La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha asegurado que nunca quiso ser candidata y que su decisión de dar un paso atrás en la primera línea electoral no responde a presiones externas ni a una pérdida de apoyos, sino a una determinación personal tomada “hace ya bastante tiempo”. En una entrevista concedida a ‘El País’, la también dirigente de Sumar ha reivindicado su papel durante los últimos años y dibuja un horizonte “optimista” para el futuro de la izquierda en España.
Díaz ha subrayado que, si hubiera querido optar de nuevo a encabezar una candidatura, habría dado el paso sin titubeos. “Me presentaría a unas primarias”, ha afirmado, descartando que exista ningún impedimento interno. Según ha explicado, tampoco tuvo esa ambición en las elecciones generales del 23 de julio de 2023, cuando el bloque progresista logró frenar la entrada de la derecha y la extrema derecha en el Consejo de Ministros en un resultado ajustado que condicionó la legislatura.
La ministra ha insistido en que no se siente cuestionada ni en entredicho y rechaza que las críticas recibidas en los últimos meses hayan influido en su decisión. No obstante, ha admitido que las tensiones internas dentro del espacio político a la izquierda del PSOE han pasado factura. Aun así, ha recalcado que no ha protagonizado enfrentamientos personales y que no piensa disputar ningún liderazgo. “No voy a disputar ningún liderazgo”, viene a resumir.
Uno de los factores que más ha pesado en su decisión es el ámbito personal. Díaz ha reconocido que quiere dedicar más tiempo a su hija y a su familia, a la que - asegura - ha descuidado durante años por sus responsabilidades públicas. La reciente muerte de su padre ha sido, según ha relatado, un punto de inflexión. “Quiero dedicarme a mi vida privada, a la que hace muchísimo tiempo que la tengo menos atendida de lo que me gustaría. Y, sobre todo, después de la muerte de mi padre”, ha afirmado, dejando claro que su retirada de futuras candidaturas no implica necesariamente abandonar el compromiso político.
En cuanto al futuro de la izquierda, la vicepresidenta se ha mostrado convencida de que es posible reconstruir puentes y alcanzar acuerdos entre las distintas fuerzas progresistas, aunque ha evitado concretar si su paso atrás facilitaría un entendimiento con Podemos. A su juicio, la ciudadanía reclama unidad y responsabilidad. Asimismo, ha reconocido haber cometido errores en esta etapa, pero no señala a posibles sucesores ni apadrina liderazgos alternativos. Tampoco ha querido “hacer con nadie” lo que, en su opinión, hicieron con ella en momentos de tensión interna.
Díaz también se ha referido al papel de Junts en la actual legislatura y ha negado que le preocupe una eventual pérdida de protagonismo de Sumar. En su análisis, tanto esta formación como el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, están favoreciendo indirectamente el crecimiento de la extrema derecha. Incluso ha llegado a calificar el proyecto de Junts de “racista” y “clasista”, marcando distancias ideológicas claras.
Con todo, fija un objetivo prioritario: impedir que Vox llegue al Gobierno. No obstante, ha recordado que en 2023 lograron frenar lo que parecía una mayoría inevitable del bloque conservador y ha prometido que, aunque abandone la política institucional, hará “todo lo posible” para evitar que la extrema derecha asuma responsabilidades en áreas como Sanidad, Educación o Trabajo. Su papel futuro, ha admitido, aún no está definido, pero su compromiso político —asegura— seguirá intacto, aunque desde otra posición.