Uno. ¿Secuestro o captura?
¿Nicolás Maduro ha sido secuestrado o solo capturado? La mayoría de los medios hablan de captura, no de secuestro. Vayamos, pues, al DRAE. Secuestrar: retener indebidamente a una persona para exigir dinero por su rescate, o para otros fines. Capturar: apresar o hacer prisionero a alguien, especialmente a un delincuente.
Dos. Un mono con piel de cerdo
Manuel Vicent: “El hombre es un mono con piel de cerdo que se ha vuelto loco”. Lo escribió hace más de 30 años en un artículo, pero parece que hubiera estado pensando específicamente en alguien como Donald Trump. En efecto: los norteamericanos han sentado en el Despacho Oval de la Casa Blanca a un tipo con más peligro que un mono con un hacha. El secuestro del presidente de Venezuela Nicolás Maduro es el último hachazo del primate, cuyas acciones imprevisibles el mundo contempla con una mezcla de incredulidad, estupor y miedo.
Tres. Habla, memoria
Vista esta violación unilateral de un Estado soberano por parte de otro Estado al que el primero no ha atacado, imposible no acordarse de Hitler: primero se anexionó Austria, después invadió Checoslovaquia, luego Polonia, Dinamarca, Noruega, Bélgica, Francia… Por ahora, Trump solo ha atacado Venezuela y secuestrado a su presidente, pero no hay razón para que mañana no haga lo mismo con Groenlandia, pasado mañana con Canadá, más tarde con Cuba...
Cuatro. Por qué no
¿Anexionarse Groenlandia? ¿Invadir Cuba? La pregunta pertinente no es por qué haría Trump tales cosas sino por qué no habría de hacerlas. Basta ver la tímida, temerosa, pusilánime reacción de la Unión Europea al golpe de Estado en Venezuela para hacerse una idea de hasta qué punto los Estaos Unidos, estos Estados Unidos, tienen amedrentado a todo un continente que hasta ayer mismo era su hermano, su semejante, su aliado.
Cinco. El regreso del ‘Lebensraun’
Donald Trump solo pondrá buen cuidado en no ordenar ataques e invasiones que puedan soliviantar a China o a Rusia. El resto del planeta forma parte del ‘espacio vital’ norteamericano. Hitler tenía su ‘lebensraun’ y Trump tiene el suyo; el espacio vital de Hitler era toda Europa; el de Trump es algo más amplio: abarca todo el mundo salvo Rusia, China y sus áreas de influencia.
Seis. Así no
El presidente Maduro robó las elecciones y merecía ser destituido, pero no así. Nunca así. Los sangrientos y desventurados casos de Irak y Libia, de Sadam Husein y Muamar el Gadafi, nos han enseñado que los únicos legitimados para derrocarlo son los venezolanos. ¿Con disimulada ayuda exterior? Sí. ¿Manejando con pericia las artes diplomáticas? Sí. ¿Bombardeando el país y secuestrando a su presidente ilegítimo? No.
Siete. ¡Es el petróleo, estúpido!
Aunque ya se sabe, no hay que dejar de repetirlo: Trump ha atacado ilegítimamente Venezuela no por tener un presidente ilegítimo, sino por tener petróleo. Muchísimo petróleo: el 17 por ciento de todas las reservas mundiales. Tampoco ha ordenado el golpe de Estado por tener un presidente supuestamente vinculado al narcotráfico: el propio Trump ha indultado al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, narcotraficante convicto, condenado a 45 años de cárcel por la justicia norteameriana.
Ocho. Sadam y Maduro
¿Las drogas de Nicolás Maduro son las armas de destrucción masiva de Sadam Husein? Con Sadam los promotores de la invasión del país procuraron guardar las formas invirtiendo mucho tiempo, energías y dinero en reunir y dar apariencia de convincentes a pruebas notoriamente falsas de que el dictador ocultaba armas de destrucción masiva. Al menos entonces operó la hipocresía como homenaje que el vicio rendía a la virtud. Aquí no: los monos con un hacha no acostumbran a disimular.
Nueve. Ladrón roba a ladrón
Quienes ven con simpatía el golpe de Estado ordenado por Trump en Venezuela apelan, de un modo u otro, al dicho de que quien roba a un ladrón merece cien años de perdón: no parecen advertir hasta qué punto es peligroso aplaudir el quebrantamiento desvergonzado de la ley. Y Donald Trump no ha quebrantado menos la ley en Venezuela de lo que lo hizo y sigue haciéndolo Vladímir Putin en Ucrania o Benjamín Netanyahu en Gaza.
Diez. Chamberlain y Churchill
El Reino Unido y Francia aceptaron en 1938 que Hitler se apropiara ilegalmente de los Sudetes tras invadir Checoslovaquia. La Unión Europea dice rechazar la intromisión armada norteamericana en Venezuela, pero la tibieza de su rechazo recuerda mucho más a la medrosa estrategia de apaciguamiento de Chamberlain ante Hitler que al no rotundo de Churchill al Führer. La Unión está hoy tomada por los Chamberlain. Los Nicolás Maduro o los Daniel Ortega son perniciosos para los venezolanos o los nicaragüenses, pero los Trump o los Putin lo son para el mundo entero.
11. Yo confieso
He de admitir, mea culpa, que con Trump pierdo los papeles: jamás, desde Franco, político alguno me había indignado tanto como él y sus homólogos abiertamente criminales Putin y Netanyahu. Admito, resignadamente, que la indignación que siento por Trump neutraliza y hasta cierto punto devora a la que siento -sentía- por Maduro. Nuestra indignación nos retrata. Por sus indignaciones los conoceréis.