Uno. Choteo en la derecha

¡Qué remoto queda hoy aquel 2014 en que los insignes periodistas andaluces de derechas Ignacio Camacho y Antonio Burgos se choteaban del pobre Juan Manuel Moreno Bonilla por haber cometido el involuntario pecado de llamarse Juan Manuel Moreno Bonilla! Bromeaba, algo cruel, Burgos en estos términos: “Mire usted: llamándose Moreno Bonilla nada más que se puede ser o árbitro de fútbol o arzobispo de Sevilla, no presidente de la Junta”. Sin embargo, ya al final de aquel artículo el propio autor lanzaba la sugerencia que unos meses después haría suya algún avispado integrante del equipo de Moreno: “Porque hay quien dice que lo de Moreno Bonilla, ni de árbitro siquiera: que es nombre de linier... Así que Juanma, como el Papa es Francisco y como Griñán es Pepe. Porque Susana es Susana”.

Dos. Un nombre de éxito

Doce años después, ni el papa es ya Francisco ni Susana es ya Susana; en cuanto a Griñán, nunca consiguió que los medios lo llamaran Pepe. No así Moreno: después de su mayoría absoluta de junio de 2022, el mayor éxito político del presidente andaluz ha sido conseguir que todo el mundo lo llame Juanma; incluso cuando los medios lo llaman con su nombre completo y sus dos apellidos, el ‘Juan Manuel Moreno Bonilla’ sigue sonando a ‘Juanma’.  Y es que del millón y medio largo de andaluces que votaron al PP en 2022, una buena porción de ellos no votó en realidad al PP: a quien de verdad votó fue a Juanma.

Tres. El hombre que no quería ser Guardiola

La socialista María Jesús Montero tendrá, pues, que competir no contra aquel señor con nombre de árbitro de Regional Preferente del que tan cruelmente se burlaba el columnismo conservador, sino contra un muchacho llamado Juanma entre cuyas habilidades se incluye la de ser el político que mejor sabe poner cara de bueno, de humilde, de moderado, de sencillo… y que todo el mundo crea que lo es. No quiere decirse, claro está, que nuestro hombre sea un taimado hipocritón o un fariseo, sino que los mimbres con que se ha construido esa personalidad pública no son tanto de orden moral como aritmético: Moreno profesa la moderación porque su mayoría absoluta le aboca a ello; si el 17 de junio necesitara a Vox para ser de nuevo presidente, el Juanma chachi piruli de hoy no dudaría en transfigurarse en una María Guardiola bis, la presidenta extremeña inicialmente superguay hasta que Vox la obligó a dejar de serlo.

Cuatro. Una buena hoja de servicios

Dado que el nombre compuesto María Jesús no admite una forma apocopada que pueda competir con garantías contra el bien asentado Juanma, los suyos habrán de buscarse las mañas para contrarrestar la imagen de bonhomía que Moreno ha venido labrándose con éxito desde aquel aciago 2 de diciembre de 2018 en que una milagrosa carambola aritmética lo catapultó al poder en una situación de extrema fragilidad que, en solo cuatro años, él logró transformar en compacta fortaleza. Mientras, María Jesús Montero tiene la ventaja de haber desempeñado con buena nota los cometidos que le han encargado: lo hizo bien como consejera de Salud (hasta que la crisis financiera dejó en los huesos la Joya de la Corona), lo hizo bien como consejera de Hacienda (hasta que Pedro Sánchez se la llevó a Madrid en 2018) y lo ha hecho bien como ministra de Hacienda y vicepresidenta.

Cinco. La conversación electoral

Está por ver, no obstante, si Montero es capaz de hacerlo igual de bien como secretaria general del PSOE andaluz, algo que solo sabremos cuando empiece a ejercer efectivamente el cargo, que habrá de simultanear con el no menos comprometido de candidata. A su favor cuenta que su antecesor Juan Espadas no dejó el listón muy alto; en su contra, que coge un partido en estado comatoso que apenas confía en sus propias fuerzas no ya para ganar sino simplemente para perder bien. Al fin y al cabo, el eje de la conversación electoral andaluza no es hoy quién ganará, ni siquiera quién perderá, pues ambas cosas se saben de antemano: ganará el PP y perderá el PSOE (los separan ¡28 escaños!). El eje de esa conversación versa sobre dos asuntos: 1) si el PP conservará su mayoría absoluta o dependerá de Vox y, en tal caso, de qué grado y alcance será dicha dependencia; y 2) si el PSOE andaluz saldrá del pozo en que se precipitó en las autonómicas del 2022 y estará en condiciones de recuperar San Telmo en 2030.

Seis. Y en eso llegó ‘Perro’

Montero tendrá que emplearse a fondo: primero para despertar a los suyos y luego para ponerlos en formación de combate y así meter un poco de miedo a sus adversarios. Las del 17 de mayo no son las elecciones de la señora Montero contra el señor Moreno, sino de las de la señora Montero contra Juanma, que intentará una campaña de perfil bajo que mantenga en la modorra a ese medio millón de votantes que en las autonómicas de 2022 se quedaron en casa, pero a quienes solo un año después Pedro Sánchez espoleó con éxito y votaron de nuevo socialista. Si los votos al PP cabe descomponerlos en 1) votos al PP más 2) votos a Juanma, con los votos al PSOE el 17-M cabrá hacer lo mismo: 1) votos al PSOE más 2) votos a ‘Perro’. El reto de los estrategas socialistas es incorporar un tercer vector: los votos a María Jesús.