El escenario internacional atraviesa uno de sus momentos más sombríos de la década, y la diplomacia española ha decidido dar un paso al frente con una narrativa de contención y realismo crítico. En sus últimas comparecencias, el ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación y Unión Europea, José Manuel Albares, ha dibujado un panorama preocupante donde los "indicios no son buenos" y la sombra de una "guerra perpetua" parece cernirse sobre Oriente Medio.

El "error" de la seguridad militar

Albares ha sido inusualmente directo al calificar de "grave error" la estrategia del Gobierno de Benjamin Netanyahu. Según el ministro, Israel ha caído en la falacia de creer que la seguridad solo se alcanza mediante el poder bélico. España sostiene que la historia es una maestra implacable: la creación de "zonas de seguridad" en suelo libanés —un país cuya soberanía el ministro ha defendido con firmeza— no ha hecho más que exacerbar la inseguridad del propio Israel en el pasado.

"El pueblo de Israel tiene derecho a la seguridad, pero también lo tienen el resto de países", sentenció Albares en La hora de la 1 de TVE, estableciendo una equivalencia de derechos que choca con la narrativa de excepcionalidad bélica.

Autonomía estratégica y el papel de Europa

Uno de los puntos más relevantes del discurso de Albares es la reafirmación de la soberanía nacional en la gestión de sus activos estratégicos. Ante las dudas sobre el uso de las bases militares en suelo español, el ministro fue tajante: "Las decisiones sobre las bases las toma España". Esta declaración de independencia se extiende a la negativa de participar en ciertas coaliciones en el Estrecho de Ormuz, una zona donde la paz, según Exteriores, depende críticamente de que potencias como EE. UU. e Irán se sienten a la mesa de negociación.

España no se ve sola en este camino. El ministro asegura que "la mayoría de los países están siguiendo la postura española", una visión que prioriza la desescalada y evita verse arrastrados a un conflicto que, en palabras del gabinete, "no es nuestra guerra".

Más allá de Oriente Medio: Cuba y la economía de guerra

La política exterior española no descuida sus lazos históricos. Albares ha puesto especial énfasis en la "dolorosa" situación que atraviesa Cuba, reafirmando el compromiso de no abandonar a la isla y confirmando el envío de un segundo paquete de ayuda humanitaria.

En el plano doméstico, la diplomacia se entrelaza con la economía. El Gobierno ha trasladado a Bruselas la necesidad de mantener la presión sobre las grandes compañías energéticas mediante impuestos a sus beneficios extraordinarios, una medida que busca proteger a la ciudadanía de las réplicas económicas de la inestabilidad global.

La gestión de las crisis actuales —desde la evacuación de ciudadanos en Irán hasta la mediación en la UE— busca proyectar la imagen de un "Gobierno preparado". 

Sin embargo, el mensaje de fondo es de una cautela extrema. Con la mediación internacional en horas bajas y los estrechos estratégicos bajo amenaza, España intenta consolidar un bloque de moderación en Europa, convencida de que solo la cooperación, y no las armas, podrá detener la inercia hacia un conflicto sistémico.

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