La Alpujarra granadina es uno de esos lugares en los que refugiarse del ruido y las aglomeraciones, y donde mantener el distanciamiento social y relacionarse con la naturaleza es una tarea sencilla. Lejos del bullicio estresante del día a día de la ciudad y a tan solo una hora de Granada capital en coche y a treinta minutos de la Costa Tropical se abre ante nosotros una comarca intensa en paisajes y atractivos serranos como su gastronomía, su flora y fauna, su cultura sembrada por fenicios y romanos y marcada con gruesas pinceladas musulmanas (ocho siglos de dominación árabe que le dieron su arquitectura, su sistema de regadíos, su cocina y hasta su nombre).

Federico García Lorca describió a la Alpujarra como  “el país de ninguna parte” y se inspiró en Lanjarón para escribir poemas del 'Romancero Gitano'

Los pueblos situados en las faldas de las imponentes montañas del Parque Nacional y Natural de Sierra Nevada cuentan con un encanto propio que maravillan a cualquiera. Buena prueba de ello se refleja en cómo estas tierras marcaron a autores como Pedro Antonio de Alarcón, quien les dedicó el primer libro de viajes en lengua castellana, ‘La Alpujarra: Sesenta leguas a caballo precedidas de seis en diligencia’; o a Federico García Lorca, que describió esta comarca como “el país de ninguna parte” en una carta (1921) dirigida a Melchor Fernández Almagro. El escritor británico Gerald Brenan también cantó las excelencias de este entorno en ‘Al sur de Granada’. Literatura a parte, la Alpujarra granadina también ha acogido a artistas, geólogos, escritores, aristócratas, músicos… de todos los rincones del mundo, como el escritor y exbateria del grupo musical británico Genesis, Chris Stewart, quien se mudó a Órgiva, en donde escribió ‘Entre limones’. Lo cierto es que muchos buscan en estos pueblos un remanso de paz entre montañas, e, incluso, otros lugares únicos en los que inspirarse.

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Dicen que la Alpujarra ejerce sobre el visitante una especie de hechizo que invita a quedarse. Antes de comenzar este viaje, si es de los que se marea en el coche tómese una pastilla que evite las posibles molestias de sus serpenteantes carreteras de montaña (da igual por qué lugar comience el ascenso si por Lanjarón o por los pueblos que pegan a la Costa Tropical como La Rábita y llevan a la parte de La Contraviesa), y prepárese para disfrutar de las vistas que esta zona pone a sus pies.

La Alpujarra ofrece al visitante lugares casi vírgenes para recorrer, fiestas peculiares, una contundente gastronomía serrana y un gran patrimonio humano

Naturaleza en estado puro, aire limpio, agua por doquier, el silencio de los valles y la riqueza de su cultura y tradiciones, de herencia musulmana, esta tierra ofrece al visitante lugares casi vírgenes para recorrer, fiestas peculiares, una contundente gastronomía serrana y un gran patrimonio humano, el de sus gentes, que acogen al visitante boquiabierto con la particular cultura desarrollada en estas laderas a lo largo de los siglos y que aún hoy se mantiene viva.  

El barranco de Poqueira es uno de los principales atractivos turísticos de La Alpujarra

El otoño tiñe de colores el barranco de Poqueira y resulta una época ideal para practicar el senderismo

El Valle del Poqueira o los pueblos del barranco

La Alpujarra granadina es de esos lugares en los que uno se planta ante él y se plantea: ¿cómo llegó la civilización hasta aquí? Cómo el humano consiguió adaptarse a las condiciones impuestas por la geografía y fue capaz de crear un paisaje que estremece en la lejanía, cuando se observan esos pueblos aferrados a las laderas de las montañas, mientras en la cercanía se disfruta de como el agua trascurre por sus acequias, incorporadas a las callejuelas por las que su relajante sonido impregna de armonía el paseo. Ese agua que baja del deshielo de las cumbres de Sierra Nevada y que acompaña al visitante en cualquier rincón de esta bella comarca que aprovecha hasta la última gota de este preciado líquido.

El agua del deshielo de las cumbres de Sierra Nevada acompaña al visitante en cualquier rincón de esta bella comarca de La Alpujarra

No solo sorprende la arquitectura heredada de los pueblos bereberes que poblaron esta zona tras la conquista musulmana de la Península Ibérica, allá por el siglo VIII, sino que también lo hacen los cultivos que convierten las laderas de estos pueblos en jardines donde florece la vid, el almendro y los frutales y donde se aventa el cereal.

