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OPINIÓN
España

La legislatura de la vivienda: el gran reto para el Gobierno

La vivienda ha pasado al centro de la legislatura y obliga a medir hasta dónde puede llegar el Ejecutivo con una mayoría parlamentaria tan frágil

DIEGO RUIZ RUIZ
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, llega junto a la ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez, al pleno del Congreso de los Diputados. EP

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, llega junto a la ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez, al pleno del Congreso de los Diputados. EP

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Ha tenido que ser el desahucio de Mari Carmen Abascal para que la vivienda sea definitivamente el punto central de la legislatura actual.

Ya lo anticipó Pedro Sánchez, que parece jugar en una liga diferente al resto de políticos de este país. Y acertó plenamente. Cabe recordar aquí varias cosas.

En primer lugar, no podemos olvidar que el actual Gobierno de coalición progresista ha sido capaz de llevar a cabo una promesa electoral del PSOE y de Pedro Sánchez: aprobar la primera Ley de Vivienda de la democracia, poner en valor el artículo 47 de la Constitución y crear la empresa pública estatal Casa 47 para blindar un parque público de alquiler asequible y gestionar la llamada “Operación Campamento”.

En segundo lugar, aunque el Gobierno ha asumido esta responsabilidad y ha adoptado estas medidas, no es menos cierto que las competencias en materia de vivienda recaen, en primer lugar, en las comunidades autónomas, seguidas de diputaciones provinciales y ayuntamientos a través de empresas públicas de vivienda que deben tener como objetivo construir viviendas sociales (viviendas de protección oficial - VPO -).

En tercer lugar, sería muy irresponsable decir que este problema se resuelve de la noche a la mañana, confundiendo a la gente. Tampoco puedes decir que el PSOE no hace nada en este ámbito cuando hay una comunidad autónoma como Cataluña que ha sabido leer la situación, siendo pionera en impulsar la declaración de zonas tensionadas. Si en Cataluña y en el Ayuntamiento de Barcelona, con Salvador Illa y Jaume Collboni, se ha tenido la voluntad de aplicar y exigir estas medidas, las demás instituciones pueden hacerlo; lo que hace falta es voluntad y capacidad política.

En cuarto lugar, enlazando con esta última idea, estamos viendo cómo una y otra vez hay una dejación de funciones flagrante por parte de las comunidades autónomas, en especial de las del PP. Esto se llama gestión y asunción de responsabilidades y competencias. Que todo un alcalde de Madrid diga que pregunten en Moncloa para saber cuál es la solución al problema gravísimo habitacional que existe en España es una falta de gestión tan grave que debería costarle el puesto en 2027.

En quinto lugar, las medidas aprobadas en el Consejo de Ministros son un acuerdo razonable y, en esto, hemos de reconocer y asumir que, entre no hacer nada, hacer lo mínimo, guardar un equilibrio entre la nada y el todo o irte a por el todo, debes tener en cuenta siempre en qué situación parlamentaria estás. La actual no te permite poner condiciones en términos maximalistas. De ahí el acierto de separar las medidas en dos decretos: para salvar lo posible frente a lo inviable. Es imposible de otra manera. No te dan los números; aparte de que, desgraciadamente, el idealismo y la utopía marxista están muy bien, pero solo en la teoría. En la práctica, la política es otra cosa, desgraciadamente. La vida es real. No ideal. Nunca lo es, salvo cuando somos niños y creemos que sí lo es.

Y no solo de números: estando como estamos en un Estado y un Parlamento plurinacional y diverso, donde la gran fragmentación hace imposible, además, que un acuerdo solo de las izquierdas haga viable la votación, tienes que ser muy flexible y ceder en determinados aspectos si quieres conseguir avances importantes. Aun así, caben críticas razonables y bien argumentadas sobre lo que algunos gobiernos autonómicos deberían hacer siguiendo el ejemplo de Cataluña y Barcelona. Hemos de reconocer, a modo de autocrítica, que queda una tarea pendiente y que declarar como zona tensionada aquellos territorios con precios desorbitados es una obligación que no pueden seguir eludiendo.

Yo ya superé mi etapa fantasiosa, idealista, soñadora y del “todo se puede”. Desgraciadamente, no puedes tener todo en la vida real. En la ideal sí, pero es que, de tejas abajo, como diría un profesor mío de instituto con experiencia en política también, tú no puedes creer que en la negociación te van a dar todo lo que pidas, puesto que en el tema de la vivienda hay muchos factores a tener en cuenta, como son los inquilinos, los arrendatarios, la renta, las cargas fiscales, etcétera. Y cuando te encuentras con el todo en su conjunto, ves que no todo es posible.

Sí apoyo totalmente la idea de combatir el gravísimo problema de los llamados “fondos buitre” y, para ello, seguramente habrá que estudiar qué puntos legales se pueden tocar para abordar este problema, pero volvemos a lo mismo: para alcanzar un gran acuerdo, la fuerza mayoritaria debe contar con una base electoral propia mucho más estable y, a día de hoy, no la tiene ningún partido. Decir otra cosa sería hacerse trampas al solitario.

Como conclusión a todo esto, aparte de voluntad política, hace falta algo muy importante: pasar de la protesta, la movilización y la indignación a la acción, que no es otra que votar a partidos políticos que se pongan del lado de las necesidades de la mayoría para que puedan ofrecer mejores soluciones. La abstención y la desmovilización en las urnas favorecen precisamente a aquellos que están del lado de los grandes tenedores de vivienda, bancos y rentistas.

No caigan en el mismo error del 15-M. Indignarse, protestar en las calles o hacer huelgas está muy bien, pero si luego no vamos a votar, saldrán los representantes de quienes han creado este problema, pues, a más escaños de la izquierda, más posibilidades habrá de que estas medidas sociales salgan adelante. El derecho de manifestación y de protesta es útil, sí, pero el del voto es, sin duda, el más eficaz que tiene un sistema democrático. Lo demás es creer en el sexo de los ángeles.

No desperdiciemos al mejor presidente del Gobierno de la democracia ni al Ejecutivo que más avances sociales está trayendo a nuestro país, por favor.

Bastantes errores ha cometido la izquierda en su historia como para cometer uno que puede ser fatal.

Como tarea que debemos encomendarnos los socialistas, en particular, es abrir todas las casas del pueblo que tenemos repartidas a lo largo y ancho de España y explicar a la gente en general qué hacemos, cómo lo hacemos, para qué lo hacemos y, sobre todo, por qué es importante votar al PSOE. Por ejemplo, para que la vivienda deje de ser un problema. En nuestras manos como militantes de este partido que somos está.

Dicho todo esto y tras consumarse el rechazo a estos dos reales decretos en el Parlamento, resuenan tambores para unas inminentes elecciones generales, pero olvidan una cosa: Pedro Sánchez, como presidente del Gobierno que es, tiene la potestad de adelantar elecciones o agotar la legislatura. Mal asunto para el otro lado del tablero de ajedrez, porque saben que a quien tienen enfrente es seguramente el ‘Bobby Fischer’ de la política y quién sabe si esto es una película donde el jefe del Ejecutivo tiene de su parte a un tal Iván Redondo que - de plató en plató y con su Manual bajo el brazo - sigue comportándose como Robert Redford, susurrando al caballo ganador que habita en La Moncloa.

 

Diego Ruiz Ruiz es militante del PSOE de Toledo capital

Etiquetas Vivienda