El teatro argentino está redoblando su espacio en las salas españolas. Si bien el acento rioplatense siempre ha sonado y se ha aplaudido (con ganas) en nuestros escenarios, y algunos de sus dramaturgos parecen haber venido para quedarse (Pablo Messiez, Juan Diego Botto, Rodolfo Cortizo), en la temporada que ahora arranca, es llamativo el desembarco en nuestra cartelera de montajes con sello del país andino, en buena parte nacidos en el circuito off.

Así, este octubre se estrena en los Teatros del Canal de Madrid Escenas de la vida conyugal, protagonizado por Ricardo Darín, a las órdenes de Norma Leandro. En enero recibiremos en Matadero Madrid al director Rafael Spregelburd con La estupidez, con Alberto Castrillo Ferrer a la dirección y Fran Perea en el papel principal. Para abril, esperamos con entusiasmo a nuestro ya viejo conocido Claudio Tolcachir, también en Matadero, con el título Tierra de fuego. Y en septiembre, Corina Fiorillo nos traerá su versión El arquitecto y el emperador de Asiria, de Fernando Arrabal.

Pero centrémonos en lo más inmediato: será este fin de semana, de nuevo en los Teatros del Canal. El veterano Daniel Veronese, tótem de la escena bonarense, magistral director de actores y uno de los principales artífices de este puente teatral entablado entre su país y el nuestro, estrena Bajo Terapia. Una comedia del también argentino Matías del Federico, ganadora de un concurso convocado por varios productores de su país, que ya ha triunfado allá. En el elenco de la versión que aquí aterriza, figuran Fele Martínez, Gorka Otxoa, Carmen Ruiz, Melani Olivares y Manuela Velasco.

Hablamos con Veronese.

Es una obra que ya ha triunfado en Buenos Aires, con otro elenco pero con usted también a la dirección. Ha estado desde principios de año funcionando bien. Es el trabajo ganador de un concurso que organizaron varios productores del teatro comercial argentino entre autores de nuestro país. En Argentina, el teatro independiente está bastante separado del comercial.

Y yo creo que aquí también. Pero no es malo que exista un teatro comercial, ¿no? Por supuesto que no. Y no es un teatro fácil de hacer, como tampoco es fácil escribir best sellers. El teatro independiente es aquel que no depende de una producción, solo del director y unos actores. Es un teatro que no tiene por qué tender al consenso al que aspira el comercial, que pretende que gran cantidad de gente lo acepte, quiere contentar a todos, hacer negocio. Yo creo que el teatro, al menos a veces, tiene que tender al disenso, llevarte a lugares donde hay contradicciones. Pero no todo el mundo quiere enfrentarse a esos dilemas, es un teatro perturbador. Yo mismo, como todos, a veces no quiero ir pensar al teatro, quiero ir a liberar la cabeza. También voy al fútbol con el mismo fin. La profundidad del teatro, del arte, es una herramienta. El comercial no siempre la usa, pero también es difícil de hacer, y desde luego, no cualquier puede hacerlo. Es otra pista por la que has de correr, pero has de llegar al final de la carrera, de igual manera.

Lo malo es que el teatro independiente no siempre tiene el suficiente apoyo del público y los productores para existir… Bueno, en el caso de Bajo terapia, una obra claramente enfocada al teatro comercial, los productores, que han sido unos siete, la han apoyado porque el texto les gustó. Si no hubieran sido ellos, hubieran sido otros. El buen teatro siempre va a encontrar productores y público. También el independiente.

Usted mismo nació en la escena off. Mi génesis está ahí, y lo mejor que me ocurrió con el arte, con el teatro, ha sido en el teatro, tanto estando en la dirección como en la platea. Siento que es un prestigio haber estado ahí. En el comercial, soy un director contratado y también estoy bien, no soy ningún ratón de biblioteca. Solo que necesito volver siempre al off.

¿Ha elegido usted al elenco de la versión de Bajo Terapia que se estrena en los Teatros del Canal? Son bastante televisivos. En Argentina suele ser despectivo calificar a los actores “televisivos”. Yo a ellos no los conocía, la verdad. Confié en la producción, porque, aunque me mandaron uno vídeos con sus actuaciones, es difícil valorarlos así. Hay actores capaces de atreverse con cualquier medio, pero otros que no pueden hacer más que televisión, o teatro... Yo aquí no he sentido esa dificultad, son actores fantásticos que además dijeron que querían trabajar conmigo.

Bueno, qué actor no va a querer trabajar con usted… Bueno, pero así yo les puedo pedir lo que siempre quiero en un actor, y es el deseo del actor. Todos tenemos límites, algunas cosas que no se nos dan bien. Pero si me encuentro con gente que quiere dar un salto más allá de lo que acostumbra a hacer, de lo que está llamado a hacer, si se enfrenta a eso, lo valoro muchísimo.

