España ha entrado por primera vez entre los 15 países del mundo con mayor gasto militar, según los nuevos datos publicados por el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, el SIPRI. El informe sitúa al Estado español en el puesto número 15 del ranking global tras elevar su gasto hasta los 40.200 millones de dólares en 2025, una cifra que supone un incremento del 50% respecto al año anterior y que coloca al país dos posiciones por encima de la que ocupaba en 2024.

El salto no es menor. En términos de Producto Interior Bruto, España habría alcanzado una carga militar del 2,1% del PIB, superando por primera vez en décadas la barrera del 2% que la OTAN venía reclamando a sus Estados miembros. El SIPRI vincula este crecimiento al Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa aprobado por el Gobierno en abril de 2025, al que se asignaron 11.800 millones de dólares durante ese ejercicio.

La entrada de España en este grupo de países se produce en un contexto de rearme acelerado en Europa, marcado por la guerra en Ucrania, la presión de la OTAN y el giro estratégico de la Unión Europea hacia una mayor autonomía militar. A escala mundial, el gasto militar alcanzó en 2025 los 2,887 billones de dólares, un 2,9% más en términos reales que en 2024, encadenando así el undécimo año consecutivo de aumentos.

El rearme europeo empuja a España al club de los grandes gastadores

El ascenso español en la clasificación llega después de años en los que Madrid figuraba entre los socios de la OTAN con menor gasto militar en relación con su PIB. En 2025, sin embargo, el Gobierno de Pedro Sánchez aceleró los plazos y anunció que España cumpliría ese mismo año el objetivo del 2%, que inicialmente estaba previsto para 2029. La decisión supuso un aumento de 10.500 millones de euros destinado a telecomunicaciones, ciberseguridad, equipamiento militar, mejora salarial y ampliación de efectivos.

El cambio de ritmo coloca a España junto a potencias consolidadas del gasto militar. Según la clasificación recogida por el SIPRI, Estados Unidos continúa liderando el ranking mundial, seguido por China y Rusia. Alemania, India, Reino Unido, Ucrania, Arabia Saudí, Francia, Japón, Israel, Italia, Corea del Sur y Polonia completan la lista antes de España. En conjunto, los tres primeros países —Estados Unidos, China y Rusia— concentraron el 51% del gasto militar mundial en 2025.

Para España, el dato tiene una lectura política de primer orden. El Gobierno defiende que el aumento responde a un escenario internacional más inestable y a la necesidad de modernizar capacidades estratégicas. No obstante, el salto en gasto militar llega en plena discusión sobre las prioridades presupuestarias del país y abre un debate incómodo para el Ejecutivo de coalición: hasta qué punto el incremento en defensa puede convivir con el refuerzo del Estado del bienestar, la vivienda, la sanidad o la educación.

La cuestión no es solo contable. El gasto militar español ha aumentado un 122% en la última década, según los datos difundidos a partir del informe del SIPRI. Ese crecimiento refleja una tendencia sostenida, pero el dato de 2025 marca un punto de inflexión por la magnitud del incremento anual y por el impacto simbólico de entrar en el top 15 mundial.

El avance de España coincide, además, con una subida generalizada en Europa. El SIPRI señala que el gasto militar europeo creció un 14% en 2025, impulsado tanto por los países de la OTAN como por el esfuerzo bélico de Rusia y Ucrania. La invasión rusa de Ucrania sigue actuando como principal argumento político para justificar la escalada presupuestaria, pero también ha servido para consolidar un consenso cada vez más amplio en Bruselas sobre la necesidad de aumentar la inversión en defensa.

Ese consenso, sin embargo, no elimina las tensiones internas. En España, el aumento del gasto militar ha generado resistencias en sectores de la izquierda y del movimiento pacifista, que cuestionan que la seguridad se mida principalmente en términos de rearme. Frente al discurso gubernamental de la “autonomía estratégica” y la protección ante amenazas híbridas, estas voces advierten del riesgo de normalizar una carrera armamentística con consecuencias presupuestarias y geopolíticas de largo alcance.

La fotografía que deja el SIPRI es clara: España ya no aparece en la periferia del gasto militar global, sino dentro del grupo de los principales países inversores en defensa. Lo hace en un momento en el que la seguridad se ha convertido en uno de los ejes centrales de la política europea y en el que la presión de la OTAN se traduce en compromisos presupuestarios cada vez más ambiciosos.

La entrada en el top 15 supone, por tanto, mucho más que una subida en una tabla internacional. Es la confirmación de un giro estratégico: España ha decidido acelerar su rearme y situarse entre los grandes actores del gasto militar mundial. La incógnita, a partir de ahora, será si ese nuevo papel se consolida como una política de Estado o si abre una brecha política y social en torno a una pregunta de fondo: qué entiende España por seguridad y cuánto está dispuesta a pagar por ella.

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