Internacional

Trump aplaza los ataques contra Irán mientras la guerra pasa factura a los republicanos

La pausa militar anunciada por Washington no resuelve el bloqueo de Ormuz ni las diferencias con Teherán sobre su programa nuclear

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. EP.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. EP.

Donald Trump ha encontrado una fecha para detener los ataques contra Irán, pero todavía no una salida a la guerra. El presidente de Estados Unidos anunció este jueves que no ordenará nuevas operaciones militares contra territorio iraní antes del próximo 3 de noviembre, cuando los estadounidenses están llamados a las urnas para renovar la Cámara de Representantes y parte del Senado. La decisión llega después de más de siete meses de conflicto, con las negociaciones diplomáticas estancadas, el petróleo nuevamente por encima de los 100 dólares y un creciente malestar entre los votantes republicanos. La guerra que comenzó como una operación militar para frenar las capacidades nucleares iraníes ha terminado convirtiéndose también en un problema electoral para la Casa Blanca.

El anuncio llegó a través de Truth Social, la plataforma que Trump utiliza habitualmente para comunicar sus decisiones. "Estamos manteniendo conversaciones productivas con la República Islámica de Irán", aseguró el mandatario, antes de garantizar que Estados Unidos no atacará al país "en ningún momento antes de las elecciones de mitad de mandato" del 3 de noviembre. Sus palabras, recogidas por Reuters, introducen una pausa en las operaciones ofensivas estadounidenses, aunque no suponen un alto el fuego general ni comprometen a Washington a renunciar a nuevas acciones militares una vez superada la cita electoral.

El calendario no es un detalle menor. Estados Unidos e Israel lanzaron su ofensiva contra Irán el pasado febrero y, desde entonces, Trump ha pasado de presentar la campaña como una operación de duración limitada a convivir con un conflicto que acumula costes militares, económicos y políticos. La guerra ha tensionado el mercado energético, complicado las relaciones con los aliados regionales y abierto interrogantes sobre los objetivos finales de Washington. Tampoco ha logrado resolver el principal desacuerdo diplomático: las exigencias estadounidenses sobre el programa nuclear iraní y la negativa de Teherán a renunciar al enriquecimiento de uranio.

El desgaste de Trump empieza en las gasolineras

La factura más visible para los estadounidenses no llega únicamente de los presupuestos militares. También aparece cada vez que llenan el depósito de sus vehículos. Las interrupciones del tráfico marítimo en Oriente Próximo y los ataques contra petroleros han encarecido el crudo y alimentado la preocupación por el coste de la vida, precisamente uno de los asuntos sobre los que Trump construyó buena parte de su regreso a la Casa Blanca.

Los datos reflejan el desgaste. Según una encuesta de Reuters e Ipsos publicada el 21 de septiembre, la aprobación presidencial había caído hasta el 32%, su nivel más bajo en esa serie demoscópica. Apenas el 17% de los encuestados respaldaba su gestión del coste de la vida y solo el 34% aprobaba los ataques contra Irán. El malestar también había alcanzado a sus propios votantes: el respaldo a Trump entre los republicanos descendió del 82% al 73% en una semana.

La misma encuesta, realizada a 1.277 adultos estadounidenses y con un margen de error de tres puntos porcentuales, situaba a los demócratas ocho puntos por delante de los republicanos en intención de voto al Congreso entre los votantes registrados: un 43% frente al 35%. Se trata de una medición nacional que no permite trasladar directamente esos porcentajes al reparto de escaños, condicionado por las circunscripciones y las características de cada elección. Sin embargo, sí ofrece una medida del clima político que afronta el partido del presidente.

El problema se extiende al mercado energético. El barril de Brent volvió a superar este jueves los 100 dólares, impulsado por las tensiones en Oriente Próximo y las amenazas sobre el suministro. Según Reuters, el anuncio presidencial contribuyó a moderar los precios durante las primeras operaciones del viernes, cuando el Brent se situaba en torno a los 103,5 dólares. La caída, no obstante, no elimina las causas de fondo que mantienen el mercado bajo presión.

