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Francia afronta una nueva jornada de movilizaciones en un clima de creciente tensión, que se ha visto agravado aún más por un atentado xenófobo en Trappes, localidad situada a unos 30 kilómetros al oeste de París. El ataque ha dejado un muerto y cinco heridos, tres de ellos graves, y ha obligado a las autoridades a reforzar las medidas de seguridad ante el temor de nuevos disturbios. El presunto autor, Kevin T., de 39 años y con antecedentes por delitos comunes, fue detenido después de disparar desde su vehículo contra varias personas. Según la Fiscalía Antiterrorista, también habría preparado una trampa en su domicilio para que se activara con la llegada de los agentes.
Los investigadores sospechan que el ataque tuvo una motivación xenófoba. La Fiscalía abrió una investigación por asesinato relacionado con el terrorismo al considerar que las víctimas pudieron ser seleccionadas por su origen étnico, nacionalidad o religión. El Elíseo calificó los hechos de atentado terrorista racista.
La víctima mortal tenía 26 años, mientras que entre los heridos figura una niña de 12 años que recibió ocho disparos. Según algunos testimonios, el agresor utilizó un arma automática antigua y atacó en distintos puntos de la localidad, incluidos los alrededores de una gasolinera, un centro sanitario y una zona de juegos. Tres de los heridos serían de origen africano. Durante su detención, el sospechoso llevaba un arma semiautomática, granadas lacrimógenas y un polvo blanco que podría ser cocaína. En su vivienda se encontraron también tres bombonas de gas.
El presidente francés, Emmanuel Macron, expresó su solidaridad con las víctimas y sus familiares y viajó a Trappes para reunirse con responsables locales y judiciales. Condenó que se hubiera atacado a personas por el color de su piel y advirtió de la creciente presencia de discursos racistas en la sociedad. El primer ministro, Sébastien Lecornu, también prometió movilizar todos los recursos del Estado.
Consecuencias de los mensajes racistas y xenófobos
El alcalde de Trappes, Ali Rabeh, de ascendencia marroquí, alertó sobre las consecuencias de los mensajes que señalan a la comunidad árabe-musulmana como responsable de los problemas del país. A su juicio, los discursos que alimentan el odio pueden contribuir a la violencia y deben ser condenados, independientemente de quién los pronuncie. Por ello, reclamó responsabilidad política, moderación y convivencia.
Las reacciones políticas reflejaron las divisiones existentes. Marine Le Pen condenó el ataque y pidió que se esclarecieran sus motivaciones. Desde la izquierda, Manuel Bompard señaló que las víctimas habrían sido elegidas por su apariencia física, mientras que Marine Tondelier y Fabien Roussel responsabilizaron a la extrema derecha de contribuir, a su juicio, a un ambiente de hostilidad hacia determinados colectivos.
Trappes, con unos 35.000 habitantes, es una ciudad obrera y multicultural, tradicionalmente vinculada a la izquierda. En los últimos años también ha aparecido en los debates nacionales por la presencia de sectores islamistas y por la salida de ciudadanos que viajaron a Siria e Irak para incorporarse a organizaciones yihadistas. En las elecciones presidenciales de 2022, Jean-Luc Mélenchon obtuvo allí el 60,6 % de los votos en la primera vuelta.
Despliegue policial ante las protestas
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, anunció el despliegue de 70.000 policías y agentes de seguridad en todo el país para controlar las movilizaciones previstas. El dispositivo incluirá quince camiones con cañones de agua y órdenes de actuar con rapidez y firmeza. Las autoridades aseguran haber detectado en redes sociales llamamientos de grupos radicales a atacar edificios públicos y cometer saqueos.
Orléans contará con vigilancia especial debido a la celebración de un congreso del Reagrupamiento Nacional. Las autoridades han prohibido una manifestación contra la extrema derecha, convocada antes del atentado, aunque permitirán otra organizada por los sindicatos dentro de la movilización nacional. En distintas ciudades, numerosos comerciantes han protegido sus establecimientos con paneles de madera y han trasladado mercancías a lugares seguros. Estas precauciones reflejan el temor a que se repitan los episodios violentos de jornadas anteriores y la preocupación por la capacidad de las fuerzas públicas para evitar daños.
En París se han retirado contenedores y bicicletas de alquiler para impedir que se utilicen como barricadas. Además, varias ciudades, entre ellas Lyon y Niza, mantienen restricciones a las manifestaciones. Estas decisiones han generado críticas de sindicatos y organizaciones judiciales, que consideran que algunas prohibiciones pueden limitar excesivamente el derecho constitucional de reunión. La situación, a su vez, también afecta a la actividad cultural y deportiva. En Marsella se modificó el plan inicial de suspender todo el transporte público y finalmente se autorizó una manifestación. Algunos encuentros deportivos han sido aplazados o cancelados, mientras que museos parisinos como el Louvre, Orsay, Orangerie y Picasso permanecerán cerrados. La feria internacional Art Basel Paris también suspenderá su actividad durante el fin de semana.
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