Los países europeos han mantenido una posición equidistante con respecto al genocidio de Israel en Palestina, que tiene consecuencias reales, con nombres y apellidos, en el territorio. El ejército hebreo ha convertido la Franja de Gaza en lo más parecido al infierno en la tierra, con centenares de miles de asesinados y, sobre todo, el exterminio de un pueblo, de una forma de vida en todos sus aspectos. Aunque en los últimos tres años, con el recrudecimiento de este genocidio, Europa ha empezado a alzar la voz, aún hay formas efectivas de ayudar a la población palestina que no se están llevando a cabo. 

Algunas de ellas serían sanciones efectivas a Israel, un boicot real a la industria armamentística del Estado genocida, o al menos el bloqueo de las relaciones diplomáticas con el Gobierno que asesina niños en Gaza día tras día, a pesar de supuestos ‘alto el fuego’ orquestados por Benjamin Netanyahu junto a Estados Unidos. 

Sin embargo, hay una forma de ayudar, sobre el terreno, a los millones de gazatíes que malviven en la Franja. Hay cientos de casos de jóvenes que, a pesar de vivir en las peores condiciones, consiguen sacar adelante sus estudios, hasta el punto de ser admitidos en universidades europeas. Sin embargo, para cruzar esta puerta de salida del infierno, hace falta la colaboración de los gobiernos, que les están negando la ayuda que predican en los discursos oficiales. 

“Tienen sueños que quieren lograr, y por el simple hecho de nacer donde han nacido se les están impidiendo. Con determinación y fuerza de voluntad, a pesar de estar pasando por estas circunstancias dentro de Gaza [...], aun así, logran sentarse y tratar de presentarse a todas estas diferentes oportunidades, buscan apoyo, y hacen gran parte del trabajo ellos mismos, están más que felices de sentarse y estudiar”. Hace menos de un año, Amir Hasan Ali decidió tratar de abrir el camino a los estudiantes atrapados en Gaza, mientras él terminaba su carrera en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido. Para ello, creó ‘Gaza40+’, como mecanismo de presión para el Gobierno de su país, y que con el tiempo se extendió a más países como España, Francia o Italia

Los estudiantes, desde Gaza: “Nos ponen requisitos demasiado exigentes para estar viviendo un genocidio”

El problema es el mismo en todos los casos. Mientras que los estudiantes son aceptados por las universidades, los Gobiernos no cumplen su función de presionar al Estado de Israel –que controla de forma efectiva la vida en la Franja de Gaza- para que les deje salir, ni les facilita su estancia en los países para construir su futuro. 

“Sabemos de muchos estudiantes que solicitan ingreso en diferentes países y que se han sentado a estudiar español, italiano e inglés también para mejorar su dominio y tratar de aumentar sus posibilidades de llegar, pero debido estrictamente a estos procesos burocráticos y principalmente a los requisitos de financiación, para las tasas de matrícula y los gastos de manutención, muchos de estos estudiantes se encuentran atrapados e incluso después de solicitar ingreso y obtener ofertas año tras año, y están empezando a perder la esperanza”, señala Ali, en declaraciones a ElPlural.com. 

Los propios estudiantes han tomado la palabra para contar cómo es esta espera. Su situación cambia en función del país al que aspiran a llegar. Por ejemplo Mostafa Awad, gazatí que espera para que le permitan ir a estudiar a Hungría: “Nos dieron las becas, pero no comenzaron ningún proceso de evacuación. Siempre la misma respuesta: 'Nosotros solo somos responsables de nuestros ciudadanos, no somos responsables de los estudiantes'. Que salir de Gaza es misión nuestra, y que ellos no son responsables”, relata. 

Es el mismo caso que Malak Zaqout, aspirante a estudiar en Francia: “Nos encontramos con requisitos extremadamente exigentes, incluso viviendo bajo la condición del genocidio. Solicitamos todas las oportunidades disponibles y, al recibir la carta de aceptación, creímos sinceramente que era el fin de nuestro sufrimiento, que por fin podríamos continuar nuestra educación lejos de la guerra, el hambre y el miedo. Pero, lamentablemente, los gobiernos europeos nos han decepcionado profundamente. Para ser honestos, nos preguntamos: ¿Dónde está la justicia en un país que afirma defender los derechos humanos y las libertades? No tienen ningún sentido”.

