Alberto Núñez Feijóo quiere que ganar unas elecciones tenga una recompensa adicional. No le basta con que la candidatura más votada obtenga la mayor representación parlamentaria: también propone concederle diputados extra para facilitar la formación de gobierno. Una vieja aspiración del líder del PP que encuentra ahora un referente en Italia, donde Giorgia Meloni acaba de sacar adelante una controvertida reforma electoral que premia con escaños adicionales a las coaliciones vencedoras y que ha provocado una fuerte contestación política por sus posibles efectos sobre la proporcionalidad democrática.
Feijóo lleva años defendiendo esta fórmula, que volvió a poner sobre la mesa recientemente durante una entrevista en esRadio. El líder del PP insistió entonces en la conveniencia de modificar el sistema electoral español para introducir una prima de mayoría, siguiendo el ejemplo de Italia o Grecia. "Un partido que gana las elecciones tiene que tener un plus de diputados, modelo italiano o modelo griego para facilitar la estabilidad. No hay ninguna duda", aseguró. El dirigente popular reiteró así una vieja reivindicación que ha mantenido a lo largo de los últimos años y se mostró partidario de acometer una reforma más amplia de la legislación electoral, aunque descartó que pudiera llevarse a cabo mediante un acuerdo con el actual PSOE.
Ponte una peluca rubia y hazte llamar Alberto Meloni o una tripa falsa de relleno y te cambias los apellidos a Feijóo Orban. En Europa eso solo lo han hecho dos líderes de extrema derecha en Italia y Hungría. Debería darte vergüenza plantearlo siquiera. https://t.co/zYISI7vbac
— DavidGarridoBazan (@DavidGarridoBaz) October 14, 2026
El argumento de Feijóo gira alrededor de la gobernabilidad. A su juicio, conceder una ventaja parlamentaria a la candidatura vencedora permitiría reducir las dificultades para alcanzar mayorías y evitar los bloqueos posteriores a las elecciones. Sin embargo, la propuesta introduce un elemento especialmente delicado: que el resultado de las urnas no se traduzca únicamente en los escaños correspondientes a cada formación, sino que el vencedor reciba una bonificación adicional. El PP tampoco ha aclarado cuántos diputados supondría ese premio ni qué porcentaje de votos sería necesario para obtenerlo.
La reivindicación adquiere especial significado tras las elecciones generales de julio de 2023. Entonces, el PP consiguió 137 diputados y se convirtió en la primera fuerza del Congreso, pero Feijóo no logró reunir los apoyos necesarios para ser investido. Pedro Sánchez, pese a quedar por detrás en escaños, consiguió posteriormente una mayoría parlamentaria mediante acuerdos con otras formaciones. La diferencia entre ganar las elecciones y reunir los apoyos necesarios para gobernar vuelve así al centro de una propuesta que cuestiona algunos de los equilibrios del sistema parlamentario español.
Italia concede el premio, pero la oposición denuncia el cambio de reglas
La reforma electoral aprobada definitivamente por el Parlamento italiano el pasado 8 de octubre ofrece un ejemplo concreto de lo que supondría introducir una prima de mayoría. El nuevo sistema, impulsado por el Gobierno de Giorgia Meloni, sustituye el anterior modelo mixto por uno proporcional que contempla un premio de 70 escaños en la Cámara de Diputados y otros 35 en el Senado para la coalición que supere el 42% de los votos, con límites para evitar mayorías excesivamente amplias.
La primera ministra defiende que el cambio facilitará gobiernos estables y reducirá la necesidad de prolongadas negociaciones después de las elecciones. Sin embargo, la aprobación de la norma, respaldada por 227 diputados frente a 164 votos en contra, ha estado acompañada de una importante controversia política. Los partidos italianos de centroizquierda consideran que la reforma distorsiona la representación parlamentaria y beneficia a las grandes coaliciones en detrimento de una distribución estrictamente proporcional de los votos.
