Santos Cerdán dedica uno de los pasajes más personales de La caída a reconstruir sus primeros días en prisión. El exsecretario de Organización del PSOE, investigado en el marco del caso Koldo, relata su entrada en Soto del Real el 30 de junio de 2025, después de que el Tribunal Supremo acordara su ingreso en prisión provisional sin fianza por el riesgo de destrucción de pruebas. Meses después, el instructor Leopoldo Puente decretó su libertad provisional al considerar ese riesgo “seriamente mitigado”, aunque mantuvo medidas cautelares como la retirada del pasaporte, la prohibición de salir de España y comparecencias quincenales. 

En el libro, Cerdán no se limita a narrar el impacto judicial de aquella decisión. También describe el golpe íntimo de pasar de la primera línea política a una celda. “No hay preparación posible para entrar en prisión”, escribe al abrir el capítulo dedicado a su ingreso.

Del Supremo al furgón: “No entendí la decisión”

Cerdán sitúa el inicio de esa jornada en su llegada al Tribunal Supremo, donde acudió acompañado de su abogado Benet Salellas. Según su relato, llegó con la expectativa de poder explicarse ante el juez, pero afirma que pronto percibió que su margen era mínimo. “Entré a declarar con una idea clara: explicar y aclarar”, sostiene. "Me senté, coloqué las manos sobre la mesa. Levanté la mirada y empecé. Expliqué, a preguntas de mi abogado, cada detalle que aparecía en el informe de la UCO. Dije lo que sabía, lo que no reconocía, ol que no tenía sentido", añade más adelante.

La decisión de prisión provisional, asegura, le cayó como un golpe difícil de procesar. “No entendí la decisión”, afirma en el libro, donde cuestiona que se justificara una medida de esa magnitud por un supuesto riesgo de destrucción de pruebas. "No entendí cómo se podía justificar una medida de esa magnitud bajo el argumento de un posible riesgo de destrucción de pruebas, sin que nadie pudiera explicar qué pruebas eran esas ni por qué ese riesgo era real", explica. El Supremo, sin embargo, vinculó entonces la prisión preventiva a ese riesgo y a los indicios existentes en la causa; cuando meses después acordó su libertad, el instructor señaló que esos indicios se habían “robustecido”, aunque ya no bastaban por sí solos para mantener una medida cautelar excepcional. 

"Pero, al mismo tiempo, comprendí algo más. Entendí el momento. Entendí que la decisión no se explicaba solo en términos jurídicos. Se explicaba dentro de un contexto más amplio, dentro de una dinámica que iba más allá de lo estrictamente procesal. Porque cuando entiendes el momento, dejas de preguntarte solo por los argumentos. Empiezas a preguntarte por el entorno que hace posible esa decisión", continúa denunciando Cerdán.

Tras la resolución, Cerdán describe su traslado a comisaría y después a Soto del Real. Cuenta que le tomaron huellas, fotografías y que permaneció en dependencias del Supremo hasta la tarde. Después, según escribe, fue introducido en un furgón policial en condiciones de fuerte calor. “La sensación era de claustrofobia”, resume.

La celda, el módulo 13 y la versión que niega

Uno de los fragmentos más llamativos llega cuando Cerdán aborda su llegada al módulo 13. Según su relato, fue recibido por otros internos que ya sabían quién era por la televisión. Después de la primera noche en una celda de ingresos, asegura que le asignaron una celda sin acompañante.

Ahí introduce una rectificación directa a informaciones emitidas en televisión: “Durante los casi seis meses que estuve internado en prisión lo hice sin compañero en la celda”. Y añade: “Nunca tuve compañero de celda”.

Cerdán sostiene que vio entrevistas de una persona presentada como su compañero de celda y lo niega tajantemente: “Ni era mi compañero, ni estaba en ese módulo, ni me conocía”. A partir de ahí vuelve a una de las ideas centrales del libro: que, una vez fijado un relato público, la verdad pasa a ocupar un lugar secundario: "Pero daba igual. Porque cuando la historia ya está escrita, la verdad deja de ser necesaria".

Ocho minutos para hablar con la familia

El relato carcelario de Cerdán también se detiene en los detalles cotidianos. Explica que las llamadas estaban limitadas y que podía realizar 25 a la semana. La primera comunicación con su familia aparece como uno de los momentos más duros del capítulo. “Ocho minutos son suficientes para entender lo que has perdido”, escribe. "Ocho minutos para resumirlo todo, y nunca es suficiente", reflexiona.

También describe una rutina marcada por los horarios cerrados: celda, patio, comidas, recuentos y largas horas de espera. Según su versión, pasaba 16 horas al día en la celda y ocho en contacto con otros internos. En ese contexto, asegura que la primera semana necesitó desconectar “de todo el ruido mediático” por salud mental.

El exdirigente socialista afirma además que la presión informativa llegó incluso al interior de la cárcel. Cuenta que un preso le dijo que se estaban ofreciendo hasta 50.000 euros por una foto suya en prisión y que, días después, se publicaron imágenes tomadas dentro del centro penitenciario. “El acoso ya no es solo en la calle, también han conseguido hacerlo en prisión”, escribe.

La salida de Soto del Real tampoco aparece en el libro como un cierre. Cerdán relata que se enteró de su libertad por la televisión antes de recibir comunicación oficial y que abandonó la cárcel rodeado de periodistas. “La puerta de la celda se había abierto, pero la historia no había terminado”, concluye en uno de los pasajes finales del capítulo.

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