La imputación del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero en el marco del caso Plus Ultra no está exenta de polémica, siendo varias las voces que apuntan a un ejemplo de cacería y de lawfare. La actualidad política y mediática de este miércoles ha girado en torno a esta imputación, de ahí que hayan sido muchas las tertulias y los periodistas que se hayan abierto a valorar y opinar.
Es el caso del periódico digital elDiario.es, donde la opinadora María Álvarez, empresaria, cofundadora de Ephimera y de los restaurantes La Francachela, ha escrito un largo artículo de opinión de defensa al expresidente del Gobierno. Bajo el título ‘Por qué me niego a creer el auto sobre Zapatero’, Álvarez remarca una serie de ideas para sustentar su creencia en la inocencia de Zapatero.
“Como empresaria me empeño en que las personas que trabajan para mí no tengan ni horario fijo, ni obligación de acudir a un centro de trabajo, si la organización de la compañía lo permite. Confío en que harán su trabajo de la manera que estimen que es más conveniente. Mientras fui propietaria de un grupo hostelero, tampoco instalé nunca cámaras en los establecimientos, a pesar de que es una práctica muy común en el sector para evitar los robos por parte de trabajadores”, comienza exponiendo su caso particular al hablar de los mecanismos antirrobo de Mercadona, señalando después que no por eso es una empresaria “buena, sino que lo hace porque “es más rentable”.
“Desconfiar de tu propio equipo sale carísimo: exige dedicar un montón de dinero a la vigilancia, te enfrenta a tus trabajadores, instaura una cultura permanente de la sospecha y te obliga a renunciar a tus prioridades para dedicar tu tiempo (que es lo único realmente escaso) a asegurarte de que no te están engañando”, dice en el mismo sentido.
Acto seguido, pasa al caso particular de Rodríguez Zapatero: “Me acuerdo de todas estas cosas cuando escucho que Zapatero ha sido imputado por un caso de corrupción y leo las gravísimas acusaciones que se vierten contra él. Un juez afirma que ‘la investigación ha permitido identificar una trama de tráfico de influencias dirigida por José Luis Rodríguez Zapatero, que utiliza sociedades instrumentales, documentación simulada y canales financieros opacos para ejercer influencias ilícitas, ocultar el origen y destino de los fondos y obtener beneficios económicos en favor de terceros y del propio entramado’”.
“Y me niego a darle cŕedito. Elijo, sin más información que la que tenemos en este momento, confiar también en el ex-presidente”, reafirma, añadiendo que “de toda la información” de la que dispone del expresidente “apunta en la dirección contraria”, tanto de su etapa como presidente como en la actualidad: “No le he visto un gesto que me haga pensar que es el tipo de persona que se saltaría la legalidad para enriquecerse”.
“Más bien al contrario: podría estar ganando mucho más dinero del que se le acusa de haber percibido si se sentara en varios consejos de administración, o si prestara servicios para enormes gigantes corporativos, o incluso para otros estados, como hacen –legítimamente, también– otros ex-presidentes. Y no lo ha hecho”, subraya en la misma línea.
“Zapatero no es solo un político. Es, sobre todo, un símbolo de la confianza en la política. Y en los últimos 15 años, desde que eso que hemos llamado la “ola populista” se instaló en el sentido común, se ha extendido la creencia en que no eso no es posible –o no es inteligente: no se puede confiar en la política porque todos los cargos públicos, hasta los que parecen más limpios, son unos seres corruptos que solo miran por su propio interés”, sostiene también en defensa del expresidente, mencionando a su vez casos como el de Mónica Oltra.
Hablando sobre la desconfianza instaurada en los políticos y en las afirmaciones de ‘todos son iguales’, Álvarez sostiene con rotundidad: “A lo largo de la democracia, decenas de miles de personas han ocupado un cargo público. La inmensa mayoría –en la izquierda y en la derecha, en los ayuntamientos y en las diputaciones, en los ministerios y en los parlamentos– lo han hecho con honestidad y vocación de servicio público. Si uno cree en la democracia, tiene que creer también en la buena voluntad de quienes la integran. No hay otro camino”.
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