La calma es un elemento echado en falta en estos primeros días de 2026. La incursión estadounidense sobre Venezuela para capturar a Nicolás Maduro puso sobre la mesa un nuevo elemento de tensión que no se vio venir y, lejos de quedar ahí, el presidente EEUU, Donald Trump, comenzó a abrir fuego verbal contra otros países, a los que amenazaba con actuar de manera similar, estando entre ellos Colombia, Cuba o Groenlandia.
El interés estadounidense en la isla del mar Ártico, que es nación constituyente del reino de Dinamarca, lo ha despertado su alto volumen de recursos naturales como el petróleo o, de manera especial, los minerales raros. Desde que actuara en Venezuela, Donald Trump y la Casa Blanca han comenzado a ser cada vez más incisivos en lo referido a Groenlandia, hablando tanto de comprar este territorio como de estar dispuestos a desplegar sus fuerzas armadas para hacerse con él.
Una Europa inquieta comienza a valorar opciones
Ante el precedente sentado con la captura de Nicolás Maduro, en la que Donald Trump decidió hacer caso omiso al derecho internacional y demostró, en una nueva ocasión, no mostrar respeto al consenso internacional construido a lo largo de décadas y solo atender a su propio criterio, en Europa las alarmas han saltado, pues ya no se ven los discursos del mandatario estadounidense como faroles o intentos de ejercer presión, sino que se atisba una verdadera posibilidad de que pase de las palabras a los hechos.
El ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, fue de los primeros en abordar este tema en el ámbito europeo. Barrot planteó la cuestión de Groenlandia, poniendo sobre la mesa la idea de preparar una respuesta coordinada ante las amenazas de Trump y evitar que Estados Unidos utilice este territorio para presionar a sus socios de la OTAN.
Por su parte, desde el Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer y su gobierno han tomado un papel activo en el diálogo con aliados europeos. Según medios de comunicación británicos, Downing Street ha iniciado conversaciones con varios países para estudiar un posible despliegue de fuerzas militares en Groenlandia, concebido bajo el paraguas de la OTAN como una presencia aliada que “guarde el Ártico”. El plan no solo tiene el objetivo de defender la región ante otras potencias, sino también de enviar una señal a Washington de que los aliados europeos están dispuestos a actuar de forma coordinada frente a amenazas externas. Estas amenazas se entenderían en la presencia creciente de Rusia y China en el Ártico.
En Alemania, el ministro de Exteriores, Johann Wadephul, confirmó que abordará con su homólogo estadounidense, Marco Rubio, una estrategia de seguridad conjunta para la región ártica dentro de la OTAN. En declaraciones a la prensa, Wadephul subrayó que el Ártico ha adquirido una “nueva importancia” en términos de seguridad y que esto exige medidas conjuntas con sus aliados y no unilateralismos. También del Gobierno alemán, Lars Klingbeil, ministro de Finanzas, también ha recalcado que la seguridad en el Ártico debe reforzarse “juntos como aliados de la OTAN, no enfrentándonos”. Asimismo, insistió en que solo Dinamarca y Groenlandia tienen legitimidad para decidir sobre el futuro del territorio, defendiendo con ello el principio de soberanía frente a cualquier intento de apropiación externa.
Los demócratas tratan de frenar a Trump
El Partido Demócrata en el Senado de Estados Unidos ha empezado a actuar para limitar la capacidad del presidente republicano de llevar adelante acciones militares unilaterales, incluidas posibles incursiones en Groenlandia o Dinamarca. De esta manera, el senador demócrata por Virginia, Tim Kaine anunció que su grupo forzará una votación en la cámara alta con el objetivo de impedir que Trump use fuerzas armadas contra la isla ártica sin control del Congreso.
La iniciativa cuenta con el apoyo de algunos senadores republicanos y parte de la mayoría demócrata en la cámara, con argumentos claros: tomar en serio las declaraciones de Trump, defender el principio de soberanía y evitar que se traduzcan en acciones militares sin respaldo legal. Kaine subrayó además la necesidad de trabajar con Dinamarca como aliado y no como enemigo, insistiendo en el respeto al derecho internacional.