Las elecciones de medio mandato parecen estar ejerciendo sobre Donald Trump mayor presión de la que se podía predecir hace unos meses. El mandatario estadounidense viene presenciando un notable crecimiento del Partido Democráta en las encuestas y, viendo cómo una reconfiguración del Congreso podría impedir el desarrollo de buena parte de sus política, el republicano está comenzando a distintas maniobras con las que busca minimizar los daños que las urnas podrían causar a su Ejecutivo. Prueba de ello fue el anuncio que hizo en Dallas durante un acto de su formación, en el que aseguró que si ganaba los comicios entregaría 5.000 dólares a cada ciudadano de los Estados Unidos.
Esta propuesta populista, y que incluso podría considerarse como un intento de soborno o amaño electoral, halla ahora otro intento de influir en el electorado, ya que, según ha informado Político, la Administración Trump estaría valorando seriamente un plan para prohibir las exportaciones de gasóleo durante 90 días pese a las divisiones que la iniciativa suscita en el sector petrolero y dentro del propio Gobierno. Mediante esta medida la Casa Blanca estaría buscando reducir el coste de la energía antes de las elecciones de medio mandato de noviembre.
La caída libre que lleva a Trump a actuar a contrarreloj y a la desesperada
El mandato de Donald Trump no está resultado tan satisfactorio como esperaba el representante del Partido Republicano estadounidense. El magnate inmobiliario, también propietario de un importante entramado empresarial, inversor de alto rango en activo a pesar de su cargo y uno de los pocos billonarios del planeta, posee, además, la especial característica de ser la primera persona que ejerce la presidencia en la historia de Estados Unidos pese a haber sido condenado penalmente por el sistema judicial. Trump salió victorioso en las elecciones de noviembre de 2024, tornándose, así, en el 47º presidente de EEUU tras haber sido ya el 45º, una legislatura aquella primera que resultó especialmente polémica pero que, por llamativo que resulte, no resultó igual de controvertida que la actual.
Tal es así que en el país norteamericano hay desde hace tiempo un rechazo cada vez mayor a sus políticas, atisbándose una notable derrota para él en las elecciones de medio mandato del próximo 3 de noviembre. Estos comicios resultan vitales para los líderes del Ejecutivo de EEUU, ya que pueden cambiar por completo la composición del Congreso y condicionar de manera notoria las medidas legislativas que el Gobierno quiera impulsar. Un panorama ante el cual, y disponiendo de poco margen para corregir la situación que atraviesa su imagen pública, Trump parece estar comenzando a recurrir a medidas desesperadas para evitar que los planes de su Gobierno comiencen a estancarse.
Los aranceles impuestos a multitud de países, la caída de la economía estadounidense, la presión que ejerce su Gobierno sobre los inmigrantes, las deportaciones masivas ejercidas injustificadamente sobre multitud de personas, la violencia de los agentes del ICE, la política expansionista que está desarrollando, las consecuencias que está dejando la Guerra de Irán, su posición en relación al genocidio que Israel está perpetrando sobre Palestina... Son solo algunos de los ejemplos que pueden mencionarse, rápidamente, recurriendo al recuerdo cercano de las diferentes medidas que Trump está impulsando y que vienen provocado multitud de críticas, así como haciendo que el presidente estadounidense comience a perder un importante apoyo electoral, incluso entre los miembros del movimiento MAGA.
El veto a las exportaciones de gasóleo que poco gusta al sector y miembros del Ejecutivo de Trump
Los productores de combustible de Estados Unidos han expresado su rechazo a la posibilidad de imponer este veto. Su argumento es que, aunque la medida podría aliviar los precios en el corto plazo, terminaría provocando un encarecimiento posterior de los carburantes, entre ellos el queroseno.
El impacto inicial no sería, sin embargo, igual en todo el país. Según los expertos, algunas zonas podrían beneficiarse de una reducción de la factura energética al destinarse al mercado interno parte del combustible que actualmente se exporta. El problema aparecería después, ya que, ante la pérdida de la demanda exterior, las compañías reducirían sus niveles de producción, lo que acabaría limitando la oferta disponible.
Las objeciones no proceden únicamente de la industria. También varios congresistas republicanos y miembros del equipo de asesores de la Administración han cuestionado la conveniencia de la medida. Pese a ello, Donald Trump estaría dispuesto a anunciarla a finales de esta semana.
Una de las fuentes consultadas por Político atribuye el cambio de posición dentro de la Casa Blanca a la presión política por la evolución de los precios. Según explica, las voces partidarias de actuar habrían terminado imponiéndose a quienes advertían de las consecuencias económicas de restringir las exportaciones.
La iniciativa supondría, además, el primer límite a las exportaciones energéticas estadounidenses desde 2015. Ese año, el entonces presidente Barack Obama puso fin a una prohibición sobre las ventas de crudo al extranjero que había permanecido vigente durante varias décadas.
La evolución de los precios refleja la tensión existente en el mercado energético estadounidense. De acuerdo con los datos publicados por la Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA), el galón de diésel —equivalente a 3,79 litros— alcanzó este miércoles un precio medio de 6,52 dólares (5,73 euros). La cifra supone un incremento de 91 centavos (0,80 euros) respecto a la semana anterior y es un 76% superior a la registrada un año atrás.
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