El mundo asiste en estos primeros coletazos del 2026 a las ansias imperialistas de Donald Trump. Con territorios como Groenlandia o Cuba en su punto de mira, al magnate norteamericano le bastaron las primeras 36 horas del año para adentrarse en Venezuela, secuestrar a Maduro, 'jugar' con la soberanía del país y adueñarse de su petróleo. En todo este plan, vendido como una lucha contra el narcoterrorismo, el dueño del Despacho Oval ha contado con una figura clave, la de Marco Rubio, su actual Secretario de Estado y principal operador de la política exterior trumpista

Curioso es que los deseos imperialistas de Trump en Latinoamérica sean secundados por Rubio, hijo de inmigrantes cubanos anticastristas y casado con una mujer de familia colombiana. Cuando solo era un niño, escuchaba las historias de su abuelo sobre héroes y guerrilleros cubanos que combatieron el dominio español.

Estos relatos alimentaban su imaginación hasta el punto de imaginarse como parte de la lucha de su país de origen: "Alardeaba de que algún día lideraría un ejército de exiliados para derrocar a Fidel Castro y convertirme en presidente de una Cuba libre", recordó en An American Son, sus memorias publicadas en 2012. Cincuenta años después, Donald Trump anunciaba que Rubio ayudaría a “administrar” Venezuela tras la captura de Maduro mientras que también se plantean interferir en el devenir de Cuba. 

Las ironías no acaban aquí. Gran parte del relato de Donald Trump a la hora de atacar e intervenir en Venezuela ha estado fundamentando en la lucha contra el narcotráfico. Mientras que Marco Rubio fue una figura clave en el diseño y ejecución de la operación militar, sobre su pasado planea la sombra del tráfico de drogas que hoy dice combatir desde el poder

Rubio creció en una familia de origen cubano que atravesó dificultades económicas tras instalarse en Estados Unidos. Durante su adolescencia, mientras cursaba el instituto, trabajó para su cuñado, Orlando Cicilia. El negocio de este se presentaba oficialmente como una empresa dedicada a la importación y venta de animales exóticos, una actividad que en el Miami de los años setenta y ochenta no levantaba sospechas.

Sin embargo, la realidad era otra muy diferente. Según investigaciones judiciales posteriores, aquella empresa era una tapadera para una de las mayores redes de narcotráfico de la época, vinculada al capo Mario Tabraue. Entre 1976 y 1987, la organización movió drogas por un valor estimado de 79 millones de dólares, utilizando el comercio de animales como cobertura logística.

El papel de Marco Rubio, quien tenía por aquel entonces 16 años, según recoge la biografía publicada en 2012 por el periodista Manuel Roig-Franzia, consistía en construir jaulas y limpiar instalaciones, trabajos por los que cobraba en efectivo. Él siempre ha sostenido que desconocía por completo las actividades criminales del negocio y que solo realizaba tareas manuales propias de un menor que ayudaba a un familiar.

En sus propias memorias, Rubio describe a Cicilia como una figura clave en su infancia, un hombre muy presente en la vida familiar. La casa donde se almacenaba y empaquetaba cocaína -oculta en cartones de cigarrillos- aparece retratada como un refugio familiar durante los difíciles años que los Rubio pasaron en Las Vegas. Fue ese trabajo el que permitió al joven Marco ganar el dinero suficiente para alimentar su gran obsesión adolescente: acudir a todos los partidos en casa de los Miami Dolphins.

Cuando en diciembre de su penúltimo año de instituto Orlando Cicilia fue arrestado y sacado esposado del domicilio familiar, Rubio relata que la familia quedó “completamente en shock”. Años después, cuando Univision destapó esta historia en 2011, su equipo político reaccionó con extrema agresividad, acusando a la cadena de intentar chantajearle y promoviendo un boicot institucional.

Ramas españolas en el árbol genealógico de Rubio

Aunque Marco Rubio ha construido su relato público como hijo de exiliados cubanos, su historia familiar se hunde profundamente en España, con ramas que atraviesan Andalucía, Murcia, Valencia, Alicante y Canarias. Un origen que él mismo desconocía en gran parte hasta fechas recientes y que añade una dimensión histórica a su actual papel como principal arquitecto de la estrategia estadounidense sobre Venezuela.

Una de las ramas más significativas arranca en Paradas (Sevilla) a finales del siglo XVIII. Allí vivía José de Reina y Tosta, tatarabuelo de Rubio, que acabaría licenciándose en Derecho, ejerciendo como servidor público y desempeñando funciones relevantes durante las epidemias de cólera del siglo XIX. A través de sucesivas generaciones -pasando por Alicante, Valencia y Cuba-, esa línea familiar desemboca en Marco Rubio, hoy secretario de Estado de Estados Unidos y descrito por The Washington Post como el “virrey de Venezuela” de Donald Trump.

Rubio descubrió este pasado en 2019, durante su participación en el programa Finding Your Roots. La sorpresa fue genuina: hasta entonces presumía de ser el primer jurista de su familia, sin saber que uno de sus antepasados directos ya había ocupado cargos públicos en la España del siglo XIX. “Es la primera vez que leo que alguien de mi familia tuviera responsabilidades de gobierno antes que yo”, admitió ante las cámaras.

La otra rama paterna, la que le da el apellido Rubio, procede de Murcia y Espinardo, desde donde uno de sus antepasados emigró a América en el siglo XIX. La familia pasó por México y acabó asentándose en Cuba, antes de que los padres de Rubio llegaran a Florida. Es una historia clásica de emigración española al Caribe, marcada por la pobreza, los desplazamientos y la adaptación forzada.

A ello se suma una tercera línea familiar procedente de las Islas Canarias, esta vez por parte materna. Rubio siempre fue consciente de esta raíz y llegó a mencionarla públicamente en 2014, subrayando la influencia histórica de los emigrantes canarios y gallegos en Cuba. En conjunto, su árbol genealógico reúne al menos 18 apellidos españoles, todos ellos con presencia en América, pero curiosamente ninguno con paso por Venezuela.

Rubio nunca ha viajado a los lugares concretos de los que proceden sus antepasados, pero ha reivindicado en varias ocasiones esa herencia. “La piedra madre de todo hispano es España”, afirmó tras una reunión con Mariano Rajoy. Hoy, desde una posición de poder sin precedentes para un político de origen latino, es precisamente él quien diseña el futuro de Venezuela desde Washington, un país al que su familia nunca emigró, pero cuyo destino ha quedado ligado a su apellido.

Síguenos en Google Discover y no te pierdas las noticias, vídeos y artículos más interesantes

Síguenos en Google Discover