A pesar de la presión social que hubo a principios de año tras el accidente de Adamuz, Óscar Puente logró mantenerse fuerte y firme ante la multitud de críticas que llegaban contra su persona y modelo de gestión del Ministerio de Transportes, permaneciendo en el Gobierno de España pese a la magnitud del accidente acontecido. Ahora bien, desde entonces, la presión que se venía ejerciendo ya previamente sobre él y su posición al frente de la red española de trenes, ante al cantidad de incidencias que se vienen dando desde hace un tiempo, no hizo sino aumentar notablemente, habiendo sino el reclamo de su dimisión una constante en estos meses.
Las críticas al ministro de Transportes vienen siendo una constante día tras días durante este año, habiéndose tornado el trágico accidente de Urda, el segundo con multitud de víctimas en menos de un año y teniendo lugar en la misma línea ferroviaria que el de Adamuz, en el último golpe que Puente ya no ha logrado esquivar y terminando por ser el que definitivamente le ha llevado a presentar su renuncia. En la noche de este martes y ante la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados, el vallisoletano comunicaba no solo su decisión de abandonar el Gobierno de España, sino también borrar su nombre de las listas electorales que se presentarán en las urnas el próximo 29 de noviembre.
No obstante, antes de dar el último adiós, Puente quiso hacer por última vez aquello que tanto le ha permitido progresar en su carrera política en estos últimos años, volviendo a tornarse uno de los mejores aliados de Sánchez y un fiel escudero que se ha mantenido de manera constante al lado del presidente del Gobierno y preparado para ejercer como una especie de guardia personal.
De esta manera, Puente quería dedicar sus últimas palabras en el Congreso de los Diputados para animar a los votantes a dar su apoyo a la candidatura de Sánchez. Tras agradecer la que definió como "la confianza sin límite" que el líder del Ejecutivo nacional le ha venido dando, señalando que este también es un momento triste para él en el "camino de luces y sombras" que es la vida y la política, el recién dimitido ministro de Transportes hacía un llamamiento a "todos los progresistas de este país" a impulsarle de nuevo al Gobierno, asegurando que "ayudándole a él nos ayudamos todos".
Según subrayaba Puente, la sociedad española afronta "un momento crucial como país". Tal y como exponía, "este es un momento de dolor colectivo", pero sostenía que el dolor no ha de paralizar ni hacer caer en la desesperanza y, menos aún, entregar España "a los que solo quieren sacar provecho de ese dolor para alcanzar el poder y arrebatarnos lo que ha costado tantas décadas de esfuerzo conquistar. Los servicios públicos nunca se fortalecen con recortes".
En este sentido, Puente expresaba que "se pueden y deben mejorar las cosas, ese reto siempre está ahí, pero quienes asoman como alternativa no resolverían ninguno de los problemas que existen y que están aquejando a nuestra sociedad. Al contrario, crearían otros o agravarían los existentes". Así, concluía afirmando con rotundidad que "un Gobierno de esas características será desastroso para nuestro futuro. Confío en que mi país sabrá estar a la altura".
El recuerdo de Jorge Coelho y "una culpa que no puede morir soltera"
La dimisión de Óscar Puente, aunque podía vislumbrarse ante los acontecimientos vividos, pilló a muchos por sorpresa, hasta tal punto que, según se está apuntando en los medios de comunicación, Pedro Sánchez no conoció su intención de renunciar hasta unos minutos antes de la comparecencia del ministro de Transportes en el Congreso de los Diputados.
Puente compareció ante la Diputación Permanente durante cuatro horas, no siendo hasta el final cuando hizo pública su dimisión, la cual introdujo recordando una tragedia vivida en Portugal en el año 2001, cuando se derrumbó el puente Hintze Ribeiro, un viaducto metálico que se construyó en 1887 para unir la ribera norte del Duero, provocando la muerte de 59 personas. Aquel suceso hizo que Jorge Coelho, quien fuera ministro en el país vecino entre 1995 y 2001, ejerciendo como titular de las carteras de Presidencia y Equipamiento Social (infraestructuras) entre 1999 y 2001, presentara su dimisión.
Recordando este suceso, Óscar Puente quiso hacer referencia a una de las frases que Coelho pronunció al presentar su dimisión, queriendo poner sobre la mesa una de las proclamas que el portugués dejó en aquel momento y recalcando aquello que dijo de que "la culpa no puede morir soltera".
En el final de su intervención ante la Diputación Permanente, Óscar Puente aseguró que su decisión "es de dignidad política, es buena para el país y es buena para la democracia. Una democracia madura, de un país fuerte, próspero y moderno, no un Estado fallido como algunos sostienen. Una democracia en la que la ciudadanía reclama dignidad a la política". Así, el ministro de Transportes presentaba públicamente su renuncia señalando que no es cierto que todos los políticos sean iguales y remarcando que "esa es una falacia que solo usan quienes quieren conducir a la sociedad a la desconfianza en la propia democracia... Los que acuñan frases falsas como 'solo el pueblo salva al pueblo'. Mentira, al pueblo le salva un Estado fuerte, justo y con unos buenos servicios públicos. El pueblo solo salva al pueblo en las urnas, votando a los que le apoyan, no a los que solo quieren utilizarlo para perpetuar los privilegios de una minoría".
Mi decisión lo único que pretende es estar a la altura. A la altura de mi partido y, sobre todo, a la altura de los que me precedieron
Puente también quiso dejar un último recado antes de marchar. No dio nombres, pero sí que cargó en sus palabras contra algunas figuras de la política española, las cuales están resultando controvertidas a día de hoy. "Les confieso que siempre he sentido tristeza al asistir al espectáculo que están dando algunos que fueron grandes para mi partido o para mi país y ahora se creen aún más grandes que ambos. No lo son, se equivocan", expresó.
Una vez dicho esto, Puente terminaba el anuncio de su renuncia haciendo un llamamiento "a los militantes del PSOE", a los que definió como "la gente más humilde y más generosa que he conocido", pidiéndoles y animándoles a "estar unidos y orgullosos".
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