Marruecos ha elegido Parlamento, pero el resultado de las urnas tiene consecuencias que difícilmente se quedarán dentro de sus fronteras. El Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) se ha situado como primera fuerza en las elecciones legislativas celebradas este miércoles con 97 de los 395 escaños, por delante de sus socios en el Gobierno saliente, el RNI, con 66, y el Istiqlal, con 65, según los resultados provisionales anunciados por el Ministerio del Interior. El PJD, de orientación islamista, ha recuperado terreno y alcanza los 54 diputados. La participación, del 38,02%, cayó con respecto al 50% registrado en 2021.
Ninguna formación dispone de mayoría suficiente para gobernar en solitario, por lo que ahora comienza la negociación de una coalición. La Constitución marroquí establece que Mohamed VI debe nombrar al jefe del Gobierno entre el partido que haya quedado primero, aunque la Corona conserva amplias competencias y áreas especialmente sensibles, entre ellas la política exterior y la defensa, permanecen fuertemente vinculadas al Palacio.
Para España, sin embargo, la cuestión no termina en quién ocupe la jefatura del Ejecutivo. El Gobierno que salga de las negociaciones tendrá por delante prácticamente toda la recta decisiva hacia el Mundial de 2030, que Marruecos organizará junto a España y Portugal, y gestionará una relación bilateral en la que confluyen algunos de los asuntos más delicados de la política exterior española. Migración, comercio, cooperación policial, Ceuta y Melilla o las grandes inversiones asociadas al campeonato convierten el resultado de Rabat en algo más que una elección del país vecino.
Una relación de 22.500 millones que no entiende de crisis diplomáticas
Las relaciones entre Madrid y Rabat han atravesado episodios de fuerte tensión durante los últimos años, pero la interdependencia económica no ha dejado de crecer. España es el primer socio comercial de Marruecos y el intercambio bilateral supera los 22.500 millones de euros anuales, según datos del Ministerio de Economía español. Más de 350 empresas españolas están instaladas en territorio marroquí y las exportaciones españolas hacia el país crecieron cerca de un 6% en 2024.
El vínculo alcanza sectores como energía, infraestructuras, automoción, banca o tecnología, y la preparación del Mundial abre además una nueva etapa de inversiones. El Gobierno español ya ha identificado oportunidades para sus empresas en construcción, movilidad, digitalización y turismo y aprobó más de 750 millones de euros para financiar un proyecto estratégico de material ferroviario destinado a la modernización de la red marroquí de cara a 2030.
El campeonato puede reforzar esa cooperación, pero también introduce elementos de competencia. Marruecos y España aspiran a albergar la final del Mundial de 2030. Rabat impulsa para ello el estadio Hassan II, cerca de Casablanca, proyectado para superar los 100.000 espectadores, mientras España cuenta entre sus principales cartas con el Santiago Bernabéu y el Camp Nou. FIFA todavía no ha decidido la sede de la final.
El fútbol aparece así conectado con una relación económica y diplomática mucho más amplia. Una de las figuras que ha ganado peso en este proceso es Fouzi Lekjaa, ministro de Presupuestos y presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, incorporado al PAM antes de las elecciones y señalado entre los nombres con opciones de asumir un papel destacado en el nuevo Ejecutivo. Lekjaa es además uno de los principales responsables de la organización marroquí del Mundial.
Ceuta y Melilla siguen marcando las líneas rojas
El acercamiento económico no ha eliminado los principales puntos de fricción entre ambos países. Ceuta y Melilla continúan siendo uno de ellos. Marruecos mantiene históricamente su reivindicación sobre las dos ciudades españolas y este verano las declaraciones del ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, volvieron a provocar una respuesta del Gobierno español.
Madrid rechazó cualquier negociación sobre la soberanía de las dos ciudades y reiteró que la integridad territorial española no está en discusión. Las declaraciones llegaron además después de la crisis migratoria vivida en Ceuta a finales de julio, cuando decenas de miles de personas cruzaron la frontera desde Marruecos en un periodo muy reducido.
El episodio volvió a demostrar hasta qué punto la cooperación entre ambos países condiciona la gestión de la frontera sur española. Pedro Sánchez sostuvo posteriormente que no existían pruebas concluyentes de que las autoridades marroquíes hubieran organizado deliberadamente las entradas, aunque un informe policial español describió una actuación inusualmente pasiva de las fuerzas de seguridad marroquíes durante varias horas. Rabat rechazó cualquier responsabilidad y atribuyó la situación a redes de tráfico de personas y a convocatorias difundidas en redes sociales.
La gestión migratoria será, por tanto, uno de los primeros grandes asuntos que heredará el próximo Ejecutivo marroquí en su relación con España. Lo ocurrido en Ceuta ha dejado además consecuencias políticas más amplias dentro de la Unión Europea, donde el episodio ha vuelto a alimentar el debate sobre el uso de la migración como instrumento de presión y sobre la capacidad comunitaria para responder a entradas masivas en sus fronteras exteriores.
El Gobierno que llegue a 2030 tendrá mucho más que un Mundial entre manos
La proximidad del Mundial introduce una circunstancia poco habitual. El Ejecutivo que resulte de estas elecciones acompañará buena parte de la transformación económica e infraestructural que Marruecos ha vinculado a 2030, pero también deberá responder a problemas internos que marcaron la campaña.
El empleo, el coste de la vida, la vivienda, la educación o la sanidad ocuparon un lugar central durante las semanas previas a la votación. Marruecos llega además a estas elecciones después de las protestas juveniles registradas el pasado año. El desempleo entre los jóvenes alcanzó el 37% en 2025, según los datos recogidos por Associated Press, mientras una parte importante de la población percibe una distancia creciente entre las grandes inversiones internacionales y sus condiciones de vida.
La abstención ofrece otra señal de esa desafección. Menos de cuatro de cada diez electores acudieron finalmente a las urnas, el porcentaje más bajo de las últimas décadas. El próximo Gobierno tendrá que administrar simultáneamente esa presión social y una agenda internacional especialmente ambiciosa, en la que Marruecos aspira a consolidarse como puerta económica hacia África, reforzar su posición diplomática y completar las infraestructuras previstas para el Mundial.
Para España, la composición concreta de la futura coalición importará, pero no alterará por sí sola los pilares de una relación que trasciende a los gobiernos de turno. Buena parte de las grandes decisiones en política exterior marroquí permanecen vinculadas a Mohamed VI, mientras comercio, seguridad fronteriza y preparación del Mundial han generado intereses compartidos difíciles de separar.
La próxima legislatura marroquí llegará así a 2030 con una agenda bilateral cargada de asuntos pendientes. Madrid y Rabat competirán por sedes mundialistas mientras colaboran en su organización, reforzarán sus intercambios económicos mientras mantienen desacuerdos territoriales y necesitarán coordinarse en una frontera que ha vuelto a demostrar este verano hasta qué punto cualquier crisis a un lado del Estrecho puede tener consecuencias inmediatas en el otro.
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