Una pausa militar sin acuerdo diplomático

La decisión de Trump tampoco ha despejado una de las principales incógnitas del conflicto: qué ocurrirá con el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el abastecimiento energético mundial. Antes de la guerra, aproximadamente una quinta parte del petróleo consumido en el planeta transitaba por este paso estratégico entre Irán y Omán. Los ataques contra buques comerciales y las restricciones al tránsito han reducido considerablemente su actividad, aunque los cargamentos no han dejado de circular por completo.

Washington mantiene un bloqueo naval sobre los puertos iraníes y ha desplegado medios militares para proteger parte del tráfico marítimo. Associated Press informa de que Estados Unidos continúa reforzando su presencia en la región, con la previsión de que el portaaviones USS Theodore Roosevelt llegue a finales de octubre. La promesa de no lanzar nuevos ataques antes de las elecciones convive, por tanto, con un dispositivo militar que sigue operativo.

En paralelo, los contactos diplomáticos tampoco han conseguido acercar las posiciones de manera decisiva. Estados Unidos e Irán alcanzaron en junio un acuerdo provisional que debía facilitar un alto el fuego de 60 días, pero terminó desmoronándose entre nuevas operaciones militares y las diferencias sobre el control de Ormuz. A finales de septiembre, Trump rechazó una propuesta iraní que contemplaba reabrir el estrecho en siete días si Washington aceptaba determinadas condiciones.

Teherán recibió posteriormente una contrapropuesta estadounidense y el ministro iraní de Exteriores, Abbas Araqchi, adelantó este jueves que esperaba ofrecer una respuesta formal en los próximos días. El principal obstáculo continúa siendo el programa nuclear. Mientras Washington exige reducciones significativas de la capacidad de enriquecimiento de uranio, las autoridades iraníes insisten en que no abandonarán esa actividad ni entregarán sus reservas. Irán niega que su programa tenga como finalidad desarrollar armamento nuclear, una afirmación cuestionada desde hace años por Estados Unidos e Israel.

Un Congreso en juego y ninguna fecha para la paz

Las elecciones del 3 de noviembre decidirán la composición del Congreso durante los dos últimos años del actual mandato presidencial. Los republicanos afrontan la cita defendiendo sus ajustadas mayorías parlamentarias, cuya pérdida podría dificultar la aprobación de nuevas iniciativas legislativas y reforzar la capacidad de supervisión de la oposición demócrata.

La evolución de la guerra se ha convertido en una preocupación añadida para los candidatos del partido de Trump. El presidente regresó al poder en enero de 2025 con la promesa de contener la inflación y evitar nuevas guerras prolongadas en el exterior. Más de año y medio después, la Administración mantiene abierto un conflicto que consume importantes recursos y cuyas consecuencias económicas se dejan sentir dentro y fuera de Estados Unidos.

El coste de las operaciones militares ronda los 3.000 millones de dólares mensuales, según las estimaciones recogidas por Reuters. A esta factura se suman el despliegue de efectivos, la protección de las rutas comerciales y la incertidumbre sobre una posible escalada regional. Trump ha sostenido en distintas ocasiones que los precios del petróleo caerán después de las elecciones, pero no ha presentado una hoja de ruta detallada para alcanzar un acuerdo que permita poner fin a la guerra.

La Casa Blanca sostiene que las conversaciones con Teherán avanzan y que la presión militar está contribuyendo a mejorar su posición negociadora. Las autoridades iraníes, por su parte, mantienen sus principales exigencias y advierten de que responderán a nuevas agresiones. Entretanto, los ataques contra el tráfico marítimo y la actividad militar en la región mantienen abiertas las posibilidades de nuevos episodios de violencia, incluso durante la pausa anunciada por Washington.

El compromiso de Trump tiene, por ahora, una fecha de caducidad perfectamente definida: el 3 de noviembre. Lo que suceda después dependerá de unas negociaciones que todavía no han producido un acuerdo y de decisiones militares que la Casa Blanca no ha descartado. La campaña electoral estadounidense ya tiene un calendario cerrado; la guerra contra Irán, todavía no.

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