La derrota de Viktor Orbán en Hungría podría implicar cambios sustanciales no solo en el país que gobernaba, sino también en la Unión Europea. La victoria de Péter Magyar fue vista como una noticia satisfactoria en numerosos países, así como celebrada con gran euforia entre los húngaros. Tal es así, que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ya comienza a valorar introducir cambios en el organismo comunitario para evitar que las políticas a desarrollar vuelvan a experimentar bloqueos como los propiciados continuamente por el político de extrema derecha.

Este fin de semana, el partido de Viktor Orbán perdió las elecciones en Hungría tras 16 años en el poder, lo que provocó celebraciones masivas en varias ciudades, especialmente en Budapest. La victoria de la oposición, liderada por Péter Magyar, se percibió como el fin de una etapa política muy larga y polarizada. Muchos ciudadanos celebraron el resultado porque veían en el gobierno de Orbán una centralización cada vez mayor, así como se realizaban múltiples críticas por el control de los medios, el debilitamiento de instituciones y tensiones con la Unión Europea. También influyeron en el desgaste los escándalos de corrupción, la inflación y el hartazgo acumulado tras años de hegemonía política. La movilización fue especialmente fuerte entre jóvenes y votantes urbanos, que impulsaron el cambio.

Magyar se presenta ahora para muchos como una oportunidad no solo para el propio país de Hungría, sino también para devolver a la Unión Europea a una senda de avance, que había sido bloqueada en distintos ámbitos por Viktor Orbán. Así, Von der Leyen plantea la modificación de los procesos de voto en los asuntos referidos a la política exterior y de seguridad. Es decir, la presidenta de la Comisión Europea estudia un cambio que deje a un lado los acuerdos por unanimindad y permita aprobar medidas por mayoría cualificada. 

Esta es una idea que se pone sobre la mesa ya que, aunque Orbán pierda el poder y se espera encontrar en Magyar un perfil más europeísta, se teme que la francesa Le Pen pueda emular los bloqueos llevados a cabo por el húngaro en estos años. Así, preocupa que vuelva a haber problemas para la aprobación de préstamos como los planteados a Ucrania, se boicoteé la imposición de más sanciones a colonos israelíes violentos o se vuelvan a poner grandes trabas a la ampliación de la UE.

¿Cómo funcionan los procesos de votación en la Unión Europea? ¿Toda aprobación requiere unanimidad?

La aprobación de medidas en la European Union (UE) depende del tipo de política de que se trate, y no existe un único sistema de votación para todo. En general, el proceso legislativo ordinario es el más habitual y combina a varias instituciones.

La iniciativa legislativa suele partir de la Comisión Europea, que propone nuevas normas. Estas propuestas son debatidas y enmendadas por el Parlamento Europeo y por el Consejo de la Unión Europea. Si ambas instituciones llegan a un acuerdo, la norma se adopta. Este sistema se llama procedimiento legislativo ordinario o codecisión.

En el Consejo, la regla general es la mayoría cualificada, no la unanimidad. Desde el Tratado de Lisboa, la mayoría cualificada requiere normalmente el apoyo del 55% de los Estados miembros que representen al menos el 65% de la población de la UE. Esto permite aprobar leyes sin necesidad de que todos los países estén de acuerdo, lo que hace el proceso más eficiente.

Sin embargo, existen ámbitos donde sí se exige unanimidad. Es el caso de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC), donde los Estados miembros deben estar todos de acuerdo para adoptar decisiones importantes. También se requiere unanimidad en materias sensibles como la fiscalidad, el presupuesto plurianual o la adhesión de nuevos Estados.

El Consejo de la Unión Europea, que reúne a los jefes de Estado o de gobierno, también suele decidir por consenso en las grandes orientaciones políticas.

Los bloqueos de Orbán y las perspectivas de cambio

Ante este modelo de votación para determinados ámbtios, la experiencia vivida con Viktor Orbán hace ahora plantearse la posibilidad de impulsar un cambio en los procesos. En el recuerdo quedan las 21 medidas que ha bloqueado desde 2011. Ahora, con la llegada de Péter Magyar, y mirando a lo lejos a Le Pen, Von der Leyen entiende que es el momento de propiciar la modificación que facilite el impulso de iniciativas que podrían ser clave. Para ello, ya cuenta con el apoyo de distintos países, entre los que se encuentran Francia, Alemania, España o Italia.

Aunque el veto a determinadas materias ha estado siempre presente, prueba de ello son los bloqueos ejecutados por Orbán desde 2011, el debate sobre el cambio en el modelo de votación se ha intensificado desde 2022, cuando comenzó a introducirse de manera más intensa la posibilidad de ampliar el número de países que forman parte de la UE.

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