La extrema derecha alemana ha vuelto a imponerse en las urnas. Alternativa para Alemania (AfD) ha ganado las elecciones regionales de Mecklemburgo-Pomerania Occidental con el 38,3% de los votos, según los resultados provisionales, y confirma así el fuerte avance que viene protagonizando en los estados del este del país. La victoria llega apenas dos semanas después de su contundente resultado en Sajonia-Anhalt y vuelve a situar bajo presión al canciller Friedrich Merz.

El golpe más duro de la jornada se lo ha llevado precisamente su partido. La CDU se ha quedado en el 4,9% y no tendrá representación en el Parlamento regional, al no superar el umbral electoral del 5%. Se trata del peor resultado de los democristianos en unas elecciones de un Land desde la creación de la República Federal en 1949 y supone un nuevo revés para Merz después de los malos resultados cosechados en otros territorios.

La AfD, por su parte, más que duplica el apoyo conseguido cinco años atrás y supera al SPD de Manuela Schwesig, hasta ahora primera fuerza regional. Pese a la victoria, el partido de extrema derecha sigue encontrando el mismo obstáculo para transformar sus resultados electorales en poder ejecutivo: el resto de formaciones mantienen su rechazo a formar coaliciones con él.

La AfD encadena victorias en el este

El resultado prolonga una secuencia especialmente favorable para la extrema derecha en los estados orientales. La AfD ya había conseguido un resultado histórico dos semanas antes en Sajonia-Anhalt, donde volvió a ampliar considerablemente su ventaja sobre la CDU y confirmó la fortaleza que mantiene desde hace años en buena parte del territorio de la antigua Alemania Oriental.

La nueva victoria amplía la presión sobre los partidos tradicionales y, especialmente, sobre los conservadores. La CDU afronta el problema de estar perdiendo terreno frente a la AfD precisamente en regiones donde Friedrich Merz confiaba en recuperar electores situados a su derecha, uno de los grandes desafíos políticos a los que se enfrenta desde que llegó a la Cancillería.

Sin embargo, el crecimiento electoral de la AfD continúa sin traducirse automáticamente en gobiernos regionales. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental no alcanza la mayoría absoluta y ninguna de las principales fuerzas políticas ha planteado romper el denominado Brandmauer, el cortafuegos con el que los partidos alemanes mantienen aislada a la extrema derecha de las coaliciones de gobierno.

La CDU cae por debajo del 5%

Para los democristianos, el 4,9% de Mecklemburgo-Pomerania Occidental tiene una dimensión histórica. La CDU queda fuera de un Parlamento regional y pierde más de ocho puntos respecto a las anteriores elecciones, una caída que refuerza las dudas sobre la capacidad del partido para contener el avance de AfD en el este del país.

El resultado también aumenta la presión sobre Friedrich Merz. El canciller ha reconocido la gravedad de los resultados y los ha calificado de “desastre”, aunque ha defendido la continuidad de su Gobierno y de su agenda política. La derrota llega además en un momento marcado por el desgaste de los conservadores y por el malestar de parte del electorado con la situación económica y el coste de la vida.

El problema para Merz no se limita únicamente a Mecklemburgo-Pomerania Occidental. La jornada electoral ha dejado también pérdidas importantes para la CDU en Berlín, donde los conservadores han cedido el primer puesto y han visto cómo otra formación situada fuera del centro político tradicional ha capitalizado buena parte del descontento.

Die Linke convierte la vivienda en su gran baza en Berlín

El otro gran resultado de la noche electoral se ha producido en la capital. Die Linke ha ganado por primera vez unas elecciones al Parlamento de Berlín con el 25,7% de los votos, más del doble del 12,2% conseguido en 2023 y su mejor resultado histórico en la ciudad. Su candidata, Elif Eralp, queda así en posición de aspirar a encabezar el próximo Gobierno berlinés.

La formación ha construido buena parte de su campaña alrededor de uno de los principales problemas cotidianos de Berlín: el precio de la vivienda y las dificultades para encontrar alquileres asequibles. Frente al peso que inmigración, seguridad o política exterior han tenido en otras campañas regionales, Die Linke ha situado los alquileres en el centro de su discurso y ha defendido una mayor intervención pública en el mercado inmobiliario.

El contexto favorecía ese planteamiento. Los alquileres en Berlín prácticamente se han duplicado desde 2014 y las autoridades calculan que la ciudad necesitará alrededor de 211.000 viviendas adicionales hasta 2040. La presión sobre el mercado inmobiliario se ha convertido así en uno de los principales motivos de preocupación entre los habitantes de una ciudad donde la mayoría de la población vive de alquiler.

Eralp ha defendido durante la campaña controles más estrictos sobre los alquileres, una ampliación de la vivienda social y medidas contra la especulación inmobiliaria. Die Linke también ha recuperado el resultado del referéndum celebrado en 2021, en el que una mayoría de los votantes respaldó la posibilidad de transferir al sector público parte de las grandes carteras de vivienda en manos de empresas privadas.

La propuesta más controvertida pasa precisamente por trasladar al control público unas 220.000 viviendas pertenecientes a grandes compañías inmobiliarias. Sus detractores cuestionan tanto el elevado coste de la medida como su capacidad para generar nueva oferta, mientras Die Linke sostiene que permitiría aumentar el control público sobre los precios y proteger a los inquilinos.

El resultado muestra que Die Linke ha conseguido convertir una cuestión local y tangible en una poderosa herramienta electoral. Mientras AfD capitaliza el descontento en otros territorios del este alemán y la CDU retrocede, la izquierda ha logrado en Berlín canalizar buena parte del malestar hacia el coste de la vivienda, los alquileres y la relación entre la ciudad y los grandes propietarios.

Dos golpes distintos para Merz en una misma noche

Los resultados de Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental dibujan dos derrotas distintas para la CDU. En el noreste, los conservadores quedan directamente fuera del Parlamento mientras AfD se convierte en primera fuerza. En la capital, pierden el liderazgo frente a Die Linke, que duplica ampliamente sus apoyos apoyándose en una campaña muy centrada en vivienda y coste de vida.

La jornada deja por tanto un escenario más fragmentado que un simple avance generalizado hacia la derecha. La AfD continúa ampliando su fuerza electoral en el este, pero Berlín muestra al mismo tiempo la capacidad de Die Linke para crecer desde otro espacio político cuando consigue situar en el centro de la campaña problemas materiales como el acceso a la vivienda.

Para Friedrich Merz, ambos resultados confluyen en un mismo problema. La CDU pierde votantes en direcciones diferentes y encuentra dificultades para recuperar tanto a quienes se desplazan hacia AfD como a sectores urbanos que están priorizando cuestiones sociales y económicas. Las elecciones regionales vuelven así a trasladar la presión desde los Länder hasta la Cancillería.

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