Laberintos de callejuelas blancas esperan al visitante en los pueblos de La Alpujarra, como este rincón típico en Capileira
Laberintos de callejuelas blancas esperan al visitante en los pueblos blancos de La Alpujarra. En la imagen vemos un rincón típico en la localidad de Capileira
 

El barranco del río Poqueira es uno de los principales destinos, con los pueblos de Pampaneira, Bubión y Capileira

Este paisaje se descubre tras pasar la villa de Lanjarón, famosa por su balneario y aguas mineromedicinales, que además fue un lugar inspirador para el propio Federico García Lorca del que salieron varios poemas del Romancero Gitano. En el camino ascendente hacia el pico más alto de esta comarca, ubicado en Trevélez, se divisa el barranco del río Poqueira, uno de los principales destinos turísticos de la Alpujarra, compuesto por los pueblos de Pampaneira, Bubión y Capileira, que fascinan al visitante por la estampa que dibuja la arquitectura singular de sus callejuelas irregulares bañadas con casas blancas integradas de forma armónica en el paisaje, con tejados planos cubiertos con launa –una arena arcillosa impermeable– y con chimeneas tocadas con graciosos sombrerillos. Muchas de sus calles están porticadas con los curiosos tinaos alpujarreños, soportales que cubren la calle y unen dos casas, y cuya finalidad no era otra que ser un abrigo para el mal tiempo y proporcionar una fresca sombra para descansar en verano.

Jarapas hechas a mano en Pampaneira, donde el auge del turismo ha provocado un renacer de la artesanía

Jarapas hechas a mano en Pampaneira, donde el auge del turismo ha provocado un renacer de la artesanía

Cuando el viajero asciende hasta una altitud de 1.058 metros sobre el nivel del mar se encuentra con Pampaneira, el primero de los pueblos alpujarreños de este camino, y el más turístico de los tres municipios de este valle, donde el auge del turismo ha conllevado un renacer de la artesanía. Aquí el visitante puede encontrar muchas tiendas, talleres artesanos de mantas y coloridas jarapas tejidas con lanas, restaurantes y alojamientos rurales.

En la Plaza de la Libertad, 1, se encuentra una de las empresas más arraigadas en la zona en materia de gastronomía. Se trata de la fábrica de chocolates de la Abuela Ili, que lleva más de dos décadas elaborando dulces de cacao en la Alpujarra y endulzando los paladares de los vecinos y turistas. Este chocolate artesano brota del sentimiento de añoranza de Lidia Postigo, emigrante de la Patagonia (Argentina) en la Alpujarra. “Ella trajo sus conocimientos de aquel lugar donde hubo mucha inmigración suiza con tradiciones chocolateras muy arraigadas hasta aquí”, comenta Verónica Rodríguez, empleada de Abuela Ili.

Lo que comenzó como un negocio artesano que Lidia elaboraba en la cocina de su casa y vendía por los pueblos, tras su fallecimiento y en su honor, es en la actualidad una tienda que lleva su nombre (Ili diminutivo de Lidia) en Pampaneira dirigida por su hijo, Mauricio Riera. “Comenzaron con el chocolate de higos secos con almendra y chocolate en rama y ahora contamos con más de 100 variedades de chocolates, bombones y turrones. También tenemos frutas confitadas, limón y naranja bañadas con chocolate negro”, enumera Rodríguez. “Y estamos en continuo proceso de creación, experimentamos con sabores que nos van surgiendo”, añade. Este establecimiento está abierto los 365 días del año de 11:00 a 14:00 y de 15:00 a 18:00 horas, en puentes y festivos amplían el horario, por lo que es una buena parada para llevarse un dulce recuerdo de un lugar como este.

Pampaneira es el más turístico de los tres municipios de este valle, donde el auge del turismo ha conllevado un renacer de la artesanía

El auge del turismo en Pampaneira ha conllevado un renacer de la artesanía

Las fuentes de Pampaneira también merecen mención, algunas de ellas con aguas mineromedicinales, y otras, como la fuente de San Antonio, con ‘poderes’ casamenteros. Cerca está también la oficina de Interpretación del Parque Nacional y Natural de Sierra Nevada, donde existen paneles explicativos de la zona y se pueden recibir consejos para realizar rutas y paseos por la Alpujarra.

