La guerra ilegal de Estados Unidos (EEUU) e Israel está teniendo consecuencias directas en el comercio internacional por las subidas de precio del petróleo. Una de las respuesta de Irán al ataque ha sido el bloque del estrecho de Ormuz, lo que está afectando directamente al crudo, volátil en los mercados, y a una gran suma de bienes y servicios, daños colaterales por el encarecimiento del transporte y la energía. El desabastecimiento aún parece lejano, pero el presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha abierto la puerta a Europa a sus materias primas.

Las gasolineras empiezan a reflejar en todos los países una subida de los carburantes, aludiendo al coste de reposición, dado que el combustible que venden fue adquirido todavía a un precio menor; y la amenaza pude extenderse próximamente a los supermercados, facturas de la luz y demás aspectos claves para las familias. La reentrada en el mercado europeo del suministro ruso podría combatir sustancialmente los precios, aunque los países de la Unión Europea no parecen por la labor de levantar el veto, algo de lo que Putin es perfectamente consciente.

No obstante, el líder ruso ha lanzado el ofrecimiento y sus condiciones para dar el paso. "Si las empresas y los compradores europeos deciden repentinamente reorientarse y brindarnos una cooperación sostenible a largo plazo, libre de presiones políticas, entonces sí, nunca nos hemos negado”, ha trasladado durante una reunión con funcionarios gubernamentales y directores de los principales productores de petróleo y gas de Rusia. Unas afirmaciones que ha replicado en las televisiones rusas. “Estamos dispuestos a colaborar también con los europeos", ha aseverado.

En esta línea, el mandatario ruso ha insistido en que la colaboración requiere de "algunas señales" de que el viejo continente está "listo y dispuesto" a trabajar. A la par, ha reclamado garantía de "estabilidad" en las relaciones comerciales, no un intercambio temporal que interese solo a los países afectados de la UE. No obstante, desde los Veintisiete no parece existir interés en atender dichas peticiones ni la oferta del presidente, inclinándose más a comprar recursos más caros a los mercados estadounidenses.

Europa, al albur de los vaivenes estadounidenses

Además, la Comisión Europea ha insistido este lunes en que no teme desabastecimiento de petróleo y gas como consecuencia de la guerra en Oriente Medio, detonada por los ataques de Washington y Tel Aviv. No obstante, Bruselas sí reconoce, pues no le queda otra, que están preocupados por la influencia que puede tener en el alza de precios, que ya se está apreciando en combustibles. Por su lado, los países del G7 estudian liberar conjuntamente reservas estratégicas de petróleo coordinadas por la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Aunque todavía no está cerca ese acuerdo, las potencias mundiales han dicho estar comprometidas a vigilar "estrechamente" la situación.

La volatilidad ridícula del oro negro tampoco hace previsible su bandazos, pues cotiza al alza o a la baja en función de lo que declare el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, cuya rutina es cambiar de parecer a cada paso. En estos momentos, el Brent ha caído un 5%, aunque sigue por encima de los 90 euros, ante el anuncio del inquilino de la Casa Blanca de que la guerra está prácticamente terminada, pero probablemente rebote cuando esto no se produzca.

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