Para muchas familias, el año empieza más en septiembre que en enero. También ocurre algo parecido en política. Con el inicio del nuevo curso, la legislatura entra en su tramo final y lo hace con una tarea clara: seguir avanzando en derechos, mejorar la vida de la ciudadanía y cumplir con los compromisos adquiridos.
El ruido político que, en ocasiones, llega a resultar incluso vergonzante no puede ocultar el esfuerzo y el trabajo de tantas y tantas personas que, cada día, trabajan para que nuestro país sea mejor.
En el Congreso de los Diputados, las y los socialistas hemos demostrado que, desde el acuerdo y el consenso, es posible avanzar. En esta legislatura se han aprobado 74 iniciativas legislativas, entre ellas medidas para equiparar los permisos de maternidad y paternidad, reforzar el sistema de dependencia, mejorar la movilidad sostenible o proteger a los profesionales que trabajan en la prevención y protección medioambiental.
Y lo hemos hecho, en demasiadas ocasiones, frente al bloqueo de la derecha y la ultraderecha. Porque hay una diferencia que conviene reivindicar: mientras algunos hacen de la confrontación su forma de hacer política, los socialistas seguimos creyendo en el diálogo, en el acuerdo y en la capacidad de entendernos con quien piensa diferente.
Todavía queda mucho por hacer. Este nuevo curso político afronta un calendario exigente, con iniciativas tan importantes como la Ley de apoyo a la docencia, la Ley de protección de menores en redes sociales, la Ley de Industria o la Ley Orgánica de Integridad Pública, conocida como ley de lobbies. Son normas que afectan directamente a nuestra convivencia, a nuestros derechos y también a la calidad de nuestra democracia.
Y precisamente de democracia deberíamos hablar más.
Este mes de septiembre hemos conocido acontecimientos que deberían preocupar a cualquier demócrata. Por un lado, el resultado electoral en Alemania, con el fuerte avance de la ultraderecha en Sajonia-Anhalt. “Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”, decía George Santayana. Europa sabe, mejor que nadie, hasta dónde puede conducir la normalización del odio, la intolerancia y los discursos que señalan al diferente.
España no es Alemania. Pero tampoco podemos pensar que estamos inmunizados frente a lo que está ocurriendo en otros países europeos. Cada vez vemos más señales que deberían hacernos reaccionar.
Hace apenas una semana, dos médicos de Oviedo, activistas LGTBI, fueron brutalmente agredidos por un grupo de jóvenes de ultraderecha. Fueron atacados por ser quienes son y por pensar diferente. No es un hecho aislado ni anecdótico. Es el resultado de un clima que algunos contribuyen a alimentar y que después termina teniendo consecuencias muy reales en la calle.
Porque las palabras importan.
Y también importan los gestos. Lo ocurrido esta semana en el Congreso, donde una diputada del PP fue expulsada del hemiciclo por introducir un spray de pimienta, un arma, resulta especialmente preocupante. Pero más preocupante aún es que parte de su bancada se levantara a aplaudirla cuando fue expulsada. Podemos discrepar y confrontar ideas, pero no deberíamos convertir la provocación y el incumplimiento de las normas de una institución como el Congreso de los Diputados en motivo de celebración. La política merece más respeto, más responsabilidad y más altura de miras.
Cuando algunos diputados y diputadas convierten el Congreso de los Diputados, la casa de la palabra, en un lugar de insultos, descalificaciones, amenazas y palabras soeces, no están simplemente elevando el tono del debate. Están contribuyendo a deteriorar el espacio público y a alimentar un clima de enfrentamiento que después puede trasladarse a la sociedad.
Nunca encontrarán en la hemeroteca del Congreso una amenaza o un insulto de la bancada socialista. Y quiero reivindicarlo. No somos iguales.
No lo somos porque creemos en la política como herramienta para solucionar problemas, no para agravarlos. Porque respetamos las instituciones y el lugar que ocupamos. Y, sobre todo, porque creemos en la democracia como la mejor herramienta de paz, de progreso y de convivencia.
Pero defender la democracia no consiste únicamente en denunciar los discursos de odio. También consiste en demostrar, con hechos, que la política sirve para mejorar la vida de las personas.
Por eso, este curso político se presenta apasionante y, sobre todo, exigente. Tenemos muchos retos por delante. Uno de ellos es seguir poniendo las bases legislativas de las políticas de vivienda para que nadie tenga que renunciar a un proyecto de vida por no poder acceder a una casa digna.
También tenemos que seguir estableciendo obligaciones para las grandes plataformas digitales y proteger a nuestros menores, para garantizar que internet no se convierta en un océano sin límites donde todo vale y donde quienes tienen menos herramientas para defenderse quedan más expuestos.
Vivimos en un tiempo en el que, demasiadas veces, la realidad parece no ser suficiente. En el que un bulo puede circular más rápido que una verdad y en el que el ruido puede terminar imponiéndose a los hechos.
Por eso, uno de los grandes retos de este curso político es recuperar el valor de la verdad. Volver a reivindicar la política útil. La que escucha, acuerda y transforma.
Los socialistas siempre estaremos del lado de la gestión, la convivencia, la verdad y la democracia.
Adriana Maldonado es Diputada Socialista por NavarraAñadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
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