Bubión, que forma parte del movimiento Cittaslow, promueve un turismo slow, sostenible y responsable

Bubión es uno de los pueblos más queridos por el turismo slow, sostenible y responsable, de hecho forma parte del movimiento internacional Cittaslow, una red de localidades del mundo que basan su filosofía en dicho movimiento, que se transmite tanto en la forma de alimentación como en un modo de vida alejado del estrés y las prisas. Aquí se puede visitar el Museo de la Casa Alpujarreña (Plaza de la Iglesia, 1), un espacio en el que descubrir cómo son estos hogares centenarios y cómo se vivía en la zona. También en esta localidad está el Taller Artesano Hilacar, donde se puede ver como se confeccionan las famosas alfombras –tapices, pies de cama o cortinas– alpujarreñas de muchos y divertidos colores. En la Alpujarra también se trabaja la cerámica, la madera, el cuero y el esparto, la mimbre y cestería.

Por último, Capileira, el pueblo más alto del barranco y del que parten muchas de las rutas de senderismo, cuenta también con el  Museo de Artes y Costumbres populares Pedro Antonio de Alarcón (Calle Mentidero, s/n) y que ocupa un antiguo caserón del pueblo y guarda multitud de objetos que ayudan a comprender la cultura del lugar.  

Fuente Agria (Pórtugos)

El manantial de Fuente Agria, a las afueras de Pórtugos, es un bello paraje natural que el visitante no debería perderse. El atractivo de este lugar conocido como El Chorreón, es el descenso por unas escaleras de madera hasta los pies de una imponente cascada excavada en la roca, con el paso de los siglos, y teñida de rojo por las aguas ferruginosas, con propiedades curativas, que rompen en una profunda cavidad circular cubierta de árboles centenarios. Es un entorno idílico donde además de probar el agrio sabor de esta agua, el visitante puede llevarse un bonito recuerdo de naturaleza viva de la Alpujarra granadina.

 La brujería y todo tipo de experiencias mágicas nos esperan en Soportújar, la localidad más espiritual de La Alpujarra

Esta localidad podría considerarse la más espiritual de la zona por diversos motivos. Nada más entrar al municipio la cabeza gigante de una bruja con la mirada en blanco da la bienvenida al visitante, que realiza la primera parada obligada para llevarse un supersticioso recuerdo. Soportújar ha basado su atractivo turístico en una experiencia mágica vinculada con su pasado y la repoblación cristiana tras la expulsión de los moriscos, que trajo hasta esta localidad a personas provenientes de Galicia, donde el mito de las meigas (brujas) estaba muy arraigado. Así, para atraer al visitante, Soportújar ofrece una ruta de la brujería, que comienza en la Cueva del Ojo de la Bruja, en las afueras de la localidad; y con numerosas esculturas y símbolos que hacen alusión a todo este tipo de cultura oscura, que incluso cuenta con un centro de interpretación.

En la plaza central, junto a la iglesia, el visitante también puede descubrir una placa tras la que se encuentra emparedada la ‘cápsula del tiempo Embrujo de Soportújar’. Allí las familias del municipio guardaron en 2015 una serie de objetos, para que estos viajen en el tiempo y los habitantes de dentro de 50 años (2065) los descubran tras un silencioso viaje a través de un decalustro.

Por último, en Soportújar se ubica el Centro de Retiro Budista de Meditación O Sel Ling, del que es posible visitar algunas partes por libre durante todo el día o de forma guiada en los horarios de visita en invierno de 16:00 a 18:00 horas (octubre a mayo). Se encuentra a unos 20 minutos en coche por una carretera de tierra.

Alpujarra de la Sierra, un paseo entre castaños

Poca gente pasa más allá de Trevélez –muy conocido por sus jamones y por ser uno de los pueblos más altos de España (1.476 metros)-, ya que algunos señalan que esta parte de la Alpujarra es menos interesante turísticamente, pero no es así. Casi colindando con la alpujarra almeriense se encuentran lugares auténticos como Válor, Mecina Bombarón y Yegen, este último conocido por ser el lugar que eligió el escritor Gerald Brenan para aislarse del mundo, leer y vivir.

 

Trevélez, situado a 1.476 metros, es uno de los pueblos más altos de España

Trevélez, situado a 1.476 metros, es uno de los pueblos más altos de España

 

En Mecina Bombarón se pueden realizar rutas por senderos de castaños centenarios en los que para abrazar su tronco quizá se necesiten hasta seis personas. Estos paseos al aire libre son perfectos para entrar en contacto con la naturaleza en estado puro, incluso en otoño puede ser un plan perfecto para recolectar castañas. En los recorridos será fácil encontrar acequias morunas, bancales y castaños apadrinados por cientos de personas. Una iniciativa que pretende proteger estos árboles con más de 100 años de vida.

