Bajo la alargada sombra de Donald Trump, la disidencia es cada vez más frecuente. Cada vez son más las voces conservadoras que disienten de su discurso, especialmente en asuntos como la guerra de Irán, que ya ha alcanzado niveles de impopularidad entre los ciudadanos estadounidenses superiores a los de la Guerra de Vietnam. Ante los desacuerdos, la estrategia del magnate ya es clara y constante: ridiculizar, apartar y purgar a aquellos que no le sigan la corriente y que puedan convertirse en un escollo para sus intereses internos y exteriores, pero algo se ha roto en el tejido conservador y los disensos son cada vez más habituales.

En el horizonte, el primer examen son las midterms. "No me importan las elecciones de medio término", argumentó el magnate la pasada semana. Los suyos, mientras tanto, sí están preocupados tanto por estas votaciones como por el impacto del conflicto en Oriente Medio. Tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes se han producido una serie de votaciones sensibles para la imagen del tycoon. Irán, Ucrania o el salón de baile de la Casa Blanca en construcción, por ejemplo. En todas ellas, los conservadores han salido derrotados y la posición del presidente, mermada.

Estas derrotas se reciben con preocupación entre los legisladores republicanos. Mientras que algunos ya saben que no van a tener escaño tras perder las primarias al haber preferido Trump a candidatos que no le han mostrado deslealtad alguna, otros son conscientes de la importancia de las votaciones que están por llegar y de la situación en la que se va a llegar a las mismas. Los perdedores de las primarias, que van a seguir en el Capitolio hasta enero, se suman a los legisladores jubilados. Éstos ya no tienen atadura alguna, y pueden remar a la contra de lo que diga el todopoderoso. "No queremos oponernos al presidente solo por oponernos al presidente. Pero, a diferencia del presidente, nosotros tenemos a un tercio de nuestros miembros que se presentan a la reelección este año", señalaba el senador Thom Tillis, uno de los que se retira.

Votos en contra de Trump en el propio Partido Republicano

Hace un par de semanas, cuatro representantes republicanos votaron a favor de una resolución de los demócratas para poner fin al conflicto bélico en Oriente Medio, a pesar de las objeciones de la dirección republicana. La medida impone a Trump retirar a las fuerzas armadas estadounidenses de las hostilidades con Irán, a menos que el Congreso vote una declaración de guerra o autorice el uso de la fuerza militar contra la república islámica, mecanismos que no se han dado de ninguna manera.

Aquel fue el primer escollo, pero no el único. El mismo día, hasta dieciocho legisladores conservadores retaron a la cúpula republicana y votaron junto a los demócratas para aprobar un proyecto de ley para destinar miles de millones de dólares en ayuda a Ucrania e impone duras sanciones a Rusia. Con 226 votos favorables y 195 en contra, gracias a los votos conservadores, salió adelante este paquete, que endurece las medidas contra Rusia mediante nuevas penalizaciones al petróleo y al gas, en lo que constituye la primera gran iniciativa favorable a Ucrania durante el segundo mandato de Trump, habitualmente en sintonía con Moscú. 

En la Cámara Baja, a su vez, también aprobaron una iniciativa para reprender al presidente de la mano de los votos republicanos alineados con los demócratas. En concreto, se trataba de una reprimenda al secretario de Defensa, Pete Hegseth, por los despidos discriminados en el ejérccito, sobre todo de mujeres y afroamericanos, que pueden leerse con tintes discriminatorios. A su vez, los republicanos del Senado eliminaron este jueves de un proyecto de ley que contemplaba hasta 1.000 millones de dólares para mejorar de seguridad en el proyecto de salón de baile de la Casa Blanca. La falta de financiación y autorización para esta obra megalómana supone un golpe para el republicano, quien durante semanas había insistido en la importancia de aprobar un proyecto con más interés personal que utilidad.

Estos votos en contra escenifican que existe un descontento creciente en el seno republicano. No obstante, son más simbólicos que reales, ya que el 47 tiene derecho a veto sobre cualquier iniciativa parlamentaria. Pese a todo ello, Trump no encuentra tranquilidad ni en las victorias: la delegación republicana en el Senado se las vio y se las deseó, en un debate de hasta 18 horas de duración, para sacar adelante el presupuesto de 70.000 millones para financiar la represión migratoria en lo que queda de mandato, en especial por las reticencias de los conservadores y la impopularidad de la misma. En esa ocasión, la senadora Lisa Murkowsky se desmarcó de la mayoría republicana.

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