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1. La montería
Erraron, el presidente Pedro Sánchez el primero, quienes pensaban que la dimisión del ministro Óscar Puente haría de él la pieza más valiosa del morral de alimañas cobradas durante la intensa cacería electoral que los monteros de la partida del 29-N desplegarán por los campos de España durante las próximas tres semanas. ¿Erraron? Más bien erramos. Defendíamos ayer, y valga este ayer por el domingo pasado 31 de octubre, que el hoy ya exministro Óscar Puente no debía dimitir, que no había suficientes mimbres para trenzar tan irreparable cesto. Pero lo hizo. Lo hizo, además, cuando nadie lo esperaba, ni siquiera el propio presidente. Noticia bomba: un ministro del Reino de España se aplica a sí mismo el Manual de Responsabilidades Políticas.
2. El cisne gris
El martes pasado, Óscar Puente llegó a la Diputación Permanente del Congreso como ministro y cuatro horas después salió de ella como cisne negro. Ya conoce el improbable lector la célebre teoría del financiero y matemático Nassim Nicholas Taleb según la cual los acontecimientos más decisivos suelen ser los que nadie puede prever: son raros, tienen serias consecuencias y, a posteriori, mucha gente considera que eran perfectamente previsibles. Ciertamente, los cisnes negros de Taleb tienen un impacto extremo, lo que no es el caso de la dimisión de Puente, así que dejémoslo en cisne azul oscuro casi negro, en cisne gris si se quiere.
3. Mala gente
Buena parte de la derecha piensa que Sánchez y Puente hicieron un pariré, un teatrillo ideado para que nos tragáramos el anzuelo de que se trataba de un valiente, doloroso, ejemplar ejercicio de honestidad personal y coherencia política, cuando en realidad, piensan observadores no siempre exactos pero siempre útiles como Casimiro García Abadillo y muchos otros, no había “ni una gota de sinceridad en su dimisión (…), solo cálculo político. La verdad –remataba el periodista– es que da bastante asco”. Por su parte, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, añadía de su cosecha un argumento más que ayudaría a explicar el por qué de tamaña farsa: porque tanto el presidente como su ministro de Transportes son “mala gente”.
4. ¿Pistolas humeantes? ¡Ja!
Nos lo enseñó su gestión de catástrofes como el 11-M o la dana de Valencia: hay determinadas cosas que la derecha decide firmemente no creer, decide no creerlas no ya en el momento en que tales cosas están ocurriendo, sino no creerlas nunca, en ningún caso, da igual que le pongan delante pruebas inequívocas de lo contrario, da igual que le enseñen la pistola humeante: dirá que el arma es de cartón y el humo de mentira. No creen determinadas cosas porque necesitan no creerlas, porque hacerlo los obligaría a mirarse en el espejo y saben de antemano que no les gustaría lo que tendrían que ver. Dado que no pueden ser tan obtusos como para no sospechar que los motivos aducidos por Puente son bastante verosímiles, necesitan que su dimisión sea insincera, fruto del cálculo político, de la maquinación electoral, pues solo así podrán justificar las dimisiones que ellos nunca materializaron, equiparando la una y las otras: vale, de acuerdo, los nuestros no dimitieron por cálculo político, pero Puente ha dimitido por lo mismo, por cálculo político, no por exigencias éticas.
5. El Manual
Se entiende que la dimisión de Puente haya descolocado a la derecha, porque también ha descolocado a la izquierda. Quizá el primero al propio presidente Sánchez, de quien por cierto sería impensable una conducta similar. Con su dimisión el ministro socialista ha puesto en circulación en el mercado nacional el Manual de Responsabilidades Políticas, un breviario con mucho predicamento en las democracias del norte, pero poco leído y casi nunca aplicado en la nuestra. Los estrategas de campaña del PSOE se han apresurado a presumir de Manual, no tanto porque crean a pies juntillas en los preceptos que contiene como porque la dimisión de Puente les da la oportunidad de ponerse estupendos.
6. Restar, sumar, multiplicar
La dimisión de Puente parece sincera porque, en principio, operaba no solo en su contra sino en contra de su partido. El ministro es un hombre muy de partido, incluso, como diría Rajoy, un hombre mucho de partido, y no podía dejar de temer que su decisión, arriesgadamente unilateral, mermara la expectativas electorales del PSOE. Lo singular de esta dimisión es que está operando de manera diametralmente contraria a como cabía esperar. Sánchez la temía porque equivaldría a admitir una culpa del Gobierno en el accidente ferroviario de Urda que, hoy por hoy, está muy lejos de demostrarse. Se equivocaba. La renuncia de Puente, su puesta en escena y el modo en que han sido percibidas e interpretadas por la ciudadanía indican que estábamos equivocados: no sabemos si su continuidad habría sido un lastre, pero es seguro que su renuncia supone todo lo contrario. La dimisión de Puente no resta, más bien suma, puede incluso que multiplique.
7. Bicho malo…
La dimisión se ha producido, además, en un momento delicado. La derecha no puede no estar preocupada. Lo sucedido en Serbia, Israel, Brasil o Estados Unidos es mal augurio. En sus pesadillas de estas largas noches de noviembre a Feijóo y Abascal se les aparece un Pedro Sánchez que recuerda a esos personajes de las películas a los que les disparan un montón de tiros, pero no hay manera de que mueran. Cuando el personaje es un malo malísimo, como el androide T-1000 del ‘Terminator 2’ de James Cameron, al final muere, pero cuando el tiroteado es bueno, como el poli encarnado por Russell Crowe en L.A. Confidencial, logra salvar el pellejo. La derecha piensa que Sánchez merece morir porque es peor, mucho peor que ese malvado androide de metal líquido que cambia de forma a voluntad; la izquierda lo ve más como el poli de L.A. Confidencial que, bastante magullado pero vivo, al final se va con la chica.
8. Temer, soñar, tal vez ganar
¿Qué sucederá el 29-N? ¡Quién sabe! A pesar de las encuestas, hoy la izquierda sueña y la derecha teme. Es quizá ese temor lo que la lleva a cometer tantos errores, a desbarrar sin freno. Aunque la competición es feroz, quien disparata con mayor contumacia es el secretario general del PP, Miguel Tellado. La última: “El 29 de noviembre la democracia echará a toda esta mafia. La decencia se impondrá a la delincuencia y la gestión, a la corrupción”. El PSOE debería hacer todo lo posible por provocar a Tellado para que hable más, todos los días a ser posible. Cada vez que lo hace, Pedro Sánchez suma un puñado de votos.




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