Usted ha sido actor además de director y dramaturgo. ¿Es por eso que es tan buen director de actores? Bueno, mi experiencia como actor no fue tan satisfactoria como para meterla en mi currículo. Soy bicho de escena, pero como director, autor y versionador. La capacidad de estar en un escenario durante cinco días a la semana, en un tiempo prolongado, es algo que yo respeto mucho y valoro, y por eso cuido mucho a los actores. Creo que tienen que estar en las mejores condiciones. Tener miedo, porque es inevitable no tenerlo, pero también estar felices. Sin esa felicidad, que a mí no se me activaba como actor, no pueden actuar. Hay que estar también un poco loco para actuar. Una locura manejable. Aquí en España hay muchos grandes actores.

¿De verdad? Sí hay países donde sientes que no existe una tradición teatral, pero no es este caso, el de España. Creo que el actor español está buscando alguien que lo lleve hacia el lugar al que no está acostumbrado. Que lo lleves a hacer un triple mortal y lo ayudes a que salga bien. Hacer algo nuevo. Demostrar que puede pasar por lugares por donde no ha pasado.

Bajo terapia es una comedia. Usted siempre busca la comedia. Todo drama tiene humor. A mí me equilibra matizar cualquier pensamiento y reflexión con humor. Me entra de una manera más fácil, puedo expresarlo de manera mejor. Aunque no hablo de un humor que conduzca siempre a la comedia sino a un lugar donde hay relax respecto a la tensión, donde el espectador puede liberar presión para seguir cargando.

¿Qué terapia necesita el teatro actual? Si tuviese esa respuesta… Yo voy descubriendo las posibilidades del teatro cada vez que me pongo a dirigir. Me pregunto para qué lo hago. En el fondo, para mí, el teatro es, en sí mismo, una terapia. El arte, en la expresión artística, me ha salvado de muchas cosas. Me ha hecho feliz en un terreno, porque me siento una persona que funciona mucho con la creatividad, y si no tuviera este lugar donde ponerla, no sé qué haría con ella. El teatro, como las personas, es distinto para cada uno. Yo busco ofrecer preguntas, cierta luz sobre algunos temas. Pero nuca soluciones. Hago solo de una llamada de atención.. A fin de cuentas, las respuestas dependen de cada uno, y cada uno.

¿Conoce bien el teatro español? He trabajado mucho aquí, así que conozco a actores y grupos. Conozco a Animalario, Rodrigo García… Pero cuando vengo, veo poco teatro. Tengo pendiente un viaje de placer solo para ver teatro. Pero creo que la crisis hizo que el teatro español empezara a cambiara, sobre todo las condiciones del teatro. Por fin ha dejado de depender tanto de las subvenciones. Sé que es difícil, pero hay que dejar de depender de subvenciones, olvidarnos de las muletas y caminar por nuestro propio pie. El teatro no requiere de tanta infraestructura, se puede hacer sin apenas presupuesto. En Argentina, donde ahora se están haciendo grandes cosas relacionadas con el cine y las series de televisión, nunca hemos tenido ese apoyo, nos hemos acostumbrado sin él. Tenemos una relación muy amorosa con el teatro por eso. A mí me gusta que la gente venga a mi estudio, vienen estudiantes y siempre les abro las puertas.

¿Y cómo se porta el gobierno argentino? El gobierno argentino actual está haciendo cosas que nunca se han visto. Lo que pasa allá es que hay un gobierno que se mete con los grandes poderes, y a muchos no les gustará. A los poderes que manejan los medios de comunicación, por ejemplo, y por eso lo critican. Y pierden toda la credibilidad. Yo ya perdí toda la credibilidad frente a la palabra escrita. Es un gobierno revolucionario en cuestiones humanitarias, como pensiones o el apoyo a matrimonios del mismo sexo. Cosas anti sufragio, porque no esos colectivos no son tan determinantes.

¿Es más difícil dirigir una obra que no es suya? Bueno, yo todo lo que tomo lo adapto, sea quien sea el autor, y me incluyo. Lo necesito llevar a mi terreno. Respeto el teatro pero no los textos. Si tengo que cambiar palabras y escena porque no me funcionan, lo hago. Mis obras no están conclusas hasta que las trabajo con los actores. Mis actores tienen que traer la letra sabida siendo conscientes de que va a cambiar. Necesito actores conectados con la posibilidad de cambiar, de pensar que lo que vamos a hacer, nunca se ha hecho. Y si es una adaptación de un texto conocido, quiero que encontremos algo diferente de lo que se hizo hasta entonces.

Bajo terapia. Teatro Marquina, http://www.teatrosgrupomarquina.es/bajo-terapia