El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha apelado a la memoria familiar y a la historia migratoria de España para responder al planteamiento de “prioridad nacional” impulsado por la ultraderecha y acatado por el Partido Popular. 

En un discurso cargado de simbolismo y sentimiento durante un mitin en Gibraleón, el jefe del Ejecutivo ha defendido que la ampliación de derechos a la población migrante es compatible con la mejora de las condiciones económicas del país, al tiempo que ha reivindicado el legado de quienes se vieron obligados a emigrar durante el franquismo.

Se puede reducir la tasa de paro y al mismo tiempo reconocer derechos a la población migrante”, sostuvo Sánchez antes de introducir un elemento personal en su intervención. El presidente evocó la figura de su abuelo, quien —como tantos españoles durante la dictadura— tuvo que abandonar el país en busca de oportunidades laborales que le eran negadas en una “España oscura”.

Según relató, su abuelo emigró a Alemania, donde desempeñó distintos trabajos en el sector servicios. Una experiencia que, a su juicio, conecta con la realidad actual de miles de personas migrantes en España. “Estoy convencido de que si pensáis en vuestros abuelos y abuelas, estaríais deseando que esos países de acogida les hubieran reconocido los derechos que nosotros proclamamos para nuestros nacionales”, afirmó, interpelando directamente a la ciudadanía.

El discurso del presidente se enmarca en el debate político abierto en torno a las políticas migratorias y, en particular, a las propuestas defendidas por las derechas, que abogan por priorizar el acceso a determinados derechos y servicios exclusivamente para los nacionales. Frente a ello, Sánchez ha defendido un enfoque basado en la integración y el reconocimiento de derechos como elementos clave para la cohesión social y el desarrollo económico.

La referencia al pasado migrante de España no es nueva en el argumentario del Ejecutivo, pero en esta ocasión adquiere un tono especialmente personal y político. Al vincular su historia familiar con el debate actual, Sánchez busca reforzar la idea de que la identidad del país está profundamente marcada por la emigración y que esa memoria debería servir como guía en la formulación de políticas públicas.

En este contexto, el presidente contrapone dos modelos: uno centrado en la restricción y la preferencia nacional —pese a ser inconstitucional e ilegal—, y otro basado en la ampliación de derechos y la igualdad de oportunidades. Un choque de visiones que continúa marcando la agenda política y que, previsiblemente, seguirá siendo uno de los ejes del debate público en los próximos meses tras la nacionalización de los pactos de las derechas.

Sin embargo, el pacto alcanzado entre el Partido Popular y Vox en Extremadura y traspuesto en Aragón ha trascendido el ámbito de una simple negociación regional. El documento que garantiza la investidura de María Guardiola incorpora el concepto de “prioridad nacional” en áreas clave como ayudas, vivienda o prestaciones sociales, una idea que Vox llevaba tiempo defendiendo y que ahora logra integrar en un acuerdo institucional con el respaldo del PP. El movimiento no es menor: va más allá de un gesto simbólico hacia el electorado más conservador y supone la adopción de un marco político reconocible en otros contextos internacionales, basado en anteponer a los ciudadanos nacionales frente al resto.

En Francia, Marine Le Pen ha situado durante años la “priorité nationale” en el centro de su propuesta política. No se trata de un elemento accesorio: su partido, Reagrupamiento Nacional, contempla medidas como reservar determinadas ayudas sociales a ciudadanos franceses y restringir el acceso de extranjeros a derechos y beneficios. Aunque el tono puede variar según el momento político, la idea esencial permanece: priorizar a los nacionales en el reparto de recursos.

Un planteamiento similar se observa en Italia, donde Giorgia Meloni popularizó el lema “prima gli italiani”. Su formación, Fratelli d'Italia, ha convertido esta consigna en uno de sus ejes, especialmente en debates sobre inmigración, seguridad, natalidad o políticas sociales, reforzando la idea de que el Estado debe favorecer a sus propios ciudadanos frente a los extranjeros.

En Estados Unidos, esta lógica alcanzó dimensión de doctrina bajo la presidencia de Donald Trump con el lema “America First”. Más allá del eslogan, se tradujo en un enfoque político que situaba a los ciudadanos estadounidenses como prioridad en la toma de decisiones gubernamentales, estableciendo un criterio nacional como filtro para el acceso a recursos y protección.

Otros países europeos también reflejan esta tendencia. En Alemania, Alternativa para Alemania ha recurrido al lema “Unser Land zuerst” (“nuestro país primero”), mientras que en Bélgica, Vlaams Belang ha defendido el “Eerst onze mensen” (“primero nuestra gente”), vinculándolo directamente al acceso a vivienda social y servicios públicos. Por su parte, en Austria, el Partido de la Libertad de Austria ha promovido mensajes similares centrados en priorizar a familias y ciudadanos nacionales.

Vox lleva tiempo impulsando en España un modelo que plantea un acceso escalonado a los recursos públicos en función del origen. En esa línea, Ignacio Garriga ha avanzado su intención de extender esta fórmula.

El pacto extremeño, en este contexto, deja de ser un hecho aislado de ámbito regional para convertirse en el punto de partida de una estrategia más amplia. Su posible replicación en otros territorios refuerza la idea de que no se trata de una concesión puntual, sino de una línea política en desarrollo. Esto sitúa al Partido Popular ante un escenario en el que resulta más difícil presentar el acuerdo como una excepción local, ya que su proyección a nuevas comunidades lo consolida como una práctica con vocación de continuidad.

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