 

La Fuente Agria y El Chorrerón de Pórtugos son unos de los lugares más visitados de la Alpujarra

La Fuente Agria y El Chorrerón de Pórtugos son unos de los lugares más visitados de la Alpujarra

 

Alpujarra Alta, alojamiento y gastronomía

Dejamos atrás Mecina Bombarón y nos dirigimos a Bérchules, otro de los pueblos de la Alpujarra Alta y muy conocido por celebrar la Nochevieja en agosto desde 1994, donde haremos una parada obligada en Alcútar. En el camino que une ambos pueblos se encuentra la fuente de las Carmelas que, al igual que la de San Antonio en Pampaneira, cuenta la leyenda que toda persona soltera que beba de sus aguas encuentra pareja en poco tiempo.

Tras esa pequeña parada llegamos al complejo El Cercado Turismo Rural y Spa. Un establecimiento de 14 Apartamentos Turísticos de 3 llaves con la arquitectura típica de la casa rural de La Alpujarra, que lleva quince años en funcionamiento. “Se trata de apartamentos individuales, de 2 y 4 plazas, de una sola planta”, explica Salvador Rodríguez, propietario del establecimiento, que subraya que cuenta con “grandes espacios que permiten y facilitan un distanciamiento social tan demandado en estos tiempos”. También tiene spa y se realizan tratamientos corporales como envolturas o diferentes masajes como el lomi lomi hawaiano. Es más, indica Rodríguez que “el spa se puede reservar por horas y hacer un uso privado de él si el cliente así lo desea”.

Abrasador es el restaurante que ofrece El Cercado, bastante conocido en la zona por su cocina típica alpujarreña con una carta en la que no faltan las migas, el puchero de hinojos o el plato alpujarreño. Pero por lo que realmente es admirado es por las carnes a la brasa de ternera y cerdo ibérico que aquí se cocinan. “Nuestras recetas se elaboran con productos naturales y contamos con aceites de la zona, vinos de La Contraviesa y quesos de Cástaras”, relata Rodríguez.

 

El jamón de Trevélez es uno de los grandes atractivos gastronómicos de la Alpujarra

El jamón de Trevélez es uno de los grandes atractivos gastronómicos de la Alpujarra, donde la climatología y el aire de la sierra constituye un lugar ideal para obtener sabrosos jamones

 

Gastronomía, el jamón con IGP de Trevélez

Este viaje termina en Juviles y con el bocado del mejor sabor de esta comarca, el del jamón. Más en concreto el de Jamones de Juviles, a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar lo que garantiza un proceso idóneo de curación natural. Esta es una de las siete empresas adscritas a la Indicación Geográfica Protegida (IGP) de Trevélez, los jamones que salen de aquí "son de alta calidad, sin aditivos ni conservantes, por lo que necesitan un mínimo de curación de 16 meses hasta tres o cuatro años y el tiempo justo de sal para cada pieza", asegura José Fernández, la cuarta generación al frente de esta empresa que inició su bisabuelo José Fernández Lara.

La zona con clima frío y seco brinda a este manjar alpujarreño un sabor dulce que adquiere de la flora del lugar.  Fernández indica que por las noches abren las ventanas del secadero para que entre el frío y por las mañanas las cierran para un mejor cuidado.

El secadero de la empresa Jamones de Juviles es precisamente uno de los más grandes en producción de la zona, la materia prima llega de toda España y cuenta con sistemas de producción modernos. Su distribución hace tiempo que traspasó las fronteras alpujarreñas y se coló en los hogares granadinos, en restaurantes y charcuterías locales, nacionales e internacionales, porque esta delicia serrana se extiende poco a poco por el mundo: "Comercializamos nuestros jamones por muchos países entre ellos Japón, Canadá, Europa y pronto podremos exportar a Brasil y Cuba", apunta. El secadero se puede visitar y sus jamones se pueden comprar también desde su tienda online o presencialmente.

En las alturas de esta tierra, con un buen bocado de jamón, uno de los principales ingredientes que integran el contundente Plato Alpujarreño, especialidad principal de la gastronomía local, junto con el lomo, el chorizo, la morcilla, los huevos fritos y las papas 'a lo pobre'; acompañado de una copa de uno de los magníficos vinos  –tintos, blancos e incluso espumosos–  de La Contraviesa (Alpujarra Baja con peculiares pueblos como Lújar, Sorvilán y Albondón entre otros)  termina este viaje.