Si no fuera porque existen documentos que acreditan el titular de esta crónica, sería difícil entender que el polémico presidente de la Diputación del PP de Toledo, Arturo García-Tizón, esté más preocupado por ampliar la flota de carruajes de época del organismo que por los enfermos de Alzheimer, cuyo único centro existente en toda la provincia se empeña en cerrar, a pesar de las continuas protestas de familiares y ciudadanos, a pesar de las 5.000 firmas recogidas contra este recorte sin sentido y a pesar de la justicia, que le paró los pies paralizando cautelarmente la clausura de este imprescindible centro, defendido con uñas y dientes por el Grupo Socialista que en repetidas ocasiones se ha comprometido a mantener estos servicios si como todo parece indicar logran hacerse con la presidencia de la institución el próximo 24-M.

Un capricho de 57.000 euros
El caso es que el García-Tizón, que estos días ha protagonizado una nueva polémica en los medios al aparecer su nombre en una cuenta supuestamente opaca de la que fue Alianza Popular, siente una inusual atracción por estos transportes de época, gusto personal que ha traslado a la Diputación echando mano del presupuesto público bien para adquirir estas carretas, bien para restaurarlas, o bien para firmar contratos de colaboración. De ahí que no tuviera reparos en firmar el pasado año un acuerdo de compra (ver documento) con el propietario de siete de estos carruajes por valor de 42.350 euros, a los que habría que añadir cantidades todavía por determinar destinadas a un taller de empleo encargado de su restauración, con la salvedad de que el monitor de ese curso fue el mismo que le vendió las siete galesas, como publicó ELPLURAL.COM. Un negocio redondo que supuso para el encargado de impartir las prácticas de restauración unos ingresos superiores a los 13.000 euros. O lo que es lo mismo, a la Diputación de Toledo le costó la iniciativa caprichosa de García-Tizón un desembolso cercano a los 57.000 euros.

Once carruajes, ¿para qué?
Pero no conforme con la compra de esas carretas, el pasado 24 de abril firmaba cuatro contratos de comodato (contrato por el cual una de las partes entrega gratuitamente a la otra una cosa para que la use por cierto tiempo y se la devuelva a su término) para adquirir por un tiempo no superior a los 15 años cuatro nuevos carruajes destinados a engrosar su flota de calesas, que suman ya un total de once de estos vehículos tirados por caballos y cuyo fin no está determinado, ni mucho menos se ajusta a ninguna necesidad imperiosa de la Diputación que preside el pluriempleados líder del PP (120.000 euros anuales).

El carro del presidente, en el lote
Contrato de comodato que afecta al propio presidente de la Diputación del PP de Toledo (ver contrato),  ya que uno de esos acuerdos fue suscrito por el vicepresidente del organismo, Valentín Bravo, y por el propio presidente, Arturo García-Tizón, a título personal y haciendo constar que entregaba una joya “sometida a un proceso de restauración que ha afectado a todos sus elementos” y que no precisaba de otras intervenciones que no fueran las propias de su mantenimiento.

Perpetuar el taller de empleo
Habría que preguntarse dónde restauró García-Tizón su carruaje, ahora cedido temporalmente a la Diputación que preside, así como quién fue el encargado de esa rehabilitación. Preguntas que vienen al caso ya que la Diputación insiste en perpetuar el taller de empleo que creo ad hoc para llevar a cabo el arreglo, entre otras, de las carretas adquiridas al monitor del mismo.  De ahí que la documentación oficial se haga constar que “la Diputación está procediendo a la formación de una colección de carruajes históricos con fines  de divulgación histórica y cultural, así como educativa”. Y es aquí, en el supuesto aspecto docente, donde el organismo presidido por el conservador lo tiene claro: “busca potenciar la especializada artesanía dedicada a la restauración de este tipo de piezas”. Más claro, blanco y en botella.