Ellos representan a decenas de estudiantes que están en su misma situación: la espera eterna mientras se les niega el derecho a una educación para la que cumplen con todos los requisitos. “Han conseguido la beca, que es extremadamente difícil para ellos. Tienen que hacer pruebas estandarizadas en Gaza, sin internet y sin una habitación personal, con muy pocos portátiles. Tienen que hacer las entrevistas con muy una mala conexión a internet. Y cuando ya consiguen la beca siguen pensando: '¿cuándo me evacuarán, si lo he hecho todo bien?' Y no podemos darles una respuesta, lo que les causa un gran estrés. Esta espera sin información real es muy difícil para ellos mentalmente”, explica Melissa Cahill, la coordinadora del proyecto Gaza40+ en Italia. 

El “silencio administrativo” de España

Entre los países con los que trabaja Gaza40+ está España. Aquí, aunque el Gobierno haya sido muy beligerante contra Israel en las palabras, sumándose al reconocimiento de Palestina como estado en 2024, las acciones políticas siguen por detrás del clamor ciudadano, que ha quedado claro en las calles en innumerables ocasiones desde octubre de 2023. “Las universidades en España son muy colaborativas y solidarias con el trabajo que hacemos y están felices de trabajar con nosotros. Aun así, el Gobierno es muy opaco en lo que tiene que ver con sus procesos, no hay mucha transparencia o comunicación sobre cómo se hacen las evacuaciones, cuando se hacen; si hay una planificación, si están trabajando en ellas”, lamenta Ali. 

El problema aquí es el mismo que en el resto de países. “No hay un programa unificado, un corredor humanitario que establezca como se tiene que hacer esto. Por ello, tenemos que trabajar con pico y pala, universidad a universidad, estudiante a estudiante, dependiendo de sus condiciones y su perfil, y llamando a las puertas de cada una para ver su disponibilidad y sus recursos económicos”, explica Brígida Dionis, coordinadora de estudiantes de la iniciativa en España. 

Desde que comenzó el proyecto, según sus datos, el Gobierno ha colaborado en dos evacuaciones de cinco y seis personas, lo que la sitúa muy por detrás de otros países europeos. “El mayor problema es la falta de claridad  con los procesos de visado [...]. Las universidades españolas han aceptado a 60 estudiantes, con todos los requisitos para el visado, para que pudieran viajar, con la financiación, con becas... Y a estos estudiantes se les ha abandonado. De hecho, los que han llegado este año son los que aceptaron el año pasado”, explica Cristina Robles, la jefa del proyecto en el país. 

Las responsables siguen intentando presionar al Gobierno, pero denuncian un “silencio administrativo” que aumenta la invertidumbre para las decenas de estudiantes que esperan una respuesta: “Esto tiene muchas consecuencias psicológicas para ellos”, advierte Robles. Ellos, los propios gazatíes que viven esta espera, también presionan desde allí: “Sabemos que el Gobierno de España apoya la causa palestina, pero necesitamos más acción sobre el terreno para ayudarnos”, dice Abdel Rahman Al Gherbawi, estudiante. 

El caso de Mona Abuaisha

“Es realmente devastador e impactante ver a nuestros estudiantes con los que trabajamos desde el principio empezar a flaquear, porque piensan que es imposible y se culpan a sí mismos por ser gazatíes, y que por eso la educación no está disponible para ellos”, lamenta Ali. A pesar de vivir en esta espera infinita, conviene recordar que hay casos en los que el trabajo de iniciativas como Gaza40+ da sus frutos. 

Mona Abuaisha es una joven gazatí que logró graduarse en Ciencias Informáticas en 2023. Desde entonces, se convirtió en una de tantas estudiantes gazatíes que intentan salir de la Franja para seguir estudiando en una universidad extranjera, mientras sufre en sus carnes el genocidio. Lo intentó en Canadá, en el programa PSSAR –similar a Gaza40+-, pero su caso fue descartado por la reticencia del Gobierno de allí. 

La guerra lo arruinó todo. Mi sueño es enseñar a otra gente, sí. Palestina, Gaza… nuestra gente lo necesita. No puedo abandonar”, aseguraba en su entrevista con ElPlural.com, publicada hace dos semanas. Mona relató en primera persona el trabajo que Gaza40+ había hecho para ayudarla: “Me están monitorizando, respondiendo a mis preguntas, ayudándome con los documentos que necesito. Son de mucha ayuda. Que Dios les bendiga”. 

Entre esas labores estuvo la de Mohiuddin Kazmi, jefe de operaciones y logística de la iniciativa, que le puso en contacto con este medio para contar su historia, como también ha hecho con todos los protagonistas de este reportaje. Unos días después de publicarse su entrevista, el PSSAR, el programa canadiense que no pudo ayudarla, le comunicó a Mona que volverá a abordar su caso. “Esto subraya la lucha de los estudiantes en Gaza para tener un futuro”, celebra Ali, el fundador.

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