Internacional

El doble discurso del PP sobre el Sáhara

El PP utilizó el Sáhara cuando le servía para acosar al Gobierno socialista; en el Senado demostró que los derechos de los saharauis le importan poco

HACH AHMED
Varios saharauis celebraron la aprobación de la ley para nacionalizarles. EP
Varios saharauis celebraron la aprobación de la ley para nacionalizarles. EP

Cuando el PP denuncia que Pedro Sánchez abandonó la “postura tradicional” de España sobre el Sáhara, la primera pregunta debería ser qué entiende exactamente por “postura tradicional”. Porque hay una diferencia notable entre lo que el PP dice ahora y lo que hizo cuando gobernó. Y hay una segunda pregunta incómoda: ¿qué posición defendería un hipotético Gobierno de Feijóo? ¿Sería distinta de la que adoptó Donald Trump? Difícilmente. Hasta hace poco se repetía que España era partidaria de un referéndum de autodeterminación, pero ese planteamiento ya forma parte del pasado. Por mucho que lo repita Feijóo, el PP no puede sostener una posición distinta ni va a tensar sus relaciones con Marruecos en defensa de los saharauis. De hecho, seguir invocando un referéndum cuando la ONU ya no lo tiene en su agenda y Marruecos no lo acepta —igual que España no lo acepta en Cataluña— es simplemente apostar por el statu quo y por que nada se mueva. Ahí está la contradicción moral: el PP convierte la causa saharaui en arma contra Sánchez, exige coherencia y principios a los demás, pero no está dispuesto a pagar ningún coste político por defenderlos. Su denuncia no busca cambiar la política española hacia el Sáhara, sino rentabilizarla electoralmente. Y tiene además otra lectura: seguir enredando a los saharauis en una guerra entre “moros”.

Una mirada retrospectiva deja un contraste elocuente: los socialistas González y Zapatero recibieron en La Moncloa al líder del Polisario, Mohamed Abdelaziz, mientras que el PP prefería el sigilo: reuniones secretas en un rincón discreto de la sede de la ONU entre Margallo y Ahmed Boukhari, entonces representante del Polisario, no fuera a enterarse su homólogo marroquí. Pero lo grave no es esa diferencia de trato, sino la pose: el PP se vende como firme defensor del Sáhara y no es verdad. Su "postura tradicional" nunca fue la defensa activa del referéndum, sino el arte de bajar el perfil, esconderse y no molestar.Con Rajoy en el Gobierno, Margallo lo soltó sin anestesia: el referéndum saharaui  "no es asunto de España". Esa es la verdad que el PP maquilla con retórica. Lo demás es puro relato. Y cuando llegó el momento de demostrar esa solidaridad con hechos concretos, como la ley de nacionalidad, la bloqueó. 

El Movimiento Saharaui por la Paz (MSP) ha solicitado formalmente al Ministerio de Asuntos Exteriores que interceda para que la nacionalidad saharaui se apruebe por real decreto y sea convalidada en la Diputación Permanente del Congreso. Es la única vía que queda antes del 29N. No es una petición caprichosa: constata que el PP bloqueó en el Senado una ley que el Congreso ya había aprobado y que la disolución de las Cortes hizo decaer.

Hay algo que roza el esperpento en la forma en que el PP ha gestionado esta ley. Feijóo, que aún no ha despejado muchos aspectos de lo que será su política exterior, lleva años invocando la “solidaridad con el Sáhara” cada vez que necesitaba un titular para arremeter contra el Gobierno de Sánchez. Ya veremos si, cuando sea presidente, su primer viaje al exterior será a Tindouf o a Rabat. De momento, blanco y en botella: cuando la ley llegó al Senado, donde el PP tiene mayoría absoluta, sus senadores presentaron nueve enmiendas para vaciarla de contenido. Suprimieron la vía de la carta de naturaleza, eliminaron los dos artículos que permitían a los saharauis nacidos antes de 1977 acceder a la nacionalidad sin residencia legal en España y redujeron todo a una modificación del Código Civil para exigir dos años de residencia.

El Movimiento Saharauis por la Paz (MSP)  lo denunció sin rodeos: si la solidaridad es una convicción y no un arma arrojadiza, este era el momento de demostrarlo retirando las enmiendas. Aplicar a los saharauis que nacieron españoles en la década de los sesenta, como Feijóo, el mismo criterio que se aplica a los descendientes de quienes fueron españoles en la época de Hernán Cortés es, como mínimo, una tomadura de pelo y un gesto de desprecio hacia quienes fuimos —y seguimos siendo— tan españoles como él y como Santiago Abascal. La diferencia es que los padres de algunos derramaron su sangre por España con independencia del bando al que pertenecieron; otros, por muy patriotas que se proclamen, difícilmente pueden decir lo mismo.

Y luego está el Polisario. Su falta de defensa pública de esta ley es elocuente. No hace falta especular sobre llamadas a Génova: basta constatar que su silencio ante las enmiendas del PP contrasta con su movilización en otros momentos. Algunos de sus portavoces dijeron en julio que la ley les parecía bien, pero que “solo era aplicable a los residentes en España” y que no debía “eclipsar el objetivo final” de la autodeterminación. Es una objeción legítima en abstracto, pero en la práctica sirvió para no defender con entusiasmo un texto que devuelve el DNI a miles de saharauis. La autodeterminación no se juega en el Senado español; el DNI sí. El MSP ya advirtió que esta ley priva al Polisario de uno de sus principales instrumentos de vigilancia sobre la población de los campamentos de Tinduf: el control de quién puede salir y quién no mediante el pasaporte y los visados concedidos a dedo desde Argel. Cada saharaui que obtenga el DNI español deja de depender del permiso del Polisario para moverse, viajar o existir jurídicamente fuera del campamento.

Esta ley, la que salió del Congreso el 10 de septiembre con 168 votos a favor y el rechazo de Vox, era un acto de justicia hacia quienes nacieron siendo españoles. El PP se abstuvo entonces. Luego, en el Senado, intentó desnaturalizarla. Y después, con la disolución de las Cortes, la ley decayó. La iniciativa parlamentaria fue de Sumar, es cierto. Pero sin el voto del PSOE en el Congreso, esa ley no habría salido adelante. El MSP lo ha dicho: sin el compromiso de una fuerza progresista como el PSOE, esta ley no habría sido posible.

Aquí está la clave que los saharauis con DNI en España deben entender. La vía del real decreto, la carta de naturaleza, es la única puerta que queda antes del 29N. Después de esa fecha, habrá que esperar a que se constituyan las nuevas Cortes y a que se forme una mayoría dispuesta a retomar lo que el PP bloqueó. Por eso el voto útil no es el que se da al partido que más usó el nombre del Sáhara para aparentar una solidaridad que no forma parte de su ADN. Es el que se da a quien aprobó la ley en el Congreso y a quien puede comprometerse a desbloquear por decreto lo que el PP bloqueó por enmienda. El PP utilizó el Sáhara cuando le servía para acosar al Gobierno socialista; en el Senado demostró que los derechos de los saharauis le importan poco. Quien vote al PP sabiendo lo que hizo, que no se queje después.

Y que al Polisario le quede claro: el control sobre la población no es soberanía. La libertad de movimiento no se negocia con visados argelinos. Si esta ley abre una puerta y devuelve libertad a los saharauis de Tinduf, bienvenida sea. Y a los candidatos del PSOE y Sumar (ahora Frente Amplio): cumplir el compromiso de aprobar el real decreto antes del 29N. La memoria se vota, y el compromiso también.

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