España

Una vergüenza nacional

El fallecimiento de Maricarmen Abascal, símbolo de la lucha por la vivienda, incrementa la rabia y ejemplifica el coste de años de inacción, buitres y especulación despiadada

Personas dejan velas frente a la vivienda de Maricarmen
Personas dejan velas frente a la vivienda de Maricarmen

Maricarmen Abascal, símbolo de la lucha por la vivienda que ha provocado la convocatoria de una huelga general y el adelanto de las elecciones generales, ha fallecido este miércoles en el Hospital Gregorio Marañón a los 87 años. Su muerte se ha producido apenas dos semanas después de que el pasado 23 de septiembre fuese desahuciada de su vivienda en Retiro. Lo hizo en camilla, tras horas de muchísima tensión y brutalidad policial, conmocionada y en un estado de pánico del que finalmente no ha podido deshacerse hasta el fin de sus días. 

Aquella imagen, además de la de las miles de personas que pusieron el cuerpo para tratar de frenar aquel desahucio, prendió una mecha que se tradujo en múltiples y multitudinarias manifestaciones y descontento social que siguen a día de hoy ejemplificadas a la perfección con la acampada de la Puerta del Sol. Esta misma noche, al grito de “no son muertes, son asesinatos”, cientos de personas han marchado hacia el Congreso de los Diputados para hacer suyas las palabras de la propia Maricarmen, quien, horas antes y después de ser expulsada de su piso de toda la vida, reclamó a los presentes que no cesasen, que no abandonasen la lucha. 

El fallecimiento de Maricarmen se vive desde la rabia, que vuelve a brotar y a recrudecerse socialmente tras un fin de semana en el que más de un millón de personas marcharon para reclamar soluciones al grave problema de la vivienda que atraviesa España. Un problema que, además, y después de que PP, Vox y Junts tumbasen los dos decretos aprobados de forma extraordinaria por el Gobierno para, entre otras cosas, garantizar que desahucios como el de Maricarmen no pudiesen llevarse a cabo, derivó en el anuncio del presidente del Gobierno de adelanto electoral para el próximo 29 de noviembre. 

Unas elecciones que vendrán precedidas de una huelga general, la primera desde hace 14 años, que tendrá lugar el miércoles 11 de noviembre después de que los sindicatos mayoritarios, los acampados en sol y los representantes del inquilinato hayan alcanzado un acuerdo este mismo miércoles. El Sindicato de Inquilinas, quien se ha mantenido al lado de Maricarmen hasta las postrimerías de su existencia, ha reclamado que esta huelga general sirva para garantizar “que no haya ni una sola Maricarmen más”. Un lema precedido del comunicado más doloroso, lanzado minutos antes por el mismo colectivo: “El debate de la vivienda está en el centro, pero el coste para llegar hasta aquí ha sido demasiado alto. Ahora, tras su partida, nos quedamos con el ejemplo de lucha y el legado que ha dejado Maricarmen. Y, sobre todo,  cumpliremos lo que ella siempre nos pedía: "luchad, seguid luchando por lo que es vuestro". 

El duelo, que viven como propio cientos de miles de personas que volvieron a las calles agitados por el desahucio de Maricarmen, contrasta con el odio de quienes politizaron desde el primer minuto el desahucio de esta mujer de 87 años que no dejó sin pagar un recibo de alquiler durante toda su vida. La peor cara de la sociedad no ha concedido ni un minuto de silencio a la tragedia, acusando abiertamente a la izquierda de haber provocado el fallecimiento de Maricarmen Abascal por someterla a una exposición tan elevada. A Vox se han sumado otros intoxicadores como Vito Quiles o Javier Negre, a quienes precedieron otros. Desde periodistas como Chapu Apoalaza hasta medios de comunicación como el diario El Español, dirigido por un Pedro J. Ramírez al que la acampada en la Puerta del Sol le ha fastidiado un contrato de 150.000 euros de la Comunidad de Madrid. Declaraciones, titulares y actitudes miserables que ahora son expuestas en redes sociales por todos aquellos que conectaron con la historia de Maricarmen y honraron su memoria luchando en las calles. 

Como es lógico, la noticia del fallecimiento ha provocado un rápido aluvión de reacciones. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, era uno de los más rápidos: “Todo mi cariño a la familia y a los seres queridos de Maricarmen. Un abrazo a todos los que hoy sentimos esta pérdida como propia”. No era el único. Todos los representantes de la izquierda española hacían lo propio y recordaban el ejemplo y legado de una fuerza que trascenderá a la muerte. Más comedidos eran desde la derecha. Como es habitual, Ayuso se adelantaba a Feijóo: “Un hospital público de la Comunidad de Madrid estuvo con ella hasta el final. Más no se pudo hacer. Descanse en paz”, decía su gobierno. Feijóo, por su parte, reclamaba abandonar la campaña y la politización tras la noticia: “Ni campaña, ni partidos, ni utilización interesada. No más piedras en el muro”, escribía en redes sociales. 

Las lágrimas, visibles bajo las tiendas de campaña y prendidas por el fuego de la marcha silenciosa y las velas de la acampada de Sol, ponen punto final a la peor noticia posible. Al precio de una vergüenza nacional que terminó con Maricarmen muriendo en el hospital, fuera de su casa, a apenas unas horas de firmar un nuevo contrato de alquiler que le tendían los mismos buitres que hace apenas dos semanas, y tras varios intentos, celebraban el sonido de una radial rompiendo la cerradura de una vida. “Me gustaría estar ahí con vosotros, acompañaros en vuestra acampada, en vuestra lucha, pero no tengo esa suerte”.

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