Llegan los primeros resultados de los comicios autonómicos y municipales celebrados este jueves en el Reino Unido con pésimas noticias para Downing Street. El Partido Laborista de Keir Starmer se enfrenta a una sangría histórica de representantes que deja tocado el futuro político del premier británico, cada vez más en la cuerda floja. La ultraderecha, representada en el partido Reform UK del viejo conocido Nigel Farage, se prepara para ser la gran vencedora de la contienda electoral, según apuntan los recuentos iniciales.

En las primeras horas de la madrugada del viernes, apenas un 20% de los concejales en disputa en toda Inglaterra habían sido asignados – en torno a los 5.000 -. En buena parte de los centros electorales, donde se contabiliza el cálculo definitivo de los resultados, el escrutinio no echaba a rodar hasta las 09:00 horas de esta jornada – 10:00 en el horario español -. Situación similar a la de Escocia y Gales. Sin embargo, los primeros imputs que emanan de las islas no son nada halagüeños para un Keir Starmer que no sólo ve cómo su Partido Laborista se desmorona frente al resurgimiento del movimiento populista de Farage, sino que el futuro político del primer ministro se oscurece a marchas forzadas. En Downing Street ya se preparan para un Viernes Negro que tomará tintes de debacle absoluta bien entrada la tarde.

En torno a las 06:00 horas de la mañana – hora local -, Reform UK había logrado más de 300 concejales, partiendo con sólo dos en toda Inglaterra. Los laboristas, por su parte, se dejaban más de 230; mientras que la sangría entre los conservadores se preveía algo más suave con los primeros resultados arrojados. No obstante, las cuentas tampoco le salen a la derecha tradicional británica, que a esa misma hora ya habían perdido más de 110 representantes.

Con apenas 37 de los 136 ayuntamientos escrutados, los laboristas pierden el control de siete consistorios y observan cómo Nigel Farage consolidan su crecimiento en varios puntos clave del país. El retroceso laborista ya se deja notar en municipios estratégicos. En Tameside, área metropolitana de Manchester, los de Starmer han cedido 14 concejales y se quedan con 25 representantes, mientras Reform UK logra 19 tras un fuerte ascenso. La tendencia se repite en localidades como Redditch o Tamworth, donde el partido ultranacionalista gana presencia a costa de los laboristas. Especialmente ajustado resulta el caso de Hartlepool, en el noreste de Inglaterra, donde ambas formaciones empatan con 15 ediles tras una importante caída del Labour.

Los Verdes de Zack Polanski, por su parte, aspiraban a hacerse con condados y distritos populares de Londres, cosechaban una ganancia moderada con casi el doble de los ya tenía antes de los comicios – unos 50 -. Pero el globo de los ecologistas, a juzgar por estas primeras proyecciones, se ha pinchado. El cuento pinta mejor para los liberales demócratas. Suelen ser los más beneficiados en unas elecciones que siempre se interpretan como un plebiscito contra el poder nacional y tras esta primera oleada, acumulaban 35 concejales más que los 195 que tenían hasta el momento.

Varapalo socialdemócrata

El farragoso proceso de conteo facilita a todas las fuerzas políticas la digestión de los resultados y concede un tiempo vital para la confección del relato posterior. Especialmente para un Partido Laborista que previsiblemente acabará como el más damnificado de la jornada electoral en el Reino Unido. La nota positiva para los de Starmer podría estar en Londres, donde se espera que mantengan el tipo en algunos distritos electorales y permitiría al premier británico a edulcorar ligeramente la narrativa; especialmente para descargarla de la hecatombe que dibujaban las encuestas.

De hecho, el laborismo recurre a la figura del ex primer ministro Tony Blair para descafeinar la presumible derrota. Se aferran al severo correctivo que sufrió durante unos comicios municipales durante su primer mandato, aventurando una sonora derrota en las generales. Sin embargo, la historia fue muy distinta al resultado de las municipales y autonómicas, con Blair revalidando su mayoría absoluta.

En cualquier caso, la popularidad de Starmer está a años luz del predicamento de Blair en la época. Máxime cuando en el seno de su propio partido se aviva el debate sobre su idoneidad como el próximo candidato. Las voces críticas contra el premier se acumulan, aunque también rehúyen de la precipitación. El diputado laborista John McDonnell, que durante muchos años ejerció de portavoz de Economía, apuesta por una “transición ordenada” en lugar de un “golpe interno”. “Si acaba siendo la pesadilla que temíamos que iba a ser, no debería haber movimientos precipitados. El partido deberá plantearse primero por qué hemos llegado a estar situación, y la cuestión del liderazgo deberá estar inevitablemente en la agenda”, reflexiona el representante.

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