Paso firme y acelerado (163 zancadas por minuto; ahí queda la cosa); arremangados hasta las axilas y con caras de pocos amigos, como detectando olores non gratos a la pituitaria, los gastadores de la Legión han sido, un año más, los más aplaudidos y vitoreados por la concurrencia patria que se concentraba en el centro de Madrid para presenciar el desfile del llamado Día de la Hispanidad, donde también ha acudido a su cita del 12-O Pablo, nombre que este año ha recibido la cabra de “Los lejías”, y que, sin ataduras y a su libre albedrío, se ha comportado como una más entre los “novios de la muerte”. ¿Y por qué el nombre de Pablo y no Pablito, ya que el cabrito que ha desfilado apenas contaba con 11 meses de edad? ¿Buscaba la tropa norteafricana con este nombre criticar, mofarse o ridiculizar a alguien con el mismo seudónimo que el cabrón (masculino de cabra, según la RAE, pero que en el argot popular y literario suele sustituirse por el nombre de macho cabrío para no herir sensibilidades y evitar dardos filológicos y semánticos desde un punto de vista sincrónico o diacrónico)? Eso sí, el atuendo de Pablo carecía del “chapiri”, del ojo y de la mano, que en honor al fundador Millán Astray suelen lucir otros años los cabrones en sus alforjas.

Pablo, mascota heredera de la gallina de Franco
No lo sabemos, porque los “novios de la muerte” no sueltan prenda y nunca aclaran la procedencia de los nombres de sus mascotas caprinas (Tizona, Manteca, Manolo, Turuta...), pero sí sabemos que en los Tercios (acuartelamientos) no sentó nada bien la propuesta que Podemos realizó el pasado año de suprimir todas las mascotas del Ejército español, haciendo suya la reivindicación de las asociaciones animalistas que buscan evitar la “utilización indigna” de los animales. Y puestos a saber, también conocemos que una gallina fue la primera mascota legionaria y que fue el entonces comandante Francisco Franco, convertido años después en un destacado dictador genocida, el que nombró cabo segundo al gallináceo para evitar que formase parte del rancho de la hambrienta tropa legionaria, que después de la gallina clueca adoptaría otras mascotas como cabras, borregos, loros, antílopes, monos o el famoso oso Magán, que los acompañó hasta el mismo día de su muerte. Y es que no hay nada más fiel que un plantígrado legionario.

Carmena se hace de “la casta”
Pero aquí no quedaron las novedades del 12-O. Hubo muchas más, como la presencia de la alcaldesa Manuela Carmena, que apostató de Podemos y se presentó al desfile cubierta con un abrigo gris pardo muy parecido a los que enfundaba la policía de Carrero Blanco y que ella corría por delante en las postrimerías del franquismo. Allí estaba la alcaldesa de Madrid, detrás de las luces del Rolls Royce de la Casa Real, junto al presidente del Gobierno, ministro de Defensa y presidenta de la Comunidad, para dar la bienvenida al Rey y dejar claro que Madrid es ciudad abierta, tolerante y plural. Al menos desde que Ahora Madrid gobierna en el Palacio de Cibeles.

Los excesos reverenciales de Tejerina
Eso sí, Carmena no dobló ni una sola vértebra para recibir a los Borbón/Ortiz. Para eso estaba la ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, cuya inclinación delantera de la parte superior del cuerpo, acompañada de genuflexión descendente de rodilla en asfalto, le tuvo que producir lesiones lumbálgicas, ya que tanto respeto y admiración sumisa no se ha había visto desde la época de Isabel Tocino. También es cierto que en el posterior besamanos, celebrado ante 1.200 invitados en el Palacio Real, alguien pudo batir el récord reverencial que, hoy por hoy, ostenta la sucesora de Arias Cañete, en clara competencia con el exministro del PP de Exteriores Josep Piqué, quien dobló hasta en tres ocasiones el espinazo cuando recibió a George Bush Jr. en el aeropuerto de Barajas.

Las ausencias de los “ex”
Desfile y besamanos que no contó con la presencia de los expresidentes del Gobierno (Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero), además de los mandatarios vasco, catalán y navarra. Y es que los desfiles del 12-O sin Zapatero ya no son lo mismo. Ya no hay abucheos, ni pitos. Ahora, los “ultranortecentroderecha” ya no tienen a quién chiflar, ya no tienen a quien pedir la dimisión, y eso que alguno se ha atrevido a increpar con la boca pequeña al líder actual del socialismo patrio, Pedro Sánchez, presente junto al resto de las autoridades políticas en los palcos de la Plaza de Neptuno, donde se han podido ver a “Los nueve” debutantes en el desfile; esto es, a los presidentes autonómicos de Extremadura (vuelve después de cuatro años), Aragón, Valencia, Murcia, La Rioja, Canarias, Baleares, Castilla-La Mancha y Cantabria (también repite). Estos dos últimos presidentes, Emiliano García-Page y Miguel Ángel Revilla, ambos con el mismo largo de manga chaquetera y con la misma corbata de lunares, si bien en el socialista eran rojos y en el regionalista azules, como no podía ser menos.

El ministro que entona el himno de la muerte
Tantas emociones juntas, tantas novedades que contar en la barra del bar del barrio, que en un arrebato de alegría sincera, y después de ver desfilar a los legionarios con el cabrón Pablo a la cabeza, el ministro de Educación y Cultura, el políglota Íñigo Méndez de Vigo, se ha venido arriba y le ha hecho los coros al Rey Felipe VI cuando el monarca cantaba el himno de la muerte tras el homenaje a los caídos. Y es que el encargado de administrar el marrón dejado por Wert ha sucumbido a esos versos que dicen: “cuando el adiós dolorido busca en la fe su esperanza…” Demasiado para un patriota que cuenta como número dos nada más y nada menos que con Marcial Marín, que no ha querido perderse su primer desfile del Día de la Hispanidad, y que con toda seguridad será el último. Un día, sin duda, gozoso.