Los proyectos progresistas de índole nacional, derivados de un 15-M que acaba de cumplir 15 años, están agonizando. Andalucía se ha convertido, con los resultados electorales de este domingo, en un territorio más donde se certifica que la ciudadanía ha dejado de confiar en aquellos que prometieron asaltar los cielos, realidad que se replica a lo largo y ancho de Europa, y se quedaron a las puertas, sujetando, en sus diferentes versiones, a un PSOE que, pese a su desgaste, resiste gracias a su músculo histórico y sistémico.

El voto de los fieles sujeta a los socialistas en los peores momentos, pero formaciones como Podemos y Sumar no han conseguido asentar esa base, al albur de una coyuntura que ahora es favorable a la extrema derecha. Izquierda Unida (IU) podía presumir históricamente de su suelo de algo más de un millón de votos, pero el tiempo ha pasado y diluirse entre otras marcas lo ha difuminado, relegando sus siglas incluso en Andalucía, donde siempre gozó de mucha fuerza gracias al empuje del Partido Comunista (PCE) y de sus líderes históricos.

La unidad de múltiples siglas parece ya un ejercicio de maquillaje y supervivencia que no consigue ocultar las pugnas nacionales, la apuesta práctica por mínimos o la falta de presencia continuada en las regiones. La situación económica de la clase trabajadora es dramática desde hace años, principalmente por el precio de la vivienda, y el discurso de rebeldía pierde credibilidad después de participar del Gobierno desde 2019. Funcionar como acicate del PSOE, para que vire un poco más a la izquierda, tampoco convence ni dentro ni fuera.

Ante este escenario, las izquierdas regionalistas y nacionalistas se relamen. Desprovistas de una mochila cargada de caras que ya no generan la esperanza de antaño, de los reproches que genera el ejercicio de gobernar, marcas como Adelante Andalucía se convierten en la principal alternativa a la izquierda del PSOE. El discurso marcadamente regionalista, enfocando problemas estructurales desde su afectación en el territorio, está funcionando, aunque no lo suficiente como para ser algo más que la cuarta opción, a mucha distancia de la extrema derecha.

Andalucía certifica lo visto en otros territorios

Adelante Andalucía, capitaneada por José Ignacio García, ha mejorado sustancialmente sus resultados, en comparación con 2022. El partido ha cuadriplicado sus escaños, situándose en los ochos sillones, ha obtenido 401.732 votos, casi 250.000 más que hace un año, y se ha disparado hasta el 9,62%, creciendo dos puntos porcentuales. En sentido contrario, el Por Andalucía de Antonio Maíllo, que agrupaba a todas las formaciones nacionales a la izquierda del PSOE, ha sido la única opción que, pese a crecer la participación, ha perdido votos, aunque mantiene sus cinco escaños.

La imagen es casi calcada a la que resultó de los comicios de Aragón, celebrados hace algo más de tres meses. En aquella cita, donde IU y Sumar concurrieron separados de Podemos, tan solo se obtuvo un escaño y, en suma de ambos bloques, ni siquiera un 4%. La principal beneficiada fue la Chunta Aragonesista de Jorge Pueyo, que duplicó sus votos, porcentaje de voto y sus representantes, pasando de tres a seis. Si bien, una vez más, la máxima aspiración parece ahora el cuarto lugar.

En Castilla y León la debacle fue absoluta. En Extremadura, lo que podría parecer una meritoria excepción es, cuando el análisis baja al terreno, una confirmación del momento que vive la izquierda alternativa. En tierras extremeñas, Irene de Miguel, de Podemos, consiguió sumar tres escaños, ubicándose en los siete, y disparar tanto su porcentaje como sus votos totales. Si bien esto no puede achacarse a otra cosa que no sea una candidata totalmente reconocible en el territorio.

Desde 2015, Irene de Miguel trabaja dentro de Podemos para defender una alternativa Extremadura, encabezando la candidatura desde 2019. Los pueblos y sus gentes la conocen y las derivas nacionales de la formación, o los cambios de tendencia electoral, no han impedido que continuase su trabajo desde un marcado regionalismo. La realidad coyuntural parece clara y todo apunta a que se replicará en otros territorios (Galicia, Cataluña, Comunidad Valenciana, Madrid, etc.) ante la inoperante mirada de una izquierda nacional que no está sabiendo reaccionar. Con el peligro que supone para un espacio la falta de un proyecto de vertebración nacional

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