El machismo a menudo se disfraza de preocupación, de romanticismo mal entendido o de supuesta sinceridad emocional. Y en demasiadas ocasiones, esas señales pasan desapercibidas, especialmente entre la población joven. En España, más de 6,4 millones de mujeres han sufrido algún tipo de violencia por parte de su pareja o expareja a lo largo de su vida, una cifra que desmonta cualquier intento de negacionismo y que obliga a mirar de frente una realidad estructural que sigue muy presente. Sin embargo, en los últimos años, los discursos que minimizan o relativizan la violencia de género han ganado espacio, especialmente en redes sociales y plataformas digitales frecuentadas por jóvenes.

No es casualidad. Las aplicaciones de citas, como Tinder, se han convertido en uno de los principales escenarios donde se construyen hoy las relaciones afectivas. Espacios rápidos, visuales y aparentemente inocuos en los que una frase mal elegida, un comentario posesivo o una idea sobre el control de la pareja pueden pasar por “normales” o incluso “atractivas”. Pero no lo son. Detrás de muchas de esas descripciones se esconden las llamadas red flags: señales de alerta que anticipan comportamientos tóxicos, celos, control o dinámicas desiguales que pueden derivar en situaciones de violencia.

Con esta premisa nace el experimento social impulsado por ElPlural.com, en colaboración con el Ministerio de Igualdad, que busca poner el foco precisamente ahí: en esas frases que parecen inofensivas pero no lo son. El proyecto consiste en la creación de varios perfiles falsos en Tinder con descripciones que incorporan mensajes de control, desvalorización de la independencia femenina o exigencias sobre la vida social de la pareja. A partir de esos perfiles, el equipo sale a la calle para preguntar a chicas jóvenes una cuestión aparentemente sencilla, pero cargada de fondo: ¿harías match o descartarías?

Mensajes como “busco alguien que sepa cuidarse y dejarse cuidar” o “si estamos juntos, no necesitas salir por ahí todos los fines de semana”. Frases que, a simple vista, pueden pasar por románticas o protectoras, pero que esconden una lógica de control.

La reacción no se hace esperar. Ante la insinuación de que una relación implica limitar la vida social, una de las entrevistadas responde con claridad:

Yo salgo cuando quiero.

Otra va incluso más allá cuando el perfil plantea la necesidad de saber constantemente dónde está la pareja, con quién y a qué hora:

No terminé de leer, pero no. Toxicidad cero.

El rechazo es inmediato. La idea de que el amor conlleva vigilancia o renuncia a la propia autonomía genera una respuesta firme:

Tengo mi vida y no voy a priorizarte por encima de todo lo demás.

Uno de los perfiles insiste en una de las frases más habituales en discursos machistas contemporáneos: “Busca una chica sencilla, las que van de muy independiente siempre acaban decepcionando”. La reacción vuelve a ser unánime y contundente:

Muy mala frase. Las chicas independientes no decepcionan, las chicas independientes, arriba.

El experimento continúa mostrando cómo el control se camufla bajo conceptos como la “transparencia”. Cuando uno de los perfiles afirma que no quiere “contraseñas ni cosas secretas” en la pareja, una de las jóvenes reconoce estar de acuerdo con la idea en abstracto. Sin embargo, el matiz llega inmediatamente después, cuando el mismo perfil añade: “Yo paso de chicas que tengan muchos amigos chicos”.

La respuesta es clara y desmonta el planteamiento de raíz:

No, porque tengo amigos chicos.
Es muy importante que ambos tengan amistades de ambos sexos.

De nuevo aparece la misma frase descalificadora hacia la independencia femenina, y de nuevo el rechazo es frontal. El patrón se repite: cada intento de marcar límites sobre con quién relacionarse, cómo comportarse o qué mostrar en redes sociales es identificado como una señal de alarma.

El último perfil apunta directamente al control del cuerpo y la imagen: “Prefiero chicas naturales. Si te pasas el día subiendo selfies provocativos, no conectaremos”. Una frase que busca condicionar la forma de mostrarse de la otra persona y que recibe una respuesta tajante:

No le daría match. Cada una puede subir lo que quiera.

Las entrevistas dejan una conclusión clara: muchas jóvenes identifican ya estas red flags y las rechazan sin dudar. Pero el vídeo también pone sobre la mesa una cuestión clave: estas frases siguen circulando con normalidad en entornos digitales y continúan formando parte del imaginario romántico para una parte de la población. Detectarlas a tiempo no es una cuestión menor, sino una herramienta fundamental de prevención.

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