Los planes del Pentágono contemplan un escenario que se aleja del relato de una campaña rápida. Estados Unidos se prepara para “semanas” de operaciones terrestres limitadas en Irán. La previsión, trasladada por fuentes militares a The Washington Post, apunta a incursiones selectivas sobre el terreno que contradicen el optimismo expresado públicamente por el presidente Donald Trump, quien ha insistido en que la guerra tendría una duración acotada.

Según esas fuentes, el Departamento de Defensa de Estados Unidos no contempla una invasión a gran escala, sino una estrategia basada en operaciones conjuntas de fuerzas especiales y unidades de infantería. Estas acciones se diseñan como intervenciones puntuales, con objetivos concretos y una duración limitada, pero sostenidas en el tiempo. El horizonte de varias semanas sobre el terreno introduce un matiz relevante frente al discurso político que habla de una resolución rápida del conflicto.

Entre los escenarios que se han puesto sobre la mesa en las últimas semanas figura la posible toma de la isla de Jark, un enclave clave para la infraestructura petrolera iraní. Este punto estratégico concentra buena parte de las exportaciones de crudo del país, lo que lo convierte en un objetivo de alto valor dentro de cualquier operación destinada a debilitar la capacidad económica de Teherán. Paralelamente, el Ejecutivo estadounidense ha evaluado incursiones en zonas costeras próximas al estrecho de Ormuz, con el propósito de neutralizar armamento capaz de amenazar el tráfico marítimo, tanto comercial como militar, en uno de los pasos más sensibles del comercio energético global.

Estas previsiones llegan cuando se cumple un mes desde el inicio de la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, una campaña que hasta ahora se ha desarrollado fundamentalmente mediante bombardeos aéreos. Sin embargo, la posibilidad de abrir un frente terrestre ha ido ganando peso en las últimas semanas. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ya dejó abierta esa puerta el pasado 10 de marzo al subrayar que el presidente no descartaba “ninguna opción”, incluido el despliegue de tropas en territorio iraní.

Relato roto

En paralelo, Washington ha comenzado a mover efectivos hacia la región. El Gobierno estadounidense confirmó el despliegue en Oriente Próximo de elementos de una división aerotransportada y de una brigada de combate, un movimiento que, según diversas informaciones publicadas en medios estadounidenses, podría implicar entre 1.000 y 2.000 militares adicionales. Este refuerzo se suma a la presencia ya existente en la zona, incrementando la capacidad operativa de las fuerzas desplegadas en el entorno del golfo Pérsico.

Pese a este aumento de medios y a la planificación de operaciones sobre el terreno, el discurso oficial mantiene un tono de confianza en una resolución próxima del conflicto. El secretario de Estado, Marco Rubio, aseguró tras la reunión del G7 celebrada en París que la operación militar terminará en “cuestión de semanas”. En su comparecencia, instó además a otros países a implicarse más activamente para garantizar la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz.

Rubio defendió que Estados Unidos se encuentra “adelantado en su plan” y reiteró que el objetivo es impedir que Irán desarrolle armamento nuclear. No obstante, sus declaraciones no incluyeron detalles concretos sobre los próximos pasos de la operación ni sobre el alcance de las posibles incursiones terrestres. Mientras tanto, la llegada progresiva de tropas a la región y la planificación de acciones sobre el terreno sugieren un escenario más complejo que el dibujado en sus palabras.

En este contexto, la vía diplomática sigue formalmente abierta. El enviado especial de Estados Unidos para Oriente Medio, Steve Witkoff, aseguró que Washington espera mantener reuniones con representantes iraníes “esta semana”. Según explicó durante su intervención en el foro FII Priority, celebrado en Miami, existen indicios que apuntan a contactos en marcha, aunque evitó precisar quiénes participarán en esas conversaciones o dónde podrían celebrarse.

Witkoff apuntó como señal positiva el tránsito de algunos buques por la zona, en referencia a la relativa normalización del tráfico marítimo en determinados momentos. Al mismo tiempo, reconoció implícitamente la existencia de contactos, pese a que desde otras partes se haya negado la apertura de negociaciones formales. Sus declaraciones reflejan un escenario en el que la presión militar y los intentos de diálogo avanzan de manera paralela, sin que por el momento se haya definido un marco claro para una eventual desescalada.

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