Actriz de formación, periodista de vocación y analista de trinchera. Marta Nebot repasa la actualidad política nacional sin morderse la lengua. Desde el circo de los pseudomedios en el Congreso hasta el futuro de la izquierda, pasando por el verdadero significado de un feminismo integrador y su propia lucha personal con la Ley ELA, Nebot disecciona el panorama actual con la contundencia, la ironía y la coherencia de quien ya no le debe nada a nadie.
Pregunta: Desde tu formación como actriz, tienes ojo clínico para detectar cuándo actúa un político. ¿Cómo valoras las interpretaciones actuales en el Congreso?
Respuesta: Hay de todo en la viña del Señor. A mí Esther Muñoz me tiene completamente intrigada. Ese papel de mala malísima de manual, tan de bruja de Hollywood de los años cincuenta, está totalmente ensayado frente al espejo de su casa. Sus sesiones de control no tienen nada de improvisadas, busca de forma milimétrica hacer saltar la calma del ministro Carlos Cuerpo, que aguanta como un auténtico campeón. Por su parte, Miguel Tellado interpreta al machote pasado de vueltas. Todos los partidos han tenido siempre un perro mordedor, pero Tellado no solo ladra fuerte, sino que se lleva los cachos y se los merienda detrás de la puerta. Es un caso digno de estudio: empezó con el BNG, vio que ahí no le iba bien y se pasó al lado de ser el que más chilla, insulta y cosecha titulares. No tiene ninguna vergüenza. Ha sido el hombre que más ha insultado a Junts en la historia y ahora nos tenemos que tragar que son un partido demócrata y pelillos a la mar.
P: ¿Ese viraje repentino del PP con respecto a Junts responde a puro cálculo electoral de fondo?
R: Por supuesto. Llevan en precampaña cuatro años, la ven cerca y se han dado cuenta de que con los votos de Vox no les llega, o que con Junts se lo apañan solos. Hay muchas más negociaciones de fondo de las que vemos de forma pública. Carles Puigdemont no consiguió todo lo que quería de este Gobierno progresista y probablemente cree que lo conseguirá del siguiente si viene de la mano de Alberto Núñez Feijóo. El PP no supo perder en 2018 y arrastra una sarta de males interna tremenda, incluida la caída de Pablo Casado por atreverse a denunciar la corrupción de Isabel Díaz Ayuso. Al mando se han quedado los menos púdicos y los más retorcidos. Lo asombroso es que, vendiendo de forma permanente que este Ejecutivo es corrupto y putrefacto, no tienen la seguridad absoluta de ganar. Están asustados de su propia sarta de mentiras.
P: Determinados pseudomedios intentan equiparar sus insultos y agresiones físicas en el Congreso con el periodismo gamberro y satírico que hacías en programas como Noche H. ¿Dónde está la frontera exacta?
R: Me duele profundamente que intenten meternos a todos en el mismo saco para justificar su basura. La línea divisoria es el respeto absoluto a la persona. En Noche H o Caiga quien caiga podías repreguntar seis veces con ironía y ser muy incómoda, pero jamás le faltabas al respeto a nadie, jamás agredías ni empujabas. Además, nosotros trabajábamos de verdad desde la acera de enfrente, gritando a dos metros del coche. Si lo hacías mal, sabías que la Guardia Civil te echaba y no volvías a entrar. Esta gente está metida dentro de las dependencias parlamentarias por la cobardía de las instituciones a coartar la supuesta libertad de expresión de la ultraderecha. Les dio miedo su victimismo y, en vez de aplicar pedagogía e inteligencia social, les siguieron la corriente pensando que los amaestrarían. No son amaestrables. Introducirlos en el Congreso ha sido generar un cáncer en la vida parlamentaria. No hacen periodismo gamberro, hacen partidismo ultra sin piedad, revientan normas básicas de convivencia y cierran mítines políticos. Son provocadores e influencers que buscan el clic y el vídeo viral. El periodismo busca una respuesta con valor social, la provocación busca el insulto donde no hay réplica posible.
P: ¿Crees que la polarización y la agresividad de este bloque ultra pueden darles la victoria en unas elecciones generales?
R: Las generales estarán muy reñidas por una pugna descarnada entre la rabia y el miedo. España está completamente partida por la mitad. Los casos reales de corrupción del PSOE quedarán en un segundo plano frente a los golpes judiciales injustos y desproporcionados, como la sentencia contra el fiscal general o las investigaciones a Begoña Gómez. Esto generará una profunda impotencia en el electorado progresista y provocará un voto de autodefensa, un voto del "no pasarán". Las políticas que pueden venir de la mano de PP y Vox si logran la mayoría absoluta son aterradoras: pretenden modificar leyes fundamentales como el aborto o la eutanasia, por no hablar de congelar el salario mínimo, las pensiones indexadas al IPC y frenar en seco las regularizaciones de inmigrantes. Como se huelen que pueden perder, ya agitan la tesis del pucherazo y ensucian la campaña de forma asquerosa. Están dinamitando los cimientos del Estado de derecho y la convivencia civil. Ya hay muchas familias en España donde está prohibido hablar de política porque se rompen.
P: Si Feijóo vuelve a fracasar en su intento de llegar a la Moncloa, ¿qué sucederá en las filas de la derecha?
R: Feijóo caería de forma inexorable por el precipicio al que lleva asomándose mucho tiempo. Se irá con sus millones a su casa bonita con salida directa al mar. Su intento de parecer moderado y ultra a la vez lo hace parecer bipolar y ha destruido su credibilidad por completo. Al final ha decidido ser el Vox de Madrid, imitando a Isabel Díaz Ayuso para robarle espacio a Santiago Abascal. Si cae, Juanma Moreno Bonilla emergerá como la gran alternativa. Su perfil moderado en Andalucía es pura fachada y estrategia de comunicación, pero le vende muy bien la burra a la galería. La pugna interna entre Moreno Bonilla y Ayuso será a muerte, solo puede quedar uno. Son dos formas distintas de vender el producto, aunque las políticas reales de fondo no disten tanto.
P: ¿Y qué futuro le espera al Partido Socialista si Pedro Sánchez deja de ser el líder del Ejecutivo?
R: Es una incógnita gigantesca. Si cae Sánchez, caería de golpe el noventa y ocho por ciento de la estructura actual del partido, porque las formaciones en España son megapiramidales, jerárquicas y verticales. El que manda coloca a los suyos en las listas. Sin embargo, no creo que suponga la vuelta automática de la vieja guardia de Felipe González, que maneja un discurso que roza la extrema derecha. La militancia de base ya no está con ellos, se desconectó de esa vieja guardia hace mucho tiempo. Si el PSOE pierde por poco y defiende bien su legado de avances económicos y laborales, la militancia mantendrá el bloque actual. Si hay un relevo en el futuro, intuyo que será alguien de perfil fresco y desconocido, tal vez desde Europa, alejado del ruido y del canibalismo actual.
P: Hablemos de avances sociales. ¿Cómo digieres este repunte del machismo y los discursos que demonizan el feminismo, especialmente entre los menores de edad?
R: Con mucha frustración y dolor. Para buscar consuelo miro la historia y compruebo que los avances sociales son pendulares: dos pasos adelante y uno atrás. Ahora sufrimos el empuje de grandes macroempresas multinacionales que controlan el mundo digital y alimentan este retroceso con intenciones políticas muy claras. Pero también debemos hacer autocrítica desde la izquierda. El feminismo cometió el error estratégico de no invitar a los hombres a la fiesta desde el primer momento. El feminismo no va contra nadie, viene a hablar de amor, de sensibilidad, de compañerismo y de mejorar la vida de todos. Cuando voy a una manifestación del 8M y veo a mujeres echando a los hombres de la pancarta, me encabrono profundamente. Nosotras debemos llevar el timón de nuestra lucha, por supuesto, pero sin excluir a los hombres, mostrándoles que perder ciertos privilegios patriarcales les ensancha la vida y los hace más felices.
P: ¿Por qué crees que cala con tanta facilidad este individualismo descarnado en la cultura juvenil frente a los valores colectivos?
R: El clima de época ha cambiado por completo. En nuestra juventud nos criamos en un idealismo donde queríamos salvar el mundo. Hoy los iconos de los jóvenes son futbolistas o estrellas de la música que se mueven en valores puramente egoístas y consumistas. Faltan algoritmos que pongan el foco en lo social y falta valentía en el mundo de la cultura. Por eso pongo tanto en valor a figuras como Manuel Carrasco, que se moja de forma pública defendiendo la sanidad pública o denunciando el genocidio palestino a pesar de arriesgar contratos en ayuntamientos de derechas. El individualismo puro solo conduce a la melancolía y a la soledad. Lo colectivo, lo ético y los valores de siempre nos hacen dormir mejor y nos hacen seres humanos más plenos.
P: En tu columna "Salir del armario" compartiste con valentía tu realidad familiar. ¿La Ley ELA es una protección real o un derecho que se queda en el BOE dependiendo de dónde vivas?
R: Sigue dependiendo de forma vergonzosa del código postal y se sostiene de manera casi exclusiva sobre la renuncia total y el sacrificio obligatorio de las mujeres de la casa. La igualdad real de la que nos hablaban se evapora por completo cuando llegan los problemas graves de dependencia doméstica. Socialmente te tocan las cargas más duras simplemente porque tienes tetas. Además, sufrimos una desconexión administrativa que es una auténtica ignominia. Las bases de datos de Asuntos Sociales y las de Sanidad no se cruzan en este país. La información no fluye y el Estado abandona a los enfermos por una falta de voluntad política intencionada para no destinar recursos. Es una crueldad inaceptable para una nación que se pavonea de ser el motor económico de Europa.
P: Para cerrar la charla, hagamos un balance rápido de tus etapas profesionales. ¿Qué te dejó tu experiencia como guionista en Sorpresa, sorpresa?
R: Me lo pasé en grande. Aprendí a utilizar el espectáculo televisivo para realizar una labor social real. Me especialicé en las secciones de reagrupación familiar, consiguiendo de verdad los papeles legales para que madres inmigrantes y sus hijos pudieran vivir juntos en España para siempre. Fue algo precioso que me acompañará toda la vida.
P: ¿Tu mítica etapa de reportera en Noche H?
R: El uso, disfrute y aprendizaje de la libertad de expresión en su máxima potencia. Conseguimos hacer un periodismo incómodo que lograba que el espectador en su casa se hiciera preguntas fundamentales ante la realidad social de este país.
P: ¿Tu etapa como colaboradora de Ana Rosa Quintana?
R: El inmenso orgullo de defender mi profesionalidad, mi perfil de izquierdas y mi manera de entender el periodismo contracorriente en un ambiente que no era el mío. Colisioné de forma directa con la presentadora de tal manera que acabó prescindiendo de mí, pero no agaché la cabeza a cambio de dádivas profesionales.
P: Y tu faceta original como actriz?
R: Un vacío creativo enorme que echo muchísimo de menos. Este periodismo militante en el que estoy metida te roba la vida por completo y te ata a la actualidad diaria sin dejarte respirar. Ojalá la vida me dé tregua pronto para regresar al teatro o a la música.
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