En plena España vaciada, entre montañas silenciosas y paisajes que parecen detenidos en el tiempo, existe un pequeño pueblo capaz de sorprender incluso a los viajeros más curiosos. Se llama Valdelavilla, situado en la provincia de Soria, y ha pasado de estar completamente abandonado a convertirse en uno de los destinos rurales más singulares del país.

Su fama llegó gracias a la televisión, pero su historia va mucho más allá de la ficción. Y es que este lugar esconde una curiosidad única en España: durante varios meses al año, hablar español está prohibido y el inglés se convierte en el único idioma permitido en todo el pueblo.

Muchos espectadores descubrieron este enclave gracias a la serie El Pueblo, la popular comedia creada por Alberto Caballero, también responsable del éxito televisivo La que se avecina. En la serie, un grupo de urbanitas decide abandonar la ciudad para comenzar una nueva vida en la aldea ficticia de Peñafría. Sin embargo, este curioso rincón soriano posee una historia real que poco tiene que envidiar a la que conocemos en la pantalla.

De pueblo abandonado a escenario televisivo

Situado en la comarca de Tierras Altas, a unos 50 kilómetros de la ciudad de Soria, Valdelavilla quedó deshabitado en la década de 1960, cuando sus últimos vecinos emigraron en busca de nuevas oportunidades laborales. Como ocurrió con muchos pueblos rurales españoles, sus casas quedaron vacías y el silencio se adueñó del lugar durante décadas.

El destino del pueblo cambió gracias a un proyecto impulsado por Caja Rural, que rehabilitó las antiguas viviendas de piedra y madera para transformarlas en un complejo de turismo rural. Inicialmente, el espacio se destinó a actividades empresariales y programas de team building, aunque pronto encontró una identidad mucho más original.

En 2018, la productora de El Pueblo descubrió el enclave y decidió alquilarlo íntegramente para el rodaje de la serie. El estreno en 2019 supuso un auténtico fenómeno inesperado: las calles vacías comenzaron a llenarse de cámaras, actores y equipos técnicos, y Valdelavilla pasó de ser un lugar prácticamente desconocido a convertirse en un icono televisivo nacional.

Un plató natural que enamora a los visitantes

Desde entonces, el flujo de turistas no ha dejado de crecer. Cada fin de semana, decenas de visitantes —muchos de ellos familias con niños y adolescentes— llegan hasta esta pequeña aldea soriana para recorrer los escenarios que aparecen en la serie.

Los fans buscan reconocer lugares emblemáticos como la plaza central, el huerto comunitario, el pozo, las ruinas que en la ficción son el único punto con cobertura o las viviendas de los personajes interpretados por Santi Millán, María Hervás, Carlos Areces, Ingrid Rubio y Raúl Fernández.

Lo que más sorprende a quienes llegan por primera vez es que el pueblo mantiene intacto su aspecto rural auténtico. No existen decorados permanentes ni artificios: el encanto reside precisamente en su naturalidad. Pasear por Valdelavilla es sentir que uno entra directamente en el universo de la serie.

El único pueblo donde hablar español está prohibido

Pero la televisión no es el único motivo por el que Valdelavilla resulta especial. Durante gran parte del año ocurre algo verdaderamente insólito: el español prácticamente desaparece del pueblo.

Aquí se desarrolla desde hace más de una década el programa educativo Pueblo Inglés, una experiencia de inmersión lingüística intensiva que convierte la localidad en un pequeño rincón británico en plena Castilla y León. Durante aproximadamente seis meses al año, el inglés es el único idioma permitido.

La dinámica es sencilla pero exigente. Durante ocho días, los participantes conviven con angloparlantes procedentes de distintos países y deben comunicarse exclusivamente en inglés desde que se levantan hasta que se acuestan. No se trata solo de asistir a clases, sino de vivir completamente en otro idioma.

Las conversaciones durante las comidas, los paseos, las actividades o incluso los momentos de descanso se realizan únicamente en inglés. Hablar español está terminantemente prohibido y la norma se cumple con rigor. El objetivo es claro: perder el miedo a hablar y lograr una mejora real en la fluidez lingüística.

Gracias a esta iniciativa, Valdelavilla se ha convertido en un caso único en España, un lugar donde todo un pueblo cambia de idioma durante parte del año.

Un símbolo de la España rural que resiste

Más allá de la televisión o los cursos de idiomas, Valdelavilla representa algo más profundo: la capacidad de reinventarse. Con apenas dos docenas de casas restauradas, el pueblo se ha convertido en uno de los ejemplos más llamativos de revitalización dentro de la España vaciada.

El entorno natural que lo rodea es otro de sus grandes atractivos. Los visitantes encuentran aquí tranquilidad absoluta, aire puro y paisajes abiertos ideales para desconectar del ritmo urbano. Las rutas de senderismo permiten descubrir antiguos caminos trashumantes, recorridos etnográficos y zonas donde incluso pueden observarse huellas de dinosaurios, conocidas como rutas icnitas.

La experiencia se completa con la gastronomía soriana, basada en productos locales y recetas tradicionales que reflejan la identidad del territorio. Muchos viajeros aprovechan la visita para alojarse en casas rurales cercanas, en localidades como Villar del Río, San Pedro Manrique o Fuentes de Magaña, ampliando así su recorrido por la comarca.

Además, Valdelavilla celebró el año pasaso la consolidación del proyecto de turismo rural que comenzó en la década de los años 90 en este antiguo despoblado de Tierras Altas. Un desarrollo que, según destacó el presidente de Caja Rural, Carlos Martínez, ha sido posible gracias al esfuerzo colectivo, la colaboración y la apuesta por revitalizar el medio rural.

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