El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, ha defendido la colaboración con Marruecos como un elemento “esencial” para gestionar la crisis migratoria en Ceuta, al tiempo que ha querido marcar distancias con Rabat en uno de los asuntos más sensibles de la relación bilateral: la soberanía española sobre Ceuta y Melilla. El jefe de la diplomacia española ha asegurado que el Gobierno ha trasladado de manera “formal” su rechazo a cualquier reclamación marroquí sobre las dos ciudades autónomas.
Durante su comparecencia ante la Comisión de Exteriores del Congreso, Albares ha explicado que el Ministerio mantuvo contacto con las autoridades marroquíes desde “el primer momento” de la crisis. Según ha señalado, estos canales diplomáticos permanecieron abiertos de manera constante y permitieron abordar tanto la entrada de migrantes como las medidas necesarias para evitar que se repitieran episodios similares.
El ministro ha calificado ese diálogo con Marruecos de “indispensable” y “permanente”, y ha defendido que la cooperación bilateral permitió facilitar el retorno de buena parte de las personas que habían accedido irregularmente a Ceuta. Asimismo, ha situado esa coordinación como una de las claves para gestionar la situación de quienes permanecieron en la ciudad autónoma y para reforzar posteriormente el control fronterizo.
Cooperación para contener la presión migratoria
Albares ha explicado que España planteó a Marruecos varias peticiones concretas durante la crisis. Entre ellas, reclamó un refuerzo de los medios desplegados en el lado marroquí de la frontera, así como medidas para detener el flujo de personas que trataban de entrar irregularmente en territorio español.
El titular de Exteriores también solicitó a Rabat que aceptara el retorno de las personas que habían accedido de manera irregular a España y que aumentara la vigilancia ante posibles nuevas convocatorias de entradas masivas.
“Solicité un refuerzo de medios en el lado marroquí para detener el flujo de entrada, solicité el retorno de quienes entraban irregularmente en España y solicité la adopción de medidas de refuerzo de la frontera”, ha detallado el ministro durante su intervención parlamentaria.
Para el Gobierno, esa cooperación resulta especialmente relevante por la posición geográfica de Ceuta y Melilla y por el papel que desempeña Marruecos en el control de los movimientos migratorios hacia territorio español. La gestión de la frontera se mantiene así como uno de los principales ámbitos de cooperación entre Madrid y Rabat, pese a las discrepancias existentes en otras cuestiones de la relación bilateral.
Albares ha defendido además que la coordinación permitió actuar ante el riesgo de nuevas entradas y establecer mecanismos de prevención con vistas a futuras situaciones de presión migratoria.
Ceuta y Melilla, una línea roja para Exteriores
La voluntad de mantener la cooperación con Marruecos no implica, según ha remarcado Albares, aceptar ningún tipo de discusión sobre la soberanía de Ceuta y Melilla. El ministro ha asegurado que la posición del Gobierno español es inequívoca y que así se lo ha transmitido directamente a las autoridades marroquíes.
Sus palabras llegan después de declaraciones procedentes de Marruecos que cuestionaban la soberanía española sobre las dos ciudades autónomas. En concreto, Albares ha hecho referencia a manifestaciones del ministro marroquí de Asuntos Islámicos, Ahmed Tawfiq, en las que se aludía a la necesidad de “liberar” Ceuta y Melilla.
Ante esas afirmaciones, Exteriores trasladó su rechazo por los cauces diplomáticos. “Ni ha habido, ni hay, ni habrá algún tipo de conversación al respecto”, ha afirmado Albares, que ha insistido en que España no contempla abrir una negociación sobre la integridad territorial del país.
El ministro ha señalado que tanto él personalmente como el Ministerio de Asuntos Exteriores han rechazado “formalmente” cualquier declaración que cuestione la soberanía española. De este modo, el Gobierno trata de separar dos dimensiones de su relación con Marruecos: por un lado, la necesidad de colaboración en ámbitos como la inmigración y la seguridad fronteriza y, por otro, la defensa de la posición española sobre Ceuta y Melilla.
Una relación marcada por la cooperación y las discrepancias
Las declaraciones de Albares reflejan la complejidad de las relaciones entre España y Marruecos, dos países que mantienen importantes vínculos económicos, comerciales y de seguridad, pero que también arrastran asuntos sensibles capaces de generar tensiones diplomáticas.
En materia migratoria, Madrid considera fundamental la implicación de las autoridades marroquíes para contener las salidas y gestionar la frontera. Sin embargo, el Gobierno pretende dejar claro que esa cooperación no está vinculada a ninguna concesión sobre Ceuta y Melilla.
La comparecencia de Albares en el Congreso ha servido así para defender la actuación diplomática española durante la crisis y, al mismo tiempo, enviar un mensaje de firmeza respecto a las reivindicaciones territoriales procedentes de Marruecos.
El Ejecutivo apuesta por mantener abiertos los canales de comunicación con Rabat y reforzar la cooperación para prevenir nuevas situaciones de presión migratoria. Pero, según ha subrayado el propio ministro, la soberanía de Ceuta y Melilla permanece fuera de cualquier posible negociación bilateral.
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