La crisis de Ceuta ha abierto una grieta en el Gobierno que ya resulta difícil de ocultar. Moncloa ha salido a desautorizar la versión ofrecida por la ministra de Defensa, Margarita Robles, sobre los avisos previos del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y sostiene que ningún miembro del Ejecutivo recibió una advertencia que permitiera anticipar la entrada masiva de migrantes registrada los días 30 y 31 de julio. La respuesta de Presidencia evidencia el choque entre dos de los departamentos clave en la gestión de la crisis y deja a Robles en una posición especialmente incómoda dentro del Consejo de Ministros.

La ministra aseguró durante su comparecencia en el Congreso que los agentes del CNI desplegados en Ceuta habían trasladado el 29 de julio información sobre una convocatoria para intentar entrar a nado en la ciudad autónoma al día siguiente. Robles sostuvo además que esos datos fueron compartidos y analizados con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y con la Delegación del Gobierno.

La versión ha encontrado, sin embargo, un desmentido prácticamente inmediato dentro del propio Ejecutivo. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, insistió en que no existió ningún informe que permitiera prever una entrada de las dimensiones que finalmente se produjo, y afirmó que, de haberse conocido una amenaza de esa magnitud, se habrían adoptado medidas extraordinarias.

A esa contradicción se sumó posteriormente la Delegación del Gobierno en Ceuta, que aseguró de forma tajante que “no recibió, en ningún momento, informe alguno que advirtiera de lo que iba a suceder el día 30 de julio”. La Delegación reconoce que existía información habitual sobre el incremento de las llegadas por vía marítima, pero sostiene que esos datos no permitían anticipar una avalancha como la que terminó produciéndose.

Moncloa deja sola a Robles frente a la versión de Interior

El choque ya no puede reducirse a una diferencia semántica sobre si existía o no un “informe” escrito. Robles ha insistido en que el CNI sí avisó el día anterior, aunque esa advertencia no adoptara necesariamente la forma de un documento formal. Marlaska, por su parte, niega que los servicios de inteligencia hubieran proporcionado información que permitiera anticipar una entrada masiva. Y la Delegación del Gobierno, precisamente el organismo que Robles señala como receptor del aviso, afirma que nunca tuvo conocimiento de esa alerta.

La posición de Moncloa agrava todavía más el aislamiento político de la titular de Defensa. Según la información publicada este miércoles, Presidencia niega que hubiera avisos previos del CNI a miembros del Gobierno y atribuye las declaraciones de Robles a que la ministra “no se habrá explicado bien”. Esa explicación supone, de facto, una corrección pública a una ministra que apenas unas horas antes había defendido reiteradamente su versión ante los diputados.

El episodio muestra además una vieja dificultad de coordinación entre Defensa e Interior. Robles y Marlaska mantienen ahora dos relatos difícilmente conciliables sobre una cuestión central: qué sabía el Estado antes de que decenas de miles de personas alcanzaran Ceuta y quién disponía de esa información. No se trata únicamente de establecer si existía un documento formal del CNI, sino de determinar si hubo señales suficientes para activar antes una respuesta excepcional.

Robles ha tratado de blindar la actuación de los servicios de inteligencia defendiendo que el trabajo del CNI no se limita a la elaboración de informes escritos. Durante su comparecencia explicó que sus efectivos en Ceuta habían detectado movimientos y convocatorias en redes sociales y reivindicó la labor desarrollada por los agentes sobre el terreno. La ministra llegó a precisar que el CNI cuenta con 25 efectivos en la ciudad autónoma, un dato revelado en plena polémica sobre la anticipación de la crisis.

De la crisis migratoria a una batalla por las responsabilidades

La disputa sobre el CNI llega en un momento especialmente delicado para el Gobierno. Casi un mes después del inicio de la crisis, el Ejecutivo ha aprobado nuevas medidas, ha declarado la situación de Ceuta de interés para la seguridad nacional y ha situado al ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, al frente de un mando único de coordinación. También ha anunciado fondos extraordinarios y reformas relacionadas con extranjería y asilo.

Pero mientras Moncloa intenta proyectar una imagen de control y coordinación, las versiones contradictorias de dos ministros y de la propia Delegación del Gobierno trasladan precisamente la imagen opuesta. El debate ya no gira exclusivamente alrededor de la presión migratoria o de la actuación de Marruecos, sino sobre las responsabilidades dentro del propio Ejecutivo y sobre por qué las señales existentes no derivaron, en su caso, en una respuesta preventiva.

La oposición ha encontrado en esa fractura un argumento para intensificar su ofensiva contra Pedro Sánchez. El PP ha denunciado una “guerra interna” en el Gobierno y ha utilizado las contradicciones entre Robles y Marlaska para cuestionar tanto la gestión previa a la llegada masiva como la cadena de mando posterior. Alberto Núñez Feijóo ha contrapuesto precisamente la creación de un mando único en Ceuta con las discrepancias exhibidas públicamente por el Ejecutivo.

Robles, además, introdujo durante su comparecencia un elemento que amplifica el coste político de la crisis al pedir disculpas a los ciudadanos de Ceuta que se hayan sentido abandonados y admitir que, si existe ese sentimiento, algo se habrá hecho mal. Su mensaje contrasta con la posición más defensiva mantenida desde otros sectores del Gobierno y refuerza la percepción de que Defensa ha elegido una estrategia propia para afrontar la rendición de cuentas.

La consecuencia es que la crisis de Ceuta ya se libra en dos escenarios. Uno continúa sobre el terreno, donde el Ejecutivo trata de recuperar la normalidad y gestionar las consecuencias de la llegada masiva. El otro se desarrolla dentro del Gobierno, donde cada explicación sobre lo ocurrido abre nuevas preguntas sobre quién sabía qué, cuándo lo sabía y por qué no se actuó antes.

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