Las críticas han ido más allá del enfrentamiento entre Gobierno y oposición. La nueva legislación, conocida popularmente entre sus detractores como Melonellum, también ha suscitado dudas sobre su constitucionalidad. Las fuerzas opositoras han anunciado su intención de llevarla ante el Tribunal Constitucional italiano, mientras que las controversias sobre la configuración del Senado, el sistema de candidaturas y la representación femenina han ampliado el debate sobre el alcance de los cambios.
La reforma tampoco garantiza necesariamente una ventaja exclusiva para Meloni. Al premiar a la coalición que supere el umbral establecido, también podría beneficiar a una alianza de izquierdas capaz de reunir suficientes apoyos. Lo que sí hace es alterar el valor parlamentario de los votos mediante una bonificación que sus defensores justifican por la estabilidad y sus críticos consideran una distorsión de la representación electoral.
El obstáculo constitucional de la receta de Feijóo
La traslación de ese modelo a España plantea dificultades adicionales. El artículo 68 de la Constitución establece que la elección al Congreso debe realizarse en cada circunscripción atendiendo a criterios de representación proporcional. Aunque el sistema español ya introduce diferencias entre el porcentaje nacional de votos y el reparto de escaños por el peso de las provincias, añadir una prima para la fuerza más votada supondría incorporar otro mecanismo de ventaja electoral.
La cuestión no es menor. Una reforma de estas características abriría interrogantes sobre su compatibilidad con el mandato constitucional de proporcionalidad y sobre la eventual necesidad de modificar la propia Carta Magna. Los expertos han señalado anteriormente estas dificultades, que Feijóo no ha resuelto al reiterar su propuesta. Tampoco ha explicado cómo se integrarían los diputados adicionales en un Congreso de 350 escaños o si el premio estaría reservado a partidos individuales o también a coaliciones.
Existe, además, una diferencia relevante entre la reforma italiana y las declaraciones del líder popular. Meloni ha establecido un umbral concreto del 42% para acceder a la bonificación parlamentaria. Feijóo, por el contrario, se ha limitado a reclamar diputados adicionales para quien gane las elecciones, sin precisar si bastaría con imponerse por un margen estrecho o si exigiría un respaldo electoral mínimo.
El presidente del PP lleva años defendiendo que la lista más votada tenga prioridad para gobernar, una posición que ya sostenía antes de llegar a la dirección nacional de su partido. La propuesta de una prima parlamentaria va, no obstante, un paso más allá: no se limitaría a facilitar políticamente la investidura del vencedor, sino que modificaría la distribución de los escaños que determina las mayorías del Congreso.
Un premio al ganador en un sistema que ya reparte ventajas
El debate adquiere una dimensión particular en España, donde el sistema electoral ya introduce diferencias entre los votos obtenidos y la representación parlamentaria. La distribución provincial de los escaños, el mínimo de diputados asignado a cada circunscripción y la aplicación del método D'Hondt hacen que el porcentaje de votos de un partido en el conjunto del país no se corresponda necesariamente con su peso en el Congreso. La fórmula de Feijóo añadiría una bonificación expresa al vencedor sobre un sistema que ya presenta desproporcionalidades, sin que el PP haya aclarado cómo se aplicaría ni qué efectos tendría sobre el resto de las candidaturas.
La reforma también podría alterar el papel de los partidos minoritarios y territoriales, cuya representación ha resultado decisiva para conformar distintas mayorías parlamentarias. Una prima de escaños reduciría, dependiendo de su alcance, la necesidad de negociar con estas formaciones, aunque tampoco garantizaría que el ganador pudiera gobernar en solitario. La cuestión de fondo es hasta qué punto debe traducirse la victoria electoral en una ventaja parlamentaria adicional cuando la candidatura más votada puede estar lejos de reunir el respaldo de la mayoría de los electores. En el modelo que propone Feijóo, quedar primero no solo supondría obtener más diputados que los rivales: también permitiría recibir escaños que no se derivan directamente del reparto proporcional de los votos.
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