El Partido Socialdemócrata sueco ha vuelto a ganar las elecciones parlamentarias y la izquierda podrá volver a gobernar, aunque con un estrecho margen. El país escandinavo ha puesto este domingo un tope al ascenso de la ultraderecha, con el Partido Moderado, la formación del Partido Popular europeo, superándola como segunda fuerza. El recuento, a falta de sumar el voto por correo y desde el extranjero a lo largo de esta semana, otorga al bloque de izquierdas la posibilidad de gobernar, pero estará en torno al mínimo para alcanzar la mayoría absoluta en el Riksdag, el parlamento sueco.
Desde 2022, la derecha gobierna el país bajo la coalición de los moderados del hasta ahora primer ministro, Ulf Kristersson, y los democristianos y liberales; y el apoyo externo de la extrema derecha de los Demócratas de Suecia.
La noticia allí, en realidad, es que, aunque la ultraderecha retroceda, los partidos de izquierdas han asumido una parte de su discurso antimigratorio, por lo que ese marco discursivo continuará en el debate público aunque la socialdemócrata Magdalena Andersson logre volver a ser primera ministra. Aun así, sí que se espera que La Izquierda y Los Verdes defiendan una rebaja de la dura política migratoria articulada por el gobierno de Kristersson.
La izquierda amortigua la caída en las encuestas
Andersson, que perdió el gobierno por poco en 2022, ha obtenido este domingo el 28% de los votos, y el bloque progresista estará cerca de los 176 escaños en el parlamento. Esto otorga a los socialdemócratas una nueva victoria en Suecia, donde han ganado todas las elecciones desde 1917.
Sin embargo, aunque podrían volver a gobernar, la izquierda ha obtenido un resultado mucho peor del que esperaba. Las encuestas venían pronosticando una victoria arrolladora de este bloque -Socialdemócratas, Los Verdes, La Izquierda y el Centro- desde el primer año de gobierno de coalición derechista, pero en el último tramo de la campaña se han desplomado.
Incluso hubo sondeos que llegaron a pronosticar un empate técnico entre los bloques, algo que, finalmente, no va a ocurrir. De esta manera, Andersson podrá recuperar el gobierno con un estrecho margen en el parlamento. “Si los resultados se mantienen, Suecia tendrá un nuevo Gobierno, pero tenemos que esperar a que se haya contabilizado cada uno de los votos”, decía a última hora la ex primera ministra.
La Izquierda repite como cuarta fuerza y sube hasta el 8,2% de los votos. Durante la noche electoral, sus miembros han lanzado el aviso a los socialdemócratas, de que solo permitirán a Andersson regresar al gobierno si ellos forman parte. El Centro, que también sube ligeramente hasta el 7,1%, no está dispuesto a estar en un gabinete junto a los progresistas, por lo que será necesario el apoyo de Los Verdes, que obtienen el 6,1%.
Kristersson ofreció a la extrema derecha controlar las fronteras
“¿Debemos tener un Gobierno totalmente dominado por Demócratas Suecos, algo que nunca ha ocurrido antes? ¿O debemos tener un Gobierno encabezado por mí, que llevará a Suecia hacia un nuevo espíritu de cooperación?”, se preguntaba Andersson. Hasta ahora, el bloque que compone el Ejecutivo de Kristersson había contado con el apoyo externo de la extrema derecha, ya que juntas sumaron 176 escaños tras las elecciones de 2022.
Desde entonces, los Demócratas de Jimmie Akesson han presionado para endurecer la política migratoria del país, hasta conseguir una de las más duras de la Unión Europea. Ante los malos pronósticos, los Moderados llegaron a ofrecer a la extrema derecha entrar en el Gobierno. Kristersson les ofreció el Ministerio de Inmigración, que les otorgaría el control de las fronteras suecas.
Finalmente, los conservadores han superado a los ultras como segunda fuerza con el 19,9% de los votos, mientras que los Demócratas han caído hasta el 17,6% en tercer lugar. Es la primera vez desde 1988 que la ultraderecha consigue un resultado peor que en las anteriores elecciones.
El discurso de la ultraderecha se imprime en toda la política sueca
Sin embargo, aunque hayan caído y, previsiblemente, no estarán en el gobierno, las políticas de los ultras, facilitadas durante cuatro años por la derecha tradicional, han cambiado definitivamente el marco del discurso en la política sueca. En un país en el que una de cada cinco personas ha nacido fuera de Suecia, la propia candidata socialdemócrata ha dicho en campaña que quiere mantener la dura política migratoria instaurada por Kristersson.
Esto complicará las negociaciones para formar gobierno entre Andersson y la izquierda, ya que estos partidos están en contra de mantenerla. En cualquier caso, la inmigración ha copado la campaña, junto a las propuestas de los socialdemócratas para reforzar el Estado del bienestar y combatir la inflación. La ex primera ministra asegura estar dispuesta a negociar con cualquier formación menos con Demócratas, formado en 1988 a partir de la unión de grupos neonazis.
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