración de intenciones.

Tiene presentación, porque sabemos que se acerca. Tiene tensión, porque vemos avanzar la sombra. Tiene clímax, cuando llega la totalidad. Y tiene desenlace, cuando el Sol reaparece. Todo ocurre en cuestión de minutos y sin necesidad de escribir una sola línea de diálogo.

El miércoles 12 de agosto de 2026, el cine tendrá competencia.

El eclipse total atravesará parte del hemisferio norte y España estará dentro de su recorrido, según la información publicada por la NASA. Durante unos minutos ocurrirá algo que directores, novelistas y guionistas llevan décadas intentando reproducir. El paisaje cambiará de luz, el cielo adquirirá una apariencia imposible y millones de personas levantarán simultáneamente la cabeza.

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