Vox había conseguido a lo largo de su corta vida operar de forma discreta, ocultando con éxito sus movimientos internos y el flujo de entrada y salida de dinero. Sin embargo, a Santiago Abascal podría habérsele ido la mano con las purgas y los otrora aliados, ahora expulsados, están cantando La Traviata. Los dirigentes ultraderechistas insisten en que están auditados por el Tribunal de Cuentas, pero un entramado de empresas paralelo está emergiendo y convirtiendo en inútiles los presuntos controles, al escaparse estas por debajo del radar.

"El problema surge cuando se crea todo un entramado en el perímetro del partido que no entra en las cuentas de Vox y, por tanto, la auditoría ya no es indicativa de nada […] Si tú desvías dinero del partido de manera masiva hacia un entramado que tiene intereses distintos del partido y cercanos a particulares, pues la auditoría es irrelevante", cargaba directamente el que fuera uno de los pesos pesados, Iván Espinosa de los Monteros, reclamando "ver euro por euro el dinero que sale de Vox, su destino último y su justificación".

Otro de los pesos pesados expulsados, Juan García Gallardo, daba respuesta al quién se está beneficiando de este proceder. “Esas personas son una parte relevante de la familia Ariza y de la familia Méndez-Monasterio, que han constituido toda una galaxia de sociedades mercantiles que se alimentan, a través de servicios al partido, de unos muy cuantiosos recursos públicos. Estas sociedades, en principio, son independientes, pero todas forman una especie de parapartido que está detrayendo y parasitando los recursos económicos de Vox”, acusaba el que fuera líder de la formación en Castilla y León.

Un entramado sobre el que ya se ha contado los casi 27.000 euros al mes que cobra Kiko Méndez-Monasterio, la coincidencia en sede social y participantes de múltiples sociedades instrumentales, los pagos editoriales a la mujer de Santiago Abascal y posibles sueldos extra del líder del partido. Este martes, ElPaís ha sumado una nueva línea de dinero que apunta al pago, por parte de Vox, de casi 1,3 millones de euros en un solo año a la empresa Tizona Comunicación, que une a Ariza y Méndez-Monasterio.

Esta misma empresa sin empleados es a través de la que, como reveló ElConfidencial, cobre su sueldo de asesor Méndez-Monasterio, “En teoría son meros proveedores, pero son quienes de verdad mandan en Vox. ¿Por qué? Porque son quienes tienen la interlocución directa. Quien negocia con los presidentes autonómicos es Méndez-Monasterio. Quien negocia con los líderes extranjeros es Ariza. Santiago es el aparente líder, el que en teoría lleva la batuta, pero me temo que está secuestrado por otros intereses”, apuntaba García Gallardo hace escasos días.

Ariza y Méndez Monasterio, en el bunker

Este entramado empresarial esconde tras de sí una denuncia recurrente entre quienes consiguen apartarse de Vox y contar desde fuera cuáles son los verdaderos intereses que mueven a los plenipotenciarios del partido. El control no se negocia. Y la tercera fuerza del arco parlamentario funciona como una máquina de represión al servicio de lo que se conoce como “el búnker”, una suerte de núcleo duro que ha acompañado a Abascal desde que llegó al poder y que se reduce, grosso modo, a dos apellidos: Ariza, padre e hijo, y los Méndez-Monasterio, tanto Kiko -asesor áulico y mano de hierro del presidente- como Lourdes, hermana mayor y representante -según las voces consultadas por este periódico- del ala más radical y ultracatólica del partido.

No son muchas las personas que se atreven a hablar públicamente en contra del partido. Por miedo a represalias –“te destrozan, con la verdad o la mentira”- prefieren hacerlo en privado: “Abascal es la cara visible, y efectivamente tiene una influencia y una fuerza, pero la corriente ideológica no la marca él”, especificaban hace un mes a ElPlural.com, cuando empezaron a airearse las fracturas, fuentes que otrora trabajaron en primera línea política del partido.

“Los Ariza, desde siempre, han influido fuertemente en Vox. De su primer perfilado, radicado en la lucha contra el aborto, nacieron asociaciones como Disenso. Otro ejemplo es Tizona, fundada por Ariza Jr., que era abiertamente la empresa de comunicación de Vox”, ejemplifica esta fuente. Palabras que demuestran que el poder de los apellidos reflejados en este artículo va más allá de los sueldos y dividendos de las sociedades limitadas radicadas en Nicasio Gallego, con tentáculos evidentes en el número 12 de la madrileña calle Bambú, sede nacional